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LLUVIA - Relato 28

LLUVIA

No creía haber aparcado tan lejos. Anoche volviendo a mi casa y pensando en ella no se me había hecho el camino tan largo.
Una vez dentro intento arrancar el motor, los cristales están empañados, y las marcas del trapo con el que el día anterior intentamos limpiar vaho y lagrimas, siguen presentes, marcas que me indican que aunque hoy es otro día, algo ha pasado, que no fue un sueño, y que nuestras sinceridades se quedaron plasmadas en algo mas que nuestras conciencias.
Me cuesta arrancar el coche, segundo intento y nada, la noche ha sido muy fría y el motor apenas da señales de vida.
Me quedo quieto sujetando con firmeza y con ambas manos el volante, y la veo a ella llorando en el asiento del copiloto, lamentando que un día me conoció, pues ahora cambiaria todo eso por seguir esperando a alguien mejor. Y yo la digo lo que pienso, que es poco y además sin sentido, estoy como bloqueado, apenas puedo defenderme de sus acusaciones, que, entre otras cosas son ciertas.
Y después silencio, y mi pensamiento confuso pide disculpas, y exijo de mi cerebro una respuesta lógica que expliquen mis aptitudes, mis palabras, mis actos, pero no encuentro consuelo y llueve, llueve fuera y dentro de mi, no entiendo muchas cosas, pero si que a mi lado la mujer que amo esta llorando sin consuelo, y los cristales empañados, y la lluvia que tamborilea el coche en medio de una oscura calle.

La Carta - Pensamiento 11

Como los escritores noveles no tenemos muchas ayudas, os trascribo el literal de una carta que la Agencia "Guillermo Shavelzon & Asociados" te dará a ti también si decides enviarles tu manuscrito.
Para que os ahorréis la tarea de enviar el manuscrito, ser rechazados, y recibir el PDF, aquí lo muestro en su integridad.
Ayudar, ayudar, lo que se dice ayudar, no sé si lo hará, pero bueno, aquí la dejo.

Un abrazo.



A los escritores y escritoras que buscan agente literario o editor:

En nuestra agencia –una agencia literaria pequeña— recibimos cada día seis o siete solicitudes
de representación. Nuestro trabajo es representar escritores, por lo que recibir esta cantidad de
propuestas es lo mejor que nos puede suceder. Pero como se podrá comprender, no tenemos
ninguna posibilidad de leer cinco o seis manuscritos por día, además de cumplir con todo el
trabajo cotidiano para los escritores que representamos. Algo similar, pero magnificado, sucede
en las editoriales: es tal la cantidad de propuestas y manuscritos que reciben, que no pueden ni
siquiera considerarlos.
Muchos escritores no saben cómo contactar a un agente o a un editor de una manera
conveniente. Por ello, nos permitimos enviarle algunas consideraciones y sugerencias sobre
cómo presentar propuestas a una agencia o a una editorial. Creemos que –con las
particularidades de cada escritor-, conocerlas es fundamental.
Enviamos esta carta con la intención de ofrecer la poca ayuda que nos es posible dar. La
experiencia es que el 95% de la gente nos agradece el envío, y un 5% nos responde con
irritación y molestia por nuestra posición. Esta carta, que es sólo una opinión entre muchas más,
y la enviamos con la mejor intención.
Cordialmente,
La Agencia


Hay escritores que están convencidos de haber sido rechazados, en más de una editorial, sin que su obra haya sido leída. Y es cierto. Las editoriales rechazan –muchas veces sin mirar— la gran mayoría de los materiales que reciben, y esto se debe a la enorme cantidad de manuscritos que les llegan cada día, sin que el autor se haya tomado el trabajo de preparar la información de una manera conveniente para que la puedan considerar.
Muchas de las desagradables experiencias de rechazo, son en buena parte consecuencia de no saber cómo presentar un proyecto o un manuscrito a una editorial. El encontrar un agente o un editor, que a veces resulta tan difícil, es algo que se puede resolver escribiendo. Nuestra propia experiencia de más de 35 años en el mundo del libro, nos muestra que las formas más efectivas para lograrlo, son todas por escrito.


Sabiendo cómo vender un proyecto o un manuscrito, las posibilidades de llegar a un contrato y ser publicado aumentan notablemente. Es importante saber utilizar los procedimientos habituales en el mundo internacional de la edición, para presentar una propuesta editorial.
Es habitual creer que sin una recomendación personal no se consigue nada. Y no suele ser así; es más, la “recomendación personal” es un recurso del que se abusa tanto, que los editores no lo toman muy en cuenta.


Los editores están siempre sobrecargados de trabajo. Cuando un escritor que quiere publicar consigue una entrevista personal con un editor gracias a una recomendación, se está produciendo a sí mismo un daño. Porque el editor lo recibirá por compromiso con quien lo recomendó, y el escritor desaprovechará esa oportunidad hablando de algo que el otro no conoce ni tiene interés en escuchar. Al final le dejará un manuscrito que –en la mayoría de los casos—, irá a parar a una pila de descarte. En el mejor de los casos, le será devuelto unas cuantas semanas después con una carta más o menos amable de rechazo.

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Por qué resulta difícil publicar


No es complicado entender por qué es difícil y frustrante la búsqueda de una editorial cuando está mal hecha. Una editorial grande, del mundo hispano hablante, recibe más de mil nuevas propuestas de edición por año (seis por cada día de trabajo). Son enviadas espontáneamente por escritores a quienes nadie se las solicitó, por editoriales extranjeras, y por agentes literarios de todo el mundo. De esas 1.000, la editorial contratará 20 o 30, ya que el resto de los libros que publica son obras que los editores han encargado, que vienen por contrataciones internacionales de la casa matriz, o son nuevas obras de autores que ya publican en la casa.
Cuando la prestigiosa editorial norteamericana Doubleday decidió, hace varios años, no aceptar más manuscritos que no sean de los autores de la casa o que provengan de agentes literarios reconocidos, estaba recibiendo 10.000 manuscritos no solicitados al año: 45 por cada día de trabajo.
Recibir, leer, evaluar y eventualmente devolver cinco o seis propuestas diarias, requiere del trabajo de dos o tres editores de tiempo completo. Hoy ninguna editorial está en condiciones de asumir esta tarea.
Cuando alguien lo hace en los momentos libres, suele ser quien recién comienza, justamente la persona menos preparada para este tipo de evaluación.

“Los editores suelen estar sobrecargados de trabajo. Reciben durante todo el día numerosas
llamadas telefónicas de autores y agentes, de los departamentos de publicidad, marketing y
producción de su empresa; asisten a reuniones en las que toman decisiones sobre cubiertas,
nuevas adquisiciones, programas de producción; entrevistan, contratan y despiden ayudantes;
negocian con la dirección la adquisición de aquellos libros que desean publicar, presupuestos de
promoción para esos libros, y aumentos de salarios y ascensos para ellos mismos. El resultado de
todo esto es que buena parte de su trabajo de edición y, habitualmente, casi todo su trabajo de
lectura queda relegado a las noches y los fines de semana, que nunca son suficientes, sobre todo
si tenemos en cuenta la gran avalancha de manuscritos que continuamente se acumulan sobre
ellos. Tienen que dedicar la mayor parte del tiempo a proyectos ya contratados, a libros en los que su empresa ha invertido ya una suma considerable de esfuerzo y dinero, una inversión que tiene que ser alimentada y protegida por los editores, que se esfuerzan por ayudar al autor a conseguir que el libro sea presentado en condiciones óptimas. Todo eso deja al editor muy poco tiempo o fuerzas para dedicarlo a un autor nuevo, a menos que lo que ese autor le presente sea realmente maravilloso”


Albert Zuckerman, Cómo escribir un best seller.

Una propuesta por escrito, bien hecha, tiene muchas más posibilidades de lograr aceptación, y de llegar a un contrato de edición. “La Propuesta” o “La Propuesta Editorial” (“Editorial Proposal”, en la jerga internacional de la edición), es como se denomina lo que el escritor envía al posible agente o editor, para interesarlo por un manuscrito o un proyecto. La Propuesta consta de una serie de informaciones clave sobre el autor, la obra y el público al que va dirigida, que no tienen que ocupar demasiadas páginas, y cuya elaboración no es ningún desafío para quien fue capaz de escribir un libro entero.

La presentación

La presentación a una agencia literaria o a una editorial, consta de dos etapas:

1. La Carta de Presentación
2. La Propuesta Editorial

La Carta de Presentación es una primera comunicación escrita, de una página como máximo,
presentándose usted y su libro o proyecto de libro, en la que se pregunta al agente o al editor si tiene interés en recibir una Propuesta más amplia.
La Carta de Presentación ahorra muchísimo tiempo, frustraciones y dinero. Si un agente o una editorial no responde a la misma, usted se habrá ahorrado hacer una copia completa del manuscrito y los gastos de correos, ya que de enviarlo tampoco hubiera recibido atención.

La Carta de Presentación
El principal desafío es cómo llamar la atención de agentes o editores que están sobre-demandados, faltos de tiempo, y que reciben una gran cantidad de propuestas, además de la suya.

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Si bien no hay una receta que garantice el éxito, la experiencia muestra qué conviene hacer y qué no.
Lory Perkins, una exitosa agente de Nueva York, hace algunas sugerencias muy concretas para escribir una Carta de Presentación:


· Nunca envíe una carta de presentación de más de una página. Doscientas cincuenta palabras
tienen que ser suficientes para presentarse a usted mismo y a su libro. Llevo vendidos más de
2.000 libros y nunca envié a un editor una carta de más de una página. Si me sale más extensa,
la reescribo.
· Busque provocar una clara y sencilla primera impresión. Escriba lo imprescindible.
· No envíe cartas manuscritas, que dificultan la lectura. Escriba con una tipografía legible, en
cuerpo 10 a 12, ni menor ni mayor, sin adornos ni colores, son todos gestos de aficionado que
no impresionan a ningún editor.
· No intente ser original o gracioso, a menos que esté ofreciendo un libro de humor, y esto sea
parte de su presentación. Usted está buscando una relación profesional, no un intercambio entre
amigos.
· No le diga al agente o al editor a quien ni siquiera conoce, cuánto lo respeta o lo admira. Los
elogios injustificados no ayudan con los profesionales serios.
· No olvide agregar sus datos completos: nombre, dirección, teléfono, e-mail y horarios para
recibir llamadas. Se sorprendería del número de escritores que olvidan incluir sus datos en las
cartas, y es imposible responderles.
La Carta de Presentación para una obra de ficción y una de no-ficción, no difieren demasiado. Por lo general, las de no-ficción deben ofrecer más información sobre el autor, ya que sus antecedentes suelen ser definitivos para lograr la contratación.
Cuando un agente o un autor presentan una novela a un editor, cuando el editor la presenta a sus
comités editoriales y cuando la editorial la presenta a los libreros, cuanto más sintética es la
presentación, mejor.


Peter Rubin, agente literario, dice que la mejor sinopsis de una novela es una larga frase, porque
muestra que ambos, -el autor y la novela-, están bien enfocados. Y agrega contundente: “si un
escritor es incapaz de describir su novela en una frase, probablemente a ese libro le falte bastante trabajo.”


En síntesis:

Nunca envíe manuscritos. Comience enviando una Carta de Presentación a quien le interese como agente
o editor. Tenga preparada La Propuesta para enviarla de inmediato, si se la solicitan. Si le responden que no interesa, o no le responden en una a dos semanas, siga enviando la Carta de Presentación a todos los agentes o editores que usted piense que se pueden interesar. Si prefiere enviar a varios agentes y/o editores al mismo tiempo, indique claramente en la carta que está haciendo un envío simultáneo a varios.


La Carta de Presentación debe contener:

1. Destinatario con nombre y apellido correcto.
2. Una breve presentación del autor (datos significativos como escritor, no su historia personal).
3. Un párrafo de descripción del tema o argumento.
4. Alguna mención del público al que el libro está dirigido (nunca ponga “para todo público”, porque eso no existe, y el editor creerá que usted no piensa en los lectores).
5. Alguna estimación sobre “el mercado”. (“Hay 5.000 estudiantes de cine en España”, o “la novela tal sobre un tema similar vendió treinta mil ejemplares en México”, etc.).
6. Información determinante para la promoción del libro (“tengo una cátedra de 1.500 alumnos”, o “escribo diariamente en varios diarios del interior”)
7. Su nombre, dirección, teléfono y e-mail. Si no tiene correo electrónico, es hora de tenerlo, saque uno gratuito. Un escritor que no usa esta tecnología será considerado como alguien extraño en una editorial.


La Propuesta Editorial consta de:

1. Autor y título del libro.
2. Una sinopsis argumental de la novela (2 a 3 páginas) o del libro que usted quiere escribir si es de no-ficción (muchas veces estos libros se escriben cuando ya hay un editor interesado). Este texto tiene que dar un panorama general de su obra.
3. El índice, en especial si se trata de un libro de no-ficción.
4. Una muestra de escritura: uno o dos capítulos, no más de 15 páginas en total.
5. Información relevante sobre usted y su obra anterior, si ya ha publicado. En este caso, conviene agregar un ejemplar.
6. Libros comparables. Muestre que conoce lo que ya se ha publicado y que tenga algo similar al
que usted propone, y explique por qué su libro es diferente. (1 página).
7. Información “de mercado” (1 página). Esto se refiere a quiénes serán los compradores de su
libro. Si se trata de un libro de no-ficción, en Internet se puede obtener muchísima información
(por ejemplo cuántos periodistas hay en el país, el número de miembros de cualquier
organización profesional, cuánta gente viaja por año a Brasil, etc.) Si se trata de una novela,
describa a qué tipo de lector se dirige, quiénes son, qué otros libros leen, etc.
8. Información útil para promoción (uno o dos párrafos); por ejemplo sus contactos en los medios
si los tiene, o el número de alumnos, o las organizaciones o grupos a que está vinculado, tanto
en el país como en el exterior.
9. Prensa: si usted ha tenido notas de prensa, críticas o entrevistas publicadas, agregue cuatro o
cinco, no más. Elija las más representativas. Una crítica moderada de un gran diario puede valer
mucho más que un elogio de un medio menor.

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Un abrazo.

Sobre los Agentes literarios - Pensamiento 10

Una pregunta ronda desde hace días por mi cabeza: ¿Por qué los Agentes Literarios no contestan mis correos?
La figura del Agente Literario es muy común en América no tanto en Europa, aunque de un tiempo a esta parte se está poniendo en práctica, tanto que ya parece casi imposible publicar en una gran editorial si no tienes un Agente que te mueva las obras.
Hace días (más de dos meses) me puse en contacto con muchos Agentes Literarios. La gran mayoría trabaja de la siguiente manera: Contactas con ellos (email o teléfono), después te piden una muestra de la novela en cuestión diciéndote que se pondrán en contacto contigo en unos días.
Envié una muestra de mi última novela a más de sesenta Agentes Literarios, no he obtenido respuesta de ninguno.
Pienso: ¿Tan mala es mi obra? ¿Tan poco comercial? Al margen de la respuesta a estas preguntas, lo que realmente me preocupa, y todo hay que decirlo me exaspera, es porque motivo no pueden contestar a ese email y decir: “Mira no nos interesa” o cualquier gilipollez.
¿Tanto trabajo tienen para no escribir una miserable línea denegando su patrocinio?
Es tremendo, indignante, rastrero, prepotente, y desagradable el método de trabajo que tiene esta gente. ¿Se creen Dioses? Dirán: No pierdo ni un segundo en ti.
Y es que cuando envías una muestra de tu obra, lo lógico es esperar una respuesta, pero los días pasan y el envío casi se convierte en un sueño, una anécdota, algo que, en realidad parece que no ha pasado si no fuera porque cuando miro mis mensajes enviados aparecen allí, como riéndose de mí. Esos mensajes se descojonan en mi cara, me escupen en el ojo, y me dicen:
“Tío no fue un sueño. Enviaste esos mensajes pero pasan de ti. Eres un mal escritor”
Y yo me cago en su puta madre.

Un abrazo.

Estrenamos nueva imagen y Logotipo en Bodega de Recuerdos

Hoy estrenamos nueva imagen y un nuevo Logotipo para el Blog.
Se trata de una marca que identificará de ahora en adelante este espacio y todos mis escritos.A ver si saco algo de tiempo y creo una web en condiciones, que sea más dinámica que un Blog, y podáis descargar mis escritos en vuestro ordenador, para enviarlos, imprimirlos, etc.
Pero eso será cuando tenga algo de tiempo.
Espero que os guste la nueva imagen de la Bodega.

Un abrazo.

Sobre los negros literarios - Pensamiento 9

Existen unas personas que se denominan “Negros literarios”. Son personas que se dedican a escribir, lo hacen por encargo. Esto está bien si los encargos que recibieran fueran las leyes del BOE o algo parecido. Al parecer esta gente se dedica a recibir encargos de novelas de ficción, sí, sí, así es. Se anuncian en el Segundamano y en los foros de escritores. Es decir, se te ocurre una idea, y tu vas a estos llamados “Negros literarios” y se la cuentas, ellos te dicen un precio y te escriben la novela. ¡Increíble!Es lo más triste que he escuchado en años. Si existieran, cosa que todavía yo no la tengo muy clara, sería algo patético. Estarían banalizando el arte.Escribir es un arte, como puede ser la pintura, la escultura, el cine, escribir no es poner cuatro párrafos con sentido, es algo más.Ni que decir tiene que los “Negros literarios” no figuran en la portada del libro. Solo escriben la novela y se la entregan a quien tuvo la idea, previo pago, claro.No sé, se me hace difícil creer en ellos. Cómo se puede mercantilizar tanto una actividad que a todas luces es un arte.

Alguien en el Super - PENSAMIENTO 8

El pensamiento rápido del día, el primero y el último, pues dentro de pocas horas empezaremos todos a beber y a disfrutar, y volveremos en sí el día 2 de enero del año que viene.
¿Os habéis parado a pensar que putadón es encontrarse con alguien conocido en un Hipermercado? Sí, el Carrefour, el Alcampo, Super Sol, alguna gran superficie de estas.
Es un marrón increíble, al principio te encuentras con él/ella, te paras a saludarle:
-¿Qué tal menganito?
-pues muy bien fulanito
-me alegro verte, ¿Qué haces por aquí?
-pues aquí a comprar algo, oye y tu mujer que tal
-pues bien, en casa, es que está con la gripe
-bueno, pues nada, a ver si nos vemos algún día –dice fulanito sin saber que se arrepentirá de esta frase minutos más tarde.
-venga hasta otro día –dice menganito, sin saber tampoco que se arrepentirá de esta frase también minutos más tarde.

Bien pues cada uno tira por su lado, y claro minutos más tarde en el pasillo de las conservas ¡TACHAN! Aparece menganito:
-venga hasta luego, hasta otro día –dice fulanito
-hasta luego amiguete –dice menganito
Han pasado algunos minutos, el carro está casi lleno o medio vacío, depende de otros factores que algún día analizaremos, vas a comprar unas cervezas y algún que otro refresco y ¡TACHAN! Vuelve a aparecer en nuestra vida menganito, caminando detrás de su carro con paso ceremonioso.
Aquí ya estás un poco confundido, ¿le saludo? ¿Le hago un gesto con la mano? ¿Me hago el loco y hago como si no le hubiera visto? Mientras que por nuestra cabeza rondan este tipo de preguntas, paralelamente, con el otro lado del cerebro (que sí que de verdad que podemos usarlo) estamos pensando una nueva frase que decirle: antes le he dicho “venga hasta luego, hasta otro día” ahora que le digo “venga que o no nos vemos nunca o nos vemos todos los días” vaya gilipollez, piensas para tus adentros, tampoco lo ves todos los días, en este caso es cada minuto, pero tampoco puedo decirle eso pues quedaría un poco ofensivo, en fin que al final de tanto pensar no has pensado nada y entonces cuando pasas por el lado de menganito le haces un gesto con la mano, le miras y le haces un gesto con la mano, no pasa nada, piensas, es una gran superficie, estamos los dos aquí y tenemos que cruzarnos, pero con el otro lado del cerebro estás pensando: “por favor porque no termina de hacer la compra, si lleva el carro lleno”
Y pasan los minutos, tu ya estás deseando irte porque sabes que en cualquier momento puede aparecer menganito y ya si que no sabría uno que hacer, esa psicosis va creciendo, y cada dos por tres giras con violencia la cabeza para ver si ves a menganito a tiempo y puedes esquivarlo de alguna manera, metiéndote en otro pasillo o yo que sé, el estado de tensión es muy grande ¡Porque no te apetece saludar más a menganito joder! No es tan complicado de entender.
-cariño quieres que cojamos estas croquetas o estas otras
-no sé, las que tú quieras –dice fulanito mientras observa nervioso los alrededores de los congelados.
-pero dime alguna marca, algunas que te gusten
-me da igual –la voz suena como si le estuvieran clavando alfileres en las uñas
No quieres contar a tu esposa que no quiere saludar a menganito y el cabreo que ya tienes es monumental, porque estás con la psicosis de no encontrarte con menganito y con la presión de tu mujer obligándote a decir que croquetas te gustan más.
Es imposible no puedes pensar mientras intentas escaparte de un saludo, que por otra parte es inevitable, pues al cabo de unos minutos menganito, su paso ceremonioso y su carro a rebosar, se cruza en el pasillo de la frutería.
Él, allí a lo lejos, en el comienzo del pasillo, yo al final, sé que me voy a cruzar con él, en ese momento me gustaría tener unas pistolas en las cartucheras y que él me desafiase para ser el más rápido y disparar, así sería la única situación de evitar el saludo. Pero eso no pasa, los dos caminamos y nos cruzamos. Ya ha llegado un punto que te sientes ridículo diciendo alguna frase graciosa o un hasta luego, entonces simplemente esbozas una gran sonrisa y haces un movimiento con la mano.
El tiempo en estas situaciones se detiene, como en la película de Matrix, lo que cinematográficamente se denomina “Tiempo bala”, no me preguntéis porque, he querido dármelas de entendido en cine, pero no tengo ni puta idea de porque a los movimientos lentos de la película de Matrix se le denomina “Tiempo bala”, como iba diciendo el tiempo se congela, no pasa, pero llega un momento que aunque al tiempo le pese, la compra ha finalizado.
En la cola de la caja pareces estar a salvo, ¡Pero no! Menganito está en la cola contigua a la tuya; aquí, ya es de locos, una autentica estupidez de la vida humana, ¡Pero quien coño ha puesto a menganito en este Súper! Eso lo piensas no lo dices porque menganito está muy cerca, en la fila de al lado, te demoras pero no te queda otra, de repente como por impulso haces una especie de gesto tímido, ya sin ningún tipo de sonrisa para saludar a menganito.
Solamente te libras de ese saludo cuando llegas a casa, porque no esperéis que se acabe cuando salgas del Súper, no, menganito irá donde tu vayas todo el puto día, a tomar una caña, a pasear al perro, a la bolera, a la tienda de deportes.
En fin que es un autentico coñazo encontrase con alguien conocido haciendo la compra, parece puesto ahí por el destino, al principio te da alegría encontrarte con él/ella, pero luego es como Bill Murray en el Día de la Marmota, una autentica pesadilla.

¡Feliz año nuevo 2009!

Sobre mi escritura de nuevo - Pensamiento 7

Soy escritor, nadie me va a discutir eso, aunque no haya publicado nada soy escritor, y punto.
Me intriga saber que piensan realmente mis seres queridos de mi actividad, ¿Entenderán porque paso más de cuatro horas diarias escribiendo?
Cada día me siento en el ordenador y empiezo a teclear, mi mujer me observa de vez en cuando, ella mira la tele o hace cosas por casa, y aguanta que la ignore durante el tiempo que dura mi estado de catarsis, porque así debe parecer que estoy, en una catarsis espacio-temporal, no hablo, no escucho, no hago ruido, bueno a decir verdad algo de ruido sí que hago, el repiqueteo de las teclas es constante. El día que mi mujer no oiga las teclas del ordenador sabrá que he muerto, pues el ruido de las teclas es como mi respiración, armónico, acompasado, a veces apasionado.
Ahora estoy escribiendo una novela, llevo 140 páginas, comencé a escribirla con mucha ilusión, pero a medida que voy llenando hojas con palabras y horas, voy perdiendo la fe, es raro, a medida que voy avanzando en la trama, más me deprimo, pues lo que al principio era un argumento estupendo, cada día pierde fuelle, y cada día pienso que estoy malgastando mi tiempo, sin embargo que otra cosa puedo hacer si no escribo.
Literariamente hablando soy mediocre, pero no me importa, escribo por el simple placer de escribir. ¡Claro que me gustaría publicar todo lo que escribo! Entiendo que eso sería un reconocimiento a las horas que paso practicando esta actividad, pero el sólo hecho de juntar palabras ya me crea una satisfacción que nada en este mundo me da.
Bueno que solo quería escribir algo que no fuera ficción, llevo tres horas escribiendo la vida de alguien que no conozco y me apetecía escribir sobre mí.

Un abrazo.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 14 - CAPITULO FINAL -

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 14


De madrugada Sandra despertó a Carlos.

-Carlos, tengo que decirte algo
-Dime
-Tienes razón – dijo Sandra.
-¿Qué quieres decir?
-“ Esperanzados “ no es una asociación de personas con enfermedades venéreas

Carlos se destapó y se sentó sobre la cama. Era la primera vez que veía a Sandra tan seria.

-En realidad es una empresa con muy malos fines. Al principio cuando entras no sabes nada,
luego depende de cómo te vean te incluyen en nomina o no. Un juego de asesinos.
-¿Qué estas queriéndome decir? – preguntó Carlos.
-Todos los socios pagan su cuota al mes, pero ese dinero es el botín, el premio – dijo Sandra.
-¿pero de que hablas? – el tono de Carlos era elevado.
-El juego consiste en contagiar el v.i.h, se hace un computo y quien mas “victimas” consiga gana,
es sencillo, son asesinos Carlos, asesinos que matan con el virus mas perfecto que existe –

Sandra comenzó a llorar.
Carlos se acercó a ella y la abrazó.

-ya vale, no llores Sandra, ¿desde cuando lo sabes?
-Desde hace mucho tiempo, lo descubrí e incluso yo participé – Sandra cogió su bolso, saco su
cartera y de ella su carné de la asociación -. Mira aquí, ves que pone “Rango: sentí”, Rango es la
categoría que tienes, como en el ejercito, “sentí” es la categoría mas baja, significa que no has
contagiado el v.i.h a nadie. Estuve un par de meses jugando, tuve la oportunidad de ascender de
rango en mas de una ocasión pero no pude. No soy una asesina – Sandra volvió a llorar.

-Bueno no te preocupes, tumbate en la cama conmigo

Los dos se tumbaron en la cama. Carlos estaba confundido y triste. No tenia rabia, tampoco ira contra nadie, pero se sentía mal, muy mal. Durmieron juntos esa noche.


Carlos iba a celebrar su cumpleaños. Vendrían Roy y Luis, también había invitado a Claudia pero esta dijo que no podía, “tengo que cenar con mis padres, es su aniversario” puso como excusa. Sandra también estaría.
Cenaron en casa de Carlos, Sandra preparó una cena y Carlos unos postres, todo estaba listo. Roy fue el primero en llegar. La velada fue amena, pero la tristeza se palpaba a cada segundo.

-joder macho, esto de cumplir años es jodido cuando llegas a cierta edad – dijo Luis.
-Yo firmaría por cumplir muchos mas, Luis – dijo Carlos, después salió de la cocina.

Todos hablaban durante la cena pero Carlos estaba ausente.

-¿Carlos te pasa algo? – le preguntó Roy.

Después de algunos segundos Carlos reaccionó.

-¿eh?, no, no, estoy bien – dijo sin mirarle.

Sandra contaba una anécdota graciosa, en ese instante Carlos se levantó de la mesa.

-chicos ahora vengo, se me olvidó comprar algo para el postre – dijo, después se fue de la casa dejando a todos sorprendidos.

La noche era calida, los pasos de Carlos eran rápidos. Sabia lo que tenía que hacer y lo haría enseguida. Caminó por algunas calles hasta llegar a la Comisaría de la Policía Nacional.

-quería poner una denuncia – dijo Carlos al funcionario de recepción.
-Al fondo a la izquierda – le indicó.

Carlos aquella noche no durmió en casa, estuvo toda la noche en comisaría. Llegó a casa por la mañana, se encontró con la mesa puesta, tal y como la dejó la noche anterior cuando se había ido. Pasó a la habitación, Sandra dormía. Se desnudó y se metió en la cama. Sandra se despertó pero no le dijo nada, se dio la vuelta e intentó dormirse de nuevo.

-lo siento – dijo Carlos.
-No sientas nada, duérmete – Sandra estaba furiosa.
-¿no quieres saber de donde vengo?
-No, tu no me lo dijiste cuando te marchaste, ¿Por qué iba a querer saberlo ahora?
-No sé – dijo Carlos.
-déjame Carlos, quiero dormir

A los dos días Carlos recibió una llamada, era la Policía.

-lo sentimos Don Carlos – dijo el agente con voz seria -. Ayer se hizo un registro de la dirección social de la asociación “ Esperanzados “ y no se han encontrado pruebas que nos hagan sospechar todo lo que usted nos dijo hace unos días
-no puede ser, ¿no pueden hacer nada? – preguntó Carlos.
-No, no tenemos pruebas, la carta que usted nos enseño no significa nada, la pudo escribir usted
mismo, no demuestra nada
-Esta bien, gracias por todo – Carlos colgó el teléfono.

Carlos apenas tenia ánimos de emprender ninguna investigación por su cuenta, le dolió no poder hacer nada contra la gente que le había contagiado el virus. Se moría por fuera y por dentro, sintió una enorme impotencia.

Cuando Sandra llegó a casa se encontró a Carlos tumbado en el sillón.

-hola – dijo Carlos.
-Hola, ¿Qué tal te encuentras? – Sandra se acercó a el y le dio un beso en la mejilla -. ¿Qué tienes
en el cuello? – pregunto Sandra
-No sé, lo he visto esta mañana, me escuece
déjame ver – dijo Sandra -. Es un salpullido, deberías ir al medico
-No, estoy harto – Carlos hizo una pausa -. ¿para que seguir viviendo Sandra?

Sandra le miro a los ojos, después le besó.

-Te quiero, ¿no te vale con eso? – dijo Sandra
-Ojalá lo que siento por ti pudiera aliviar mi dolor – Carlos empezó a llorar sin querer -. Me duele
el alma, la enfermedad no es lo peor, lo peor es sentir que no puedes hacer nada, nos creemos
los mejores, los amos del mundo y resulta que un simple virus te mata. Mi neumonía va en
aumento, apenas si puedo respirar
-Es lo de menos Carlos, ¡tienes que luchar!
-¡no puedo!, ¡no te das cuenta de que ya no soy nada! – Carlos lloraba con amargura, se abrazó a
Sandra.
-Te quiero, te quiero tanto – Sandra sollozaba junto a el.

Los dos se calmaron pasados unos minutos. Sandra le limpió las últimas lágrimas de la cara a Carlos.

-hoy me ha llamado la Policía – dijo Carlos.
-¿y que te han dicho?
-No pueden hacer nada contra la asociación, necesitan pruebas
-Hijos de puta – exclamó Sandra.

Los días pasaban rápidos. La neumonía hizo que Carlos se sintiera cada vez peor, también le detectaron Sarcoma de Kaposi, una de las llagas estaba corrompiéndole el pulmón. Solo habían pasado dos semanas desde su cumpleaños, pero ya no podía levantarse de la cama. Vomitaba constantemente y las diarreas eran continuas. Le ingresaron en el hospital una mañana de lunes. Su cuerpo era flácido, su cara demacrada y huesuda, había perdido treinta kilos, no tenia apenas fuerza para hablar.
El hospital se convirtió en la casa de Sandra, de Roy, de Claudia, por supuesto de sus padres, y hasta de Luis. Todos permanecían largas horas con el, a su lado. Los médicos ya les habían advertido que su situación era muy grave.
Era por la tarde, Sandra salió de la habitación para desayunar. Había pasado toda la noche hablando con Carlos. Bajó en el ascensor camino de la cafetería, una sensación de alegría recorrió todo su cuerpo, Carlos por primera vez en mucho tiempo le había dado síntomas de recuperación. Incluso le vio esperanzado.
"Cuando salga de aquí nos casaremos, y compraremos un perro, o un gato, ¿a ti que te gustan mas los perros o los gatos?" – había dicho Carlos a Sandra la noche anterior.
Desayunó tan rápido como pudo, no quería pasar ni un segundo separada de Carlos.
Cuando entró en la habitación la madre de Carlos sollozaba sobre su cuerpo. Una doctora trataba de consolarla. Sandra se abalanzó sobre Carlos, pero se dio cuenta de que se había marchado. Besó su mejilla.

-un perro Carlos, prefiero un perro – le dijo llorando al oído, después salió de la habitación.

En el hospital aquella mañana solo estaba Sandra y su madre.


A Sandra le costaba mucho olvidarse de Carlos, los últimos días había sido su vida. No fue al entierro, le quería demasiado como para sufrir de ese modo. Roy lloró como nunca lo había hecho en el funeral. Claudia vio el acto desde atrás, desde lejos, no quería ver a Roy. Fue rápido y doloroso, como cualquier muerte. Nadie podía creerse lo que había pasado, pero pasó.


Sandra se levantó temprano. Fue a la Policía. El mismo funcionario que días antes había hablado con Carlos la atendió.

-dígame señorita en que puedo ayudarla – el agente encendió un cigarrillo.
-¿Recuerda a un joven que hace apenas un mes estuvo aquí? – dijo Sandra.
-¿Qué joven? – el Policía estaba confuso, dio otra calada al cigarrillo, después lo apagó.
-Vino a denunciar a una asociación, que se dedicaba a contagiar el virus del sida
-¡ah!, si, si, menudo loco – dijo riendo -. Menuda película se montó, digna de una película de
hollywood
-murió hace dos días, de sida y murió de sida por que la asociación a la que pertenezco le contagió
el v.i.h – dijo Sandra con frialdad.
-¿Qué esta usted diciendo? – el policía se puso serio.
-Yo contagie el v.i.h a ese joven, puede mirar su ficha de defunción, murió hace dos días, yo le
contagie el virus, se lo he contagiado a veintisiete personas mas, y como yo, mas miembros de
mi asociación siembran la muerte cada día, ¿quiere mas pruebas?, acuéstese conmigo, estoy
caliente – Sandra se acercó al Policía y le empezó a besar.
-¡aléjese de mi!, ¡ayuda! – al momento entraron dos policías que redujeron a Sandra, después la esposaron.

El inspector jefe no tardó mucho en llegar. Lo primero que hizo fue ordenar una analítica de Sandra para comprobar que era seropositiva. Después todo cayó por su propio peso, en dos semanas todos los miembros de la asociación fueron detenidos.


Claudia no podía dormir, pensaba en todo lo que había sucedido. Se sentía sola, lo echaba de menos. No podía dejar de pensar en sus brazos, en sus besos. Inevitablemente y sin saber por que, él estaba en su pensamiento desde hacia días. Cogió el teléfono y marcó su número.

-dígame- contestó con voz dormida.
-¿Roy?, hola, ¿Qué tal? – dijo Claudia.
-¿Claudia?, bien, estoy bien, ¿y tú?
-Bien, solo quería decirte que te echaba de menos

Esas palabras espabilaron a Roy, se incorporó en la cama.

-yo también – dijo Roy.
-¿quieres que nos veamos mañana para tomar un café? – preguntó Claudia.
-¿mañana?, si, esta bien – Roy sonrió.
-Vale, pues a las seis en la boca de metro de Plaza España
-allí estaré, hasta mañana Claudia
-Hasta mañana Roy, un beso.

Después de colgar el teléfono Claudia no tardó mucho en dormirse. Y tuvo un sueño, un sueño encantador, un sueño solitario que solo pudo tener aquella noche.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 13

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 13

Hacía días que Carlos tenía una tos seca, tosía a todas horas. Por la noche, le costaba respirar más de lo normal. Sandra oyó como respiraba y le despertó.

-Carlos, despierta – dijo Sandra dándole golpecitos en la espalda.
-Dime – contestó dándose la vuelta.
-¿por qué no puedes respirar?
-No sé, ¿para eso me despiertas?, ¿tú que quieres, a que aspiras? – gritó Carlos, después se levantó y salió de la habitación.

Sandra no supo que hacer. Dejo pasar algún tiempo para ver si Carlos regresaba a la cama, pero no lo hizo. Ella fue a buscarle.
Estaba sentado en la cocina, se estaba comiendo un yogur.

-lo siento, siento haberte despertado – dijo Sandra desde la puerta.
-No te preocupes, yo siento haberte gritado
-¿por qué no vas mañana al medico? – dijo Sandra con cierta preocupación.
-No quiero ir al medico, todo va según lo previsto, voy una vez cada quince días, y mañana no me
toca ir al medico, todo esta bien – Carlos terminó de comerse el yogur, lo tiró a la basura -. ¿Te
parece que visito pocas veces al medico?, ¿quieres que vaya mas a menudo?, ¿te parece poco
que le vea una vez cada dos semanas?
-No te enfades cariño – Sandra se acercó a Carlos y le abrazó -. Me preocupo por ti, creo que esa
tos que tienes últimamente no es nada buena.

Carlos empezó a toser con fuerza, apartó con un pequeño empujón a Sandra, se echó las manos a la boca, tosía cada vez con más fuerza. Cuando terminó miro sus manos, estaban llenas de sangre.

-¡por dios Carlos!, ¡eso es sangre! – dijo Sandra, después salió de la cocina sollozando.

Carlos fue al baño, se lavó las manos y se enjuagó la boca, después se fue a la cama. Cuando llegó vio que Sandra estaba llorando contra la almohada. Carlos se sentó junto a ella y la acarició el pelo.

-mañana iré al medico, le comentare lo de la tos, no te preocupes amor – dijo Carlos.

Después se tumbaron en la cama, se abrazaron y durmieron.


Roy no pudo creer lo que estaba viendo y de repente se entristeció. Carlos caminaba hacia él, habían quedado para tomar café. Hacia algunos días que no se veían, le impactó su aspecto.
Se sentaron en una terraza, el verano estaba cerca, era una buena tarde de domingo.

-¿qué tal? – dijo Roy -. No te veo bien amigo, ¿cómo vas con la enfermedad?
-Solo voy – dijo Carlos, después tosió con fuerza.
-cuéntame, ¿qué síntomas tienes? – preguntó Roy.
-pues todos los que hay – Carlos esbozó una pequeña sonrisa -. Pero no estoy preocupado,
¿sabes?, el ser humano es extraño, se que me voy a morir, pero no estoy preocupado, me he
mentalizado de tal manera que incluso hay días en los que soy feliz, junto a Sandra, si no fuera
por ella – Carlos suspiró.
-¿y tus padres?, ¿lo saben ya? – el camarero vino, pidieron dos cafés.
-Sí, sí lo saben, creen que estoy bien, les veía a menudo, pero hace dos semanas que no se nada
de ellos, no quiero que me vean, estos últimos quince días mi aspecto ha empeorado mucho. Los
efectos secundarios de las pastillas y las deformaciones en el cuello, sin contar con las marcas en
la cara, estoy hecho una mierda

Roy no sabia que decir, no podía creer que estuviese hablando de ese tema con su mejor amigo. Se moría y eso le apenaba, era una situación surrealista. Dentro de algún tiempo la persona que tenia delante no estaría con el, se iría, para siempre. Se sentía fatal, intentó cambiar de conversación varias veces, pero inevitablemente el dialogo derivaba hacia el mismo tema.
hace dos días que me han detectado neumonía, por eso no respiro bien, ahora tengo que llevar pañuelos siempre, algunas veces toso y me sale sangre por la boca – Carlos terminó su café.

-No quiero seguir hablando de esto Carlos – dijo Roy con tristeza -. Dentro de poco será tu
cumpleaños, ¿lo celebraras, verdad?
-Si claro, por supuesto

Se despidieron como si fuera la última vez que se verían las caras. Se abrazaron durante algunos minutos.

Carlos llegó a casa, Sandra le esperaba, le besó nada mas entrar. Los dos se fueron excitando. Se empezaron a desnudar, de repente Carlos se desmayó.

-¡Carlos, Carlos, despierta! – gritó Sandra.

La ambulancia no tardó en llegar. Llevaron a Carlos al hospital, Sandra fue con el. Estuvo inconsciente todo el camino.
Los padres de Carlos no tardaron en llegar, cuando lo hicieron preguntaron por su hijo en recepción, la señorita les indicó donde tenían que dirigirse. Llegaron a una sala de espera, allí estaba Sandra.

-hola – dijo el hombre.
-¿Ustedes son los padres de Carlos? – dijo Sandra.
-Si – dijo la madre -. ¿usted le conoce?
-Si, soy su novia, me llamo Sandra – acto seguido Sandra pensó que no era necesario una
presentación en un momento como aquel.
-Encantada, yo soy Rosa – dijo la madre de Carlos.
-Yo soy Carmelo, soy el padre de Carlos, ¿dónde esta? – no terminó de hacer la pregunta cuando
el doctor se dirigió a los tres.
-Buenas noches a todos, están ustedes por el paciente Carlos Sánchez, ¿verdad?
-Si – dijo Carmelo, Rosa y Sandra asintieron con la cabeza.
-El estado de Carlos Sánchez es estable, solo ha sufrido un desmayo, una crisis de ansiedad, pero
su estado no es grave, esta noche permanecerá en observación, mañana con casi total seguridad
le daremos el alta medica, pueden pasar a verle

Rosa empezó a llorar. Sandra la abrazó y después Carmelo abrazo a su vez a las dos, los tres lloraron. Pasaron algunos minutos hasta que se tranquilizaron. Caminaron despacio, Carmelo abrazado a Rosa, y Sandra detrás de ellos. Entraron a la habitación.
Carlos estaba tumbado, con los ojos cerrados, cuando oyó entrar a alguien los abrió. Tenia una mascarilla que le daba oxigeno, también en uno de sus brazos tenia una cinta adhesiva con un algodón. Por lo demás su aspecto era bueno.

-¿cómo estas hijo? – preguntó Carmelo, Rosa y Sandra quedaron detrás de el.
-Bien, no sabia que hacer, y me dije: “voy a pasar una noche familiar en el hospital” – Carlos
sonrió, cogió la mano de su padre, con la otra mano se quitó la mascarilla y la besó.
Mama, ¿qué tal estas?, ya habéis conocido a Sandra, una mala ocasión, pero bueno
-Te dejamos descansar, estaremos fuera por si necesitas algo – dijo Carmelo.
-No de ninguna manera, iros a casa, yo ya estoy bien – dijo Carlos.
-Si, yo me quedaré con el, dormiré en esta silla, a su lado, podéis iros tranquilos, si sucede algo os
llamaré – dijo Sandra.

Los padres de Carlos insistieron en quedarse, pero al final Sandra los convenció y se marcharon. Sandra se quedó a dormir con el, aunque durmieron poco, hablaron mucho. Carlos empezó a pensar donde celebraría su cumpleaños, lo habló con Sandra, a esta le pareció una idea estupenda celebrarlo. Hablaron de cosas importantes y cosas sin importancia.
Por la mañana el doctor entró en la habitación despertándolos.

-Buenos días chicos
-Hola doctor – dijo Carlos, se había quitado la mascarilla.
-Tienes buen aspecto Carlos – dijo el doctor, mientras le tomaba el pulso -. Ya tenemos los
resultados de tu análisis, te vemos estable, pero no queremos dejarte marchar todavía, así que
te quedaras aquí por lo menos hoy, ¿vale? – el tono de voz del doctor era agradable.
-¿tengo algo malo? – preguntó Carlos.
-No, lo único que queremos observarte, nada mas, si tuvieras algo malo te lo diría, ya eres
mayorcito para jugar a esas cosas, solo es para observar, además te viene bien dormir con
oxigeno, ¿esta noche dormiste mejor a que si? – el doctor tomaba notas en un cuaderno al pie
de la cama de Carlos.
-Si, claro – respondió Carlos.
-Pues nada, puedes llamar a tus amigos para que vengan a visitarte – el doctor sonrió -. Vendré
a verte a media tarde, pórtate bien – el doctor le guiñó un ojo, después salió de la habitación.
pórtate bien, pórtate bien, este tío es gilipollas, ¿has visto que forma tiene de hablarme?, ni que
fuera un subnormal – dijo Carlos a Sandra, estaba cabreado.
-Tranquilo Carlos – Sandra sonrió y le besó -. ¿Quieres que vaya a comprarte algunas revistas?
-No, no quiero leer nada, pero, ¿me haces un favor?
-Si, claro, ¿cuál? – preguntó Sandra.
-Llama a Roy, dile que estoy en el hospital, a ver si puede venir a verme, y a Claudia, también,
dile lo que ha pasado, exagéralo un poquito, ¿vale?, dame mi cartera

Sandra fue a por el pantalón de Carlos, sacó su cartera y se la dio.

-toma estos son sus teléfonos, no te conocen, diles que eres mi novia
-esta bien, pero, ¿por qué? – Sandra estaba confusa.
-¿por qué?, ¿qué?, me apetece que vengan a verme, ¡joder!

Sandra llamó a los dos. Roy dijo que pediría el día libre e iría enseguida. Claudia dijo que cuando saliera de trabajar iba para allá.

A medio día Roy entró en la habitación, allí se encontró a Sandra sentada en una silla viendo la tele y a Carlos leyendo una revista.

-¿Qué pasa tío? – dijo Roy dándole un pequeño golpecito en la pierna.
-Pues nada, ya ves, aquí estamos – Carlos se incorporó en la cama.
-Hola – dijo mirando a Sandra.
-No os he presentado, Roy ella es Sandra se podría decir que es mi novia – dijo guiñándole un
ojo.

Roy dio dos besos a Sandra.

-¿Qué tal? – dijo ella, después volvió a sentarse en la silla.
-Bueno cuéntame, ¿Qué ha pasado? – dijo Roy sentándose a los pies de la cama.
-Nada, un simple desmayo, aquí lo exageran todo – Carlos se peinaba el pelo con las manos.

Roy sabia que no era un simple desmayo pero no quiso hablar del tema.

-¿Cuándo te dan el alta? – pregunto Roy.
-Mañana por la mañana lo mas seguro
-Ah, bueno, pues nada, ¿Qué lees? – dijo Roy.
-Una revista de coches, me la trajo Sandra esta mañana – Carlos miró a Sandra y le sonrió, ella le
devolvió la sonrisa.

La puerta de la habitación se abrió, era Claudia. Entró y al ver a Roy sintió un sudor frío. No le veía desde que aquella mañana de domingo se marchara de casa. Le extrañó verle tan guapo. Ahora que no estoy con el le veo atractivo, pensó. Algunos pensamientos más le vinieron a la cabeza.

-Hola – dijo Claudia.
-Hola, pero pasa, no te quedes ahí en la puerta – Carlos la hacia gestos con la mano.
-Hola – dijo Roy con timidez.

Roy al verla entrar sintió un pequeño mareo. Su cerebro tardó en procesar la imagen de la mujer que quería. Sintió amor, quería besarla, pasados unos segundos su orgullo se vino arriba y la odiaba. Intentó no mirarla.

-¿Qué te ha pasado Carlos? – Claudia estaba incomoda.
-Pues ya se lo comentaba a Roy – dijo Carlos haciendo una evidente pausa y señalándole, Claudia
no tuvo más remedio que mirarle -. Un simple desmayo, ¿tu que crees Roy? – le preguntó.
-Si, yo que se tío, no soy medico – Roy estaba perdido, no entendía el por que tenia que estar
Claudia allí.

Sandra que hasta ese momento estaba sentada en la silla, se levantó y se dirigió a Claudia.

-Hola yo soy Sandra, soy la novia de Carlos – dijo dándola dos besos.
-Hola, encantada – Claudia sonrió.
-¿y tu que tal estas Claudia?, hace mucho que no te veo – dijo Carlos.
-Si, es que he estado trabajando, y bueno no se – Claudia miró a Roy.

Roy se levantó de los pies de la cama. Miro a Claudia con timidez. La seguía queriendo, aquello era una tortura.

-Carlos ahora vengo voy a comprar un refresco, ¿quieres algo?
-Si
-¿Qué? – preguntó Roy.
-Que te quedes, no quiero que te vayas – dijo Carlos.

Hablaron de diversos temas, fue inevitable que Roy y Claudia intercambiaran algunas palabras. El odio de el se fue apaciguando, Carlos proponía temas y los cuatro los discutían, incluso rieron.
Era de noche cuando Roy y Claudia se fueron. Salieron juntos del hospital.

-bueno, pues nada, voy a ver si veo algo en la tele – dijo Roy.

Claudia se quedo callada. Le debía una disculpa, pero solo ella sabia cuanto le costaba dársela, pero aquel era el momento.

-Roy lo siento – dijo Claudia mirándole a los ojos.
-Él le respondió con la mirada, seguía esperanzado de que Claudia todavía le quisiera.
no tienes de que disculparte Claudia
-si, mira Roy en la vida hay veces que cometes errores, yo no se si dejarte fue un error, el tiempo
lo dirá, pero tu te portaste muy bien conmigo y yo te fallé, por eso quiero pedirte perdón. Se
que estas cosas pasan, que es normal, pero no se, quiero pedirte perdón – Claudia tenia un nudo
en la garganta, no quería llorar -. también tengo que decirte que no estoy con nadie, estoy sola,
y estoy bien así

Roy no se esperaba lo último. El pensaba que le pedía perdón para volver con el, de cualquier modo pensó que las palabras de Claudia eran sinceras.

-Claudia no te preocupes, acepto las disculpas que quieras darme – Roy cogió su mano -. Solo
quiero que sepas que yo te esperare por algún tiempo, ¿vale?, te quiero demasiado para
olvidarte tan pronto

Claudia no pudo contener sus lágrimas. Roy le acarició la mejilla quitándoselas, después se abrazaron.

-Cuídate – dijo Roy.
-Lo mismo digo, y si quieres algún día podemos quedar y nos tomamos algo, o hablamos

Se despidieron dándose dos besos. Claudia caminaba deprisa. Roy se volvió a mirarla un par de veces, pero ella no lo hizo. Pronto se alejó.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 12

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 12


Claudia había quedado con Ángela para tomar café. Los últimos días salía quince minutos antes de trabajar. Nadie se daba cuenta, los jefes estaban ocupados con otras cosas y como su relevo llegaba siempre pronto pues ella salía antes. Cuando Ángela llegó a la cafetería Claudia la esperaba. Estaba sentada en la barra, había guardado una silla para ella.

-Hola amor – dijo Ángela, se abrazaron.
-Hola, ¿qué tal?, ¿Qué tomas?
-Un descafeinado – dijo Ángela mirando al camarero.
-Y bien, ¿qué tal andas?, hace un montón que no nos vemos – dijo Ángela mientras sacaba el
tabaco de su bolso.
-Pues mira tía ahora estoy muy bien. Ya te conté que lo había dejado con Roy. Ahora salgo con
Alberto y es fantástico. Es como un Roy al cuadrado, ja ja ja – Claudia rió, pero su risa era falsa,
sin ganas.
-Uy uy uy, esa risa – Ángela encendió un cigarrillo. El camarero dejó el café cerca de ella. Echó
dos azucarillos y lo movió, después de dar un trago prosiguió-. ¿ocurre algo Claudia?
De repente Claudia comenzó a llorar sin querer. Sacó deprisa un pañuelo de su bolso y se seco las lágrimas. No quería que Ángela la viera así, quería aparentar felicidad, pero la realidad era distinta. Claudia no era feliz.
-no sé que me ocurre, solo que por una razón u otra no consigo ser feliz – dijo Claudia
limpiándose las ultimas lagrimas.
-No te entiendo, ¿qué quieres decir? – Ángela dio una calada al cigarrillo.
-Alberto me ha pedido que me vaya a vivir con él – Claudia guardó el pañuelo en su bolsillo -.
Otras veces me lo había pedido y yo siempre le había dicho que no, que nos diéramos algo de
tiempo. Anoche dormí en su casa, habíamos terminado de hacer el amor, se dio la vuelta y cogió
una caja de debajo de la cama, cuando me la entregó me volvió a pedir que viviéramos juntos. Al
abrir la cajita resultó ser esto – Claudia mostró su mano, una impresionante sortija lucia en su
dedo anular-. No supe que decirle, me quede sorprendida, le dije que lo pensaría y que hoy le
daría una respuesta.
-tía, ¡es genial!, ¿y que has pensado? – dijo Ángela.
-No lo he pensado todavía
-Bien y ¿cuál es el problema? – preguntó Ángela.
-El problema es que no quiero pensarlo, ni hoy, ni mañana, ni nunca, no quiero vivir con él, al
menos de momento – Claudia empezaba a llorar otra vez.
-Venga tía, no vuelvas a llorar, esta bien, venga, por favor Claudia – dijo Ángela mientras la
abrazaba.
-Habla con él, díselo, lo importante es que el no se sienta engañado – Ángela terminó su café y
apagó su cigarrillo.
-Sí, será lo mejor, no le quiero perder, estoy muy bien con el, el problema es que no quiero nada
serio. No ahora.
Claudia y Ángela se despidieron, quedaron en verse otro día.

Alberto abrió la puerta. Claudia le besó y entró. Se quitó el bolso del hombro, después se desprendió del abrigo.

-¿qué tal? – dijo Claudia con tristeza.
-Bien, hoy he tenido un día de perros. Todos los clientes querían tomar algo distinto a lo habitual,
parece que quisieran llevarme la contraria, para colmo se nos ha terminado el ultimo barril de
cerveza y a Juanjo mi compañero se le olvidó hacer el pedido, ¡imaginate! – dijo Alberto.
Mientras colocaba en el respaldo del sillón el abrigo que Claudia había dejado tirado en el suelo.
-Tengo que decirte algo – dijo Claudia con los ojos llorosos.
-Dime
-Es referente a lo que hablamos anoche – Claudia sacó el anillo que Alberto le había regalado la
noche anterior del bolsillo-. No quiero vivir contigo
Durante algunos segundos la situación fue tensa. Alberto no se esperaba esas palabras, tenía un nudo en la garganta. Tragó saliva y se sentó junto a Claudia.
-vale, no me importa – Alberto agarró la mano de Claudia -. Pero por favor el anillo es un regalo,
quédatelo- concluyó.
-No te lo tomes a mal Alberto, a mi me gusta estar contigo, pero es muy precipitado que vivamos
juntos – dijo Claudia mientras se ponía el anillo en uno de sus dedos.
Alberto no dijo nada, se levanto del sofá y se puso a fregar. Claudia se dio cuenta de que la situación era fría y se marchó.

Carlos llegó a casa de Roy, lo hizo deprisa, estuvo contando los minutos del día hasta que llego el momento de verle. Roy estaba desaliñado, sin peinar y con barba de tres días.

-¿y bien, que es eso tan importante que tienes que decirme? – dijo Roy-. Ven a la cocina y me lo
vas contando anda que tengo que tender la ropa
-¿recuerdas la noche que pase con una prostituta y se me rompió el condón?
-Sí, claro – dijo Roy mientras recogía de la cuerda la ropa seca
-Pues no recordaba como había sucedido todo hasta esta mañana. Te lo cuento como lo recuerdo,
y te aseguro que como lo recuerdo es tal y como fue – dijo Carlos.
-joder macho que intriga – Roy dejó lo que estaba haciendo – así no puede uno tender ni nada,
ven, vamos a otro sitio – dijo, después cogió un par de cervezas de la nevera y los dos se
dirigieron al salón.
-Venga, ¡dispara! – dijo Roy.
-Te cuento, ¿que dirás que fue lo primero que hizo la prostituta? – preguntó Carlos.
-Pues no sé tío, ¿comértela?
-No tiene ninguna gracia, joder Roy que esto es serio – Carlos se exaltó.
-Vale, vale, perdón – dijo Roy a la vez que ponía gesto de preocupación.
-Lo normal es que antes del acto te ponga el preservativo, ¿no?, pues ella no fue lo primero que
hizo, ella antes de ponerme el preservativo sacó un bote del bolso. Era como un tubo de pasta
de dientes chiquitito, después se puso un poco en la mano y lo extendió por mi pene, “para que
no me lastimes “, dijo, a continuación me puso el condón y luego vino todo lo demás – Carlos
estaba nervioso.
-¿qué insinúas Carlos? – preguntó Roy extrañado.
-Eso que me puso en el pene era una especie de vaselina, ¿para que cojones me pondría vaselina
si me puso el condón?. Yo estaba medio borracho, pero ella no, cualquiera sabe que los condones
se rompen con algunas vaselinas
-joder macho, te lo vuelvo a repetir, ¿qué insinúas? – dijo Roy con cierta preocupación.
-Lo que te quiero decir es que esa prostituta por la razón que fuese quería que el condón se
rompiera y lo hizo de una manera muy sutil, poniendo en mi pene una vaselina incompatible con
el espermicida del condón. Es cuestión de esperar durante el acto, el condón terminaría
rompiéndose
-Pues no sé, puedes tener razón, pero, ¿para que haría tal cosa?
-Por venganza o algo parecido – dijo Carlos.
-¿por venganza? – preguntó Roy.
-sí, me explico. Encontré una tarjeta en mi coche algunos días después, esa tarjeta era de una
asociación de seropositivos, como estaba muy afectado llamé y me hice socio. Allí son casi todos
seropositivos. A lo mejor la prostituta que me tire, tenía sida. Puede estar vengándose y
contagia a propósito a todos sus clientes
-joder macho, ¿cómo piensas eso? – Roy se quedó de piedra.
-Pues ya ves uno que tiene algo de imaginación, el resto, sentido común. Voy a ver si consigo algo
más, ¿por qué sabes una cosa? – Roy hizo un gesto con la cabeza -. Creo que la asociación a la
que pertenece y yo estoy metido, tiene algo que ver.

Carlos salió muy tarde de casa de Roy. Hablaron de temas muy diferentes, incluso de Claudia. Roy se empeñó en hacerlo y Carlos le escuchó. Cuando llegó a casa decidió que mañana tampoco iría a trabajar, estaba pensando no ir más. Se puso el pijama, se tumbó en la cama e intentó dormir.
Roy se quedó perplejo ante tanto misterio. Pensó que Carlos podía llevar razón, pero le pareció más un argumento para una película que la propia realidad. Con todo Roy ya se creía cualquier cosa, quien le iba a decir a el que su novia la que tanto amaba le dejaría plantado como lo hizo. Puso la tele pero no la vio mucho tiempo, se quedó dormido.
A la mañana siguiente Carlos falto al trabajo. A las once y media el teléfono le despertó. Su jefe llamaba para ver como estaba. Carlos le dijo que no se encontraba todavía muy bien.
-de todas formas mañana me paso y hablamos – concluyó Carlos.

Por la tarde Carlos fue a buscar a Sandra. Elvira abrió la puerta.

-Sandra no está, hace días que no la veo, esta tarde tenemos una reunión. Viene Karl Huy, un
hombre de Boston que es seropositivo desde hace 15 años y todavía no ha desarrollado sida, y
los más increíble ¡no esta tomando medicamento!, es un caso único en el mundo, ¿te quedaras
no? – dijo Elvira apoyada en la puerta.
-No, no creo que pueda y otra cosa Elvira, creo que voy a dejar la asociación, no tengo mucho
tiempo, ahora trabajo y no creo que pueda seguir – Carlos esbozó sin ganas una pequeña
sonrisa.
-Bien, de acuerdo, tendrás que firmar unos documentos y quedaras desvinculado de la
asociación, cuando tú me digas. Te echaremos de menos Carlos – Elvira acarició su hombro.

Al salir del portal, se cruzó con Sandra que iba para su casa. Tenía un aspecto lamentable, con ropa arrugada, un poco sucia y una cara demacrada.

-Sandra – dijo Carlos cuando pasó a su lado.
-déjame en paz, ridículo – contestó ella.
-Esta bien – Sandra siguió andando, Carlos la seguía mientras la hablaba -. Esta bien, lo siento,
de acuerdo, no sabes por lo que estoy pasando – Sandra seguía sin detenerse -. Por favor
Sandra, párate un momento
-¿qué quieres? – dijo Sandra sin parar de caminar.
Carlos andó todo lo deprisa que pudo, se puso delante de ella, la agarró por los hombros y la obligó a detenerse. Se quedaron frente a frente. Sandra no intentó nada.
-soy seropositivo – dijo Carlos.
Sandra no supo que decir. Se había pasado dos días con unos amigos en la sierra, con la misma ropa, todavía con la resaca de unos días salvajes y se encuentra con esta noticia. No tenia ánimos para nada, abrazó a Carlos. Ló abrazó con fuerza y comenzó a llorar.
-vamos a tu casa, llevo dos días sin dormir – dijo Sandra.

Llegaron a la casa. Sandra se desnudó. Carlos la dejó un pijama suyo. Se metieron los dos en la cama y se empezaron a besar, comenzaron a excitarse.

-para, para – dijo Carlos -. Primero duerme cariño, luego haremos el amor – dijo mientras acariciaba su pelo.

Sandra asintió con la cabeza, le besó, segundos después ya estaba dormida.
Carlos se levantó con cuidado de no despertarla y salió de la habitación.

Cuando Sandra despertó, Carlos la había preparado un sándwich de jamón y queso, se lo llevó a la cama.

-¿por qué no me dijiste que eras seropositivo? – preguntó Sandra mientras comía.
-No lo sabia, lo supe hace quince días
-¿cómo te contagiaste?
-No quiero hablar de eso – Carlos hizo una pausa -. Al menos no ahora, ¿te importa? – preguntó.
-No, no me importa, pero prométeme que me lo contaras algún día – dijo Sandra acabándose el
sándwich.
-Te lo prometo – dijo Carlos, después besó a Sandra.
-Vamos a hacer el amor Carlos – dijo ella acariciándole la espalda.


Claudia llevaba unos días preocupada. No sabia nada de Alberto, desde que le dijo que no irían a vivir juntos la relación se había roto. Le echaba de menos, estaba esperando que él la llamara para verse, pero los días pasaban y Alberto no llamaba. Cansada de la situación Claudia le llamó.

-hola – dijo Claudia.
-Hola Claudia, ¿qué tal? – la voz de Alberto sonaba cansada.
-Bien, llamaba para ver que hacías
-Pues nada, acabo de salir de trabajar y he alquilado una película, voy para mi casa, ¿y tú que
tal? – dijo Alberto.
-Bien, bien, bueno pues nada – pasaron algunos segundos hasta que Claudia volvió a hablar -. Lo
siento de veras Alberto, mi intención no era volver a hacerte daño, ¿lo sabes?, ¿verdad?
-lo siento Claudia pero tengo que dejarte, se me esta acabando la batería
-esta bien, lo siento – dijo Claudia.
-Hasta luego, tengo que colgar – Alberto colgó el teléfono.
Claudia comenzó a llorar, pensaba que era cruel. Se maldijo por su crueldad, por haber roto el corazón de Alberto dos veces. Se odiaba por ello, lloró durante horas. Pensaba en Alberto y como había vuelto a destrozar su vida, también pensaba en Roy, si, en Roy también pensaba, ¿por qué soy así?, se decía así misma, ¿es que disfruto haciendo daño a las personas?, se preguntaba.
Roy no podía dormir, se levantó y se preparó un vaso de leche caliente, después volvió a la cama. Pensó en Claudia, ¿qué estaría haciendo ahora?. La imaginaba haciendo el amor con Alberto, disfrutando de sus labios, de sus caricias. Esos pensamientos le hicieron sentirse realmente mal, después de algunas vueltas por la cama consiguió dormir.

Carlos se despertó temprano. Salió de la habitación, Sandra aun dormía. Fue a la Administración de Lotería. Cuando llegó su jefe le recibió con un abrazo.

-hola, ¿podemos hablar en privado? – preguntó Carlos.
-Sí claro – respondió Marcos, se acercó a la puerta, la cerro con llave y puso un cartel que ponía:
“vuelvo enseguida”.
Carlos y Marcos pasaron a un pequeño despacho en la trastienda de la administración.
-¿tú dirás?
-No me encuentro bien Marcos, los médicos me están haciendo pruebas, creen que tengo un
cáncer de pulmón – Carlos hizo una pausa, después continuó -. No puedo trabajar
-Vale y dime, ¿yo que pinto en todo esto? – preguntó Marcos.
-Quiero que me despidas. Yo no puedo irme, si lo hago no cobraré el paro, así que quiero que tu
me eches para poder cobrar otra vez la prestación
Marcos se tomó unos segundos para pensar, después miro a Carlos y le agarró por el hombro.
-no te preocupes, yo te despido – dijo Marcos y los dos se abrazaron.
Esa misma mañana Marcos preparó todos los papeles y llamó a Carlos al medio día para que firmara todo. Se despidieron con emoción.
Carlos aprovechó y fue a solicitar el desempleo. Cuando llegó a casa Sandra había preparado macarrones con chorizo. Carlos la besó, hicieron el amor, comieron juntos y después volvieron hacer el amor.

-Te quiero – dijo Sandra tumbada en su pecho.
-Yo también Sandra, yo también – dijo Carlos con tristeza.
Esa misma tarde Carlos fue al médico. Los resultados de su análisis para ver como estaba la enfermedad ya estaban. Sandra le acompañó, cuando llegaron ella le esperó fuera de la consulta. Carlos pasó.

-Buenas tardes Carlos – dijo el doctor -. Ya tengo los resultados de su prueba, la enfermedad
esta bastante avanzada. Vamos a empezar con una medicación fuerte, así que tengo que
advertirle de lo que le espera...
Carlos salió de la consulta y abrazó a Sandra.

-Vamonos
-¿qué te ha dicho? – preguntó Sandra.
-La enfermedad esta bastante avanzada, me ha mandado tres medicamentos
Sandra no dijo nada, en realidad no sabia que decir. Los dos caminaron en silencio hasta la casa de Carlos. Llegaron y se pusieron a ver la tele. Los dos callados, solo se abrazaban y se besaban, sin hablar, no había nada que decir.

Por la noche Carlos se despertó sobresaltado. El corazón le latía a mil por hora. Pasaron algunos minutos hasta que se tranquilizó. Sandra dormía. Carlos encendió la luz, Sandra se despertó.

-¿qué haces Carlos? – preguntó Sandra medio dormida.
-¿podemos hablar?
-¿ahora? – preguntó Sandra -. ¿qué hora es?
-y que importa la hora – dijo Carlos con firmeza.
Sandra se incorporó en la cama, se restregó los ojos, intentó abrirlos y suspiró.
-vale, ¿de que quieres hablar? – Sandra estaba casi espabilada.
-¿qué me dirías si te dijera que la asociación la cual tu madre es presidenta, es una organización
que se dedica a contagiar el sida al resto del mundo?
Sandra se quedó sorprendida, no supo que decir. Pasaron algunos segundos en silencio.
-te diría que estas loco, ¿cómo puedes pensar algo así? – dijo por fin Sandra.
-Tengo pruebas
-Por favor Carlos, no me importa que me despiertes en plena noche, tampoco me importa hablar
contigo, pero esto me parece absurdo, ridículo completamente, no seas paranóico – Sandra se
tumbó, besó la mejilla de Carlos -. Durmamos cariño.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 11

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 11


Carlos no podía dejar de pensar en la carta que encontró en casa de Elvira, ¿qué significaría?, había términos muy raros, también le confundía la tarjeta de Sandra, “rango”, ¿qué demonios quiere decir "Rango: sentí"?. Algo le daba mala impresión, Elvira, Sandra, o incluso la asociación. Pensó en ello durante algún tiempo. Sin saber como le vino a la cabeza la imagen de la prostituta en su coche, esta al ir a sacar el preservativo dejó caer en el asiento una tarjeta. Carlos lo recordó con esfuerzo, pero a medida que iba recordándolo una y otra vez la imagen se hacía más clara en su cabeza. Sí, ahora lo recordaba todo con claridad, la tarjeta que encontró en su coche era de la prostituta. En un segundo se le ocurrieron muchas preguntas, ¿qué sentido tenía que una prostituta fuera de una asociación de seropositivos?, ¿dónde estaba ella?, no había ido a ninguna reunión ni actividad, de haber ido la hubiese reconocido.
Entró diez minutos antes a trabajar, era su primer día, Marcos, su jefe y amigo, le esperaba.

-Carlos, entras pronto, se nota que quieres empezar bien
-sí Marcos, tengo que causar buena impresión – dijo guiñándole un ojo.
El primer día fue tranquilo, la relación entre Carlos y Marcos era buena. Se conocían desde hacia tiempo.
Carlos llegó a casa muy cansado, había pasado mucho tiempo no haciendo nada, y aunque no tuvo mucho trabajo si que acusó la inactividad.
No tenía hambre así que no comió nada. Se acostó y se puso a leer. Pasaron algunos minutos, empezó a sentirse mal, se estaba mareando, comenzó a sudar, salió de la cama, fue al baño, y vomitó. Fue recuperándose poco a poco, después volvió a la cama e intentó dormir.
Se levantó de madrugada varias veces, no sabia por que motivo, pero no podía dormir. Fue a la cocina y se tomó una píldora para conciliar el sueño.
Roy había quedado con Carlos en su casa a las ocho de la tarde. Ambos salían de trabajar a las siete.
Cuando Carlos vio a Roy se quedó sorprendido. Su aspecto dejaba mucho que desear. No estaba peinado y se había dejado barba, la ropa estaba con algunas arrugas y se le notaba en la cara que estos últimos días no había descansado muy bien.
-Que tal Roy, ¿cómo te encuentras? – se fundieron en un caluroso abrazo.
-Bien, oye no te veo buen aspecto, ¿estas a dieta o algo? – preguntó Roy.
-No, es que no duermo muy bien, además a veces vomito sin ton ni son, será el estomago,
además hace algunos días que estoy trabajando, eso también me ha hecho perder algo de peso –
se sentaron en el sofá del salón, Carlos tuvo que retirar la ropa que había para sentarse-. Tu
tampoco tienes buena cara
-No, lo estoy pasando mal – hizo una pausa, se pasó las manos por la cara, después prosiguió -. --La quería mucho sabes, no entiendo como me ha podido hacer esto
-Lo sé Roy, es un mal trago, ¿pero sabes una cosa? – esperó a que Roy asintiera con la cabeza,
después continuó-. Esto también pasará, todo pasa, date tiempo, la olvidaras seguro
-Sí, eso espero. Todos los días pienso en llamarla, para ver que hace, como esta, pero no tengo
valor. Pienso que ella espera que yo la llame para que vuelva, que me echa de menos – Roy
comenzó a llorar.
-Venga tío, ella no te echa de menos – dijo Carlos abrazándole.
Roy se levantó deprisa. Fue al baño, pasados algunos minutos volvió a aparecer, esta vez, recuperado.
-Supongo que esto es normal, quiero decir que tarde o temprano me tendría que pasar – dijo
esbozando una pequeña sonrisa.
-Claro Roy, a mi también me tocó, hace algunos años, fue muy duro, pero esto tiene solución, el
tiempo te dará la solución, serás feliz, ya lo veras
-Por cierto mañana voy a recoger los resultados de los análisis, mañana me dirán si soy seropositivo – dijo Carlos.
-Hostia tío, se me olvidó llamarte para ir contigo a la analítica, lo siento, es que con el lío este...
-No tiene importancia Roy – dijo Carlos interrumpiéndole-. Mañana saldré de dudas, aunque yo
casi no tengo ninguna.
-anda no digas gilipolleces, cambiemos de tema, ¿quieres tomar algo?
-Sí, una cerveza

Cuando Carlos quiso salir de casa de Roy eran más de las doce. Desde lo lejos pudo divisar la silueta de una mujer en el portal de su casa, a medida que se acercaba veía con mas claridad su cara. Sandra le estaba esperando.

-vaya, llevo aquí más de dos horas, ¿dónde te metes?, y lo mas preocupante, ¿por qué no tienes
teléfono móvil? – dijo Sandra, después salto a abrazarle y le besó.
-Que sorpresa. No tengo móvil por que no tengo dinero para pagarlo, ¿subimos? – preguntó
Carlos.
-Carlos pidió la tarde libre. Tenía hora con el medico a las cinco y cuarto. Llegó a la sala de
espera, había cinco personas mas, pero el iba detrás de una joven que tenia hora para las cinco y
diez.
Se le hizo el tiempo eterno, pero por fin salió la chica y le tocó el turno. Carlos se levantó
despacio y caminó hasta la consulta.

-hola – dijo con un hilo de voz.
-Bien, ¿qué le ocurre?
-Vengo a por los resultados de unos análisis que me hice, llamé y me dijeron que ya estaban.
-Un momento, eres Carlos Sánchez, ¿verdad? – el doctor sacó su historial y cogió un sobre
cerrado-. Aquí están, vamos a ver – Abrió el sobre con cuidado, desdobló el folio y comenzó a
leer, tras unos segundos habló -. Carlos, usted se hizo una analítica para detectar enfermedades
de transmisión sexual básicamente, bien pues según el estudio de la misma tengo que decirle
que ha dado positivo en el test elisa, es decir según el resultado del test es usted seropositivo,
¿cuánto hace que tuvo la exposición?
Carlos sonrió, de todo lo que el doctor había dicho tres palabras volvían una y otra vez a su mente, le martilleaban el cerebro, “es usted seropositivo”. Comenzó a sudar, perdió la vista y se desmayó.
El doctor se levantó con rapidez. Cogió a Carlos por los hombros y lo tumbó en una camilla, le desabrocho el pantalón y comenzó a darle suaves bofetadas en la cara, a la tercera Carlos fue abriendo los ojos con suavidad.

-¿ya estas mejor? – preguntó el doctor-. ¿Cómo te llamas?
-Carlos – dijo en voz baja.
-¿y cuantos años tienes?
-veintiseis, ¿qué ha pasado?
-Nada hijo, se desmayó, supongo que a causa de la noticia que le di, ¿la recuerda verdad?
-Sí – respondió Carlos y no dijo nada más.
El doctor le mandó una segunda analítica para confirmar el positivo. Trató de darle alguna esperanza, “hay falsos positivos”, había dicho, pero Carlos ya no veía la luz al final del túnel, cada vez se hacia mas y mas grande, cada vez se sentía mas triste y deprimido. Pensó en llamar a Sandra y contarle todo, en cierto modo se sentía más triste por no poder hablar con ella de esto. No sabia como reaccionaria, por que aunque Sandra también era seropositiva, su caso era diferente, ella había nacido con la enfermedad, su madre se lo trasmitió en el embarazo.

Carlos llegó a su casa, se puso cómodo y cogió el teléfono.

-mama soy yo, Carlos
-hola cariño, ¿qué tal todo?, ¿cómo estás?
-Bien, estoy muy bien, solo llamaba para saludarte y ver como estáis tu y papa
-Pues bien, como vamos a estar, como siempre, pero te veo triste, ¿seguro que estas bien? – dijo
la madre preocupada -. Tu no acostumbras a llamar así como así
-Claro de verdad que estoy bien, solo que he tenido un día duro y anoche no dormí muy bien, eso
es todo. Bueno mama, da un beso a papá, ya iré a comer algún día de estos, os quiero
-Nosotros también, cuídate hijo mío

Carlos colgó el teléfono y comenzó a llorar con tristeza. Se tumbó en la cama. La luz estaba apagada, era casi de noche. Carlos no hizo otra cosa que pensar, tumbado en la cama pensaba en lo diferente que seria su vida a partir de ahora. Su vida no dependía de el, no podía decidir que hacer o que no hacer por que toda su suerte estaba echada. Pensó, desvarió, y lloró durante toda la noche. El despertador sonó. Con una mano lo apagó, se secó las lágrimas que hace unos minutos habían brotado de sus ojos. Se dio una ducha, evitó mirarse en el espejo, no quería verse. Y con el cansancio que da no haber pegado ojo en toda la noche se fue a trabajar.

Claudia se detuvo frente al escaparate de Melvin, se fijó en unas gafas de sol que había expuestas. Pasó a preguntar el precio, no le pareció excesivo y las compró. Serán el regalo ideal para Alberto, pensó.
Alberto vivía sólo, había pedido a Claudia en el poco tiempo de relación que se fuera a vivir con él, pero Claudia todavía no se sentía segura, no tanto para irse otra vez de casa de sus padres.

Lo primero que hizo al verle fue besarle, le abrazó y le entregó el regalo.

-Es para ti – dijo Claudia sonriendo.
-¿para mí?, vaya, ¿a que se debe este honor?
-Anda ábrelo y déjate de tonterías
Alberto abrió la caja y descubrió las gafas, se las probó.
-te quedan genial – dijo Claudia, después le besó.
-Sí, ya lo veo, y eso que ahora no veo nada, – Alberto se quitó las gafas y las guardó en su funda-.
Bien, pues que mejor momento que este para que te invite a cenar
-¿y que tiene que ver este momento con que me invites a cenar? – dijo Claudia entre risas.
-Nada, no tiene que ver nada, pero, ¿vienes o no? - ambos rieron y se abrazaron.

Estaba lloviendo y hacia frío. Carlos salió de trabajar cansado, había quedado con Sandra para ir al cine, pero la llamó por teléfono y anulo la cita. Hacia días que no comía, en la última semana había perdido cuatro kilos. Por las noches dormía poco y mal, la enfermedad lo estaba consumiendo. Hacia dos días que había descubierto una mancha rosada en su pecho, eso le dio que pensar, acudió al medico para ver que podía ser. El medico le tranquilizó, le dijo que no tenía de que preocuparse que era un simple hongo, nada que ver con el VIH.
Se tumbó en el sofá del salón, no puso la tele, solo se quedo tumbado, ni siquiera se desnudo. Últimamente no hacia nada, iba a trabajar como un zombi y cuando llegaba a casa se tumbaba en el sofá y se quedaba dormido, había días que incluso se iba a trabajar al día siguiente con la misma ropa. Lo único que tenía ganas era de que todo acabara, que su vida de una manera u otra terminara, pero le faltaban fuerzas para terminar con todo por voluntad propia.
Eran más de las cuatro de la madrugada, el timbre de la puerta sonó. Carlos se levantó con rapidez y corrió a abrir. Era Sandra.

-hola, ¿molesto?
-Pues un poco, ¿qué hora es? – dijo Carlos con los ojos medio cerrados.
-Pues serán las cuatro o así, ¿puedo entrar?
-No
-¿no?, estarás de broma, anda déjame que duerma lo que queda de noche contigo porfa – Sandra
jugueteaba con la mano de Carlos.
-Te he dicho que no, ya nos veremos otro día, lo siento – y sin dejar que Sandra dijera nada cerró
la puerta.
Sandra se quedó unos segundos esperando que Carlos abriera de nuevo, o quizá espero despertarse de la pesadilla que había sido el ultimo minuto, pero ninguna de las dos cosas sucedieron.

A la mañana siguiente Carlos no fue a trabajar. Llamó por teléfono y dijo que estaba enfermo. A media mañana empezó a pensar en las palabras tan duras que le había dicho a Sandra. Se lo merece, a quien se le ocurre venir a esas horas de la madrugada, pensó.
Se duchó y mientras lo hacia volvió a pensar en la fatídica noche, no paraba de dar vueltas a la idea. El alcohol dificultaba mucho recordar todos los detalles, pero Carlos quería recordarlo todo y no pararía hasta conseguirlo. Pensaba una y otra vez como sucedió, la hora, el tiempo, cada uno de los movimientos de la prostituta. Se había convertido casi en una obsesión. De repente se detuvo, paró los grifos. Salió de la ducha con rapidez y mojado corrió hacia el salón, cogió el teléfono y marcó el número del teléfono móvil de Roy.

-dígame – contesto Roy, de fondo se oía un fuerte ruido.
-Roy soy Carlos, tengo que hablar contigo
-Sí, bien esta tarde nos vemos, estoy trabajando tío, ¿y tú?, ¿no trabajas?
-Sí, pero hoy no he ido, estoy enfermo, o bueno eso le he dicho a mi jefe – dijo Carlos mientras
formaba un charco de agua en el suelo.
-Bueno pues luego te veo, si es importante dímelo ahora
-No, no, mejor después, hasta luego.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 10

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 10


Después de todo no es tan malo, pensó Claudia. Se intentaba auto convencer de que Roy era el hombre de su vida, sin embargo otra parte de su alma la pedía a gritos que lo dejara. Alberto la había hecho sentir algo especial. Ese minuto, ese beso en la boca de metro, valía por los dos últimos años.
Llegó a casa, y Roy la esperaba en el salón. Él había salido antes del trabajo, tenía unas entradas para ver un espectáculo de magía. Recibió a Claudia con un beso, ella no puso muchas ganas. Se quitó el abrigo y se tumbó en el sofá. Cambió de canal, se desabrochó el pantalón y encendió un cigarrillo.

-estoy cansadísima, no sabes que día he tenido – dijo ella.
-¿si? – respondió él.

Roy empezó a sentirse mal. Había comprado las entradas tres meses antes, hacia semanas que se habían agotado, era un espectáculo único, incluso habían prorrogado la función otro día mas con las localidades ya vendidas también. Al ver la desgana de Claudia se le quitaron las ganas de todo. Todavía tenía las entradas en la mano, las guardó en el bolsillo y salió de casa.

Carlos espero a las dos de la tarde, hora en que Roy salía del trabajo para comer y lo llamó por teléfono.
-Roy soy Carlos, ¿cómo lo llevas?
-hola, pues mal, muy mal, las cosas con Claudia no van todo lo bien que quisiera
-te llamaba para ver si quieres que cenemos juntos esta noche
Carlos no solía salir entre diario, eso a Roy le sorprendió, imaginó que tendría algo que decirle, como él también estaba pasando un mal momento, quedo con Carlos para cenar.

Roy vio venir a Carlos, enseguida fue a su encuentro. Se fundieron en un abrazo, y empezaron a caminar.

-bien, ¿dónde vamos? – dijo Roy.
-No sé, donde tú quieras. Que te parece si vamos al “Gran Grifo”
-Por mi de acuerdo

“El Gran Grifo” era un restaurante. Se podía cenar a la carta, pero lo más frecuente era tapear, y eso hicieron.
Se sentaron en una mesa en la zona de no fumadores. Pidieron una ración de bravas, calamares, chopitos, y otra de Alí-oli, para beber, cerveza.

-no sé que le pasa a Claudia – dijo Roy, mientras partía un trozo de pan-. Está rara, creo que no esta bien conmigo – Roy bajó la mirada y se comió el trozo de pan.
-¿pero que dices?, tu y Claudia habéis pasado ya por lo mas duro, ahora tendríais que estar
disfrutando de la felicidad que da el vivir con la persona que quieres, ¿no? – dijo Carlos.
-no, ella no esta bien, lo noto. Esta mañana intente hacer el amor con ella pero me rechazó, dijo
que no le apetecía – el camarero empezó a dejar raciones encima de la mesa-. Vale que era
temprano, pero no le apetecía, además la noto distante, ella siempre ha sido muy cariñosa
conmigo, pero hace dos meses que no muestra señal alguna de cariño, cuando está conmigo la
noto triste. No sé, estoy confuso Carlos, yo la quiero mucho
-¿quieres que hable con ella? – dijo Carlos mientras pinchaba un calamar.
-gracias pero no, mañana lo haré yo. ¡Y ahora a comer! – dijo Roy mientras cogía un palillo y trinchaba una patata.
Cuando salieron del restaurante ya iban un poco cargados. Habían bebido mucha cerveza, estaban animados así que decidieron irse a tomar algunas copas.
Serian las cuatro de la madrugada, las luces de la discoteca deslumbraban a Carlos. Roy pedía otra copa en la barra, Carlos se acercó a él.

-Venga unos chupitos Roy – dijo Carlos, los dos estaban medio borrachos.
-Vale, dos chupitos de tequila – gritó Roy al camarero.
Se reían de cualquier cosa. Los dos, con una copa en la mano, apoyados en la barra, se contaban cualquier cosa y se reían.
-¿Recuerdas la prueba esa que te dije para saber si eras seropostivo? – dijo Carlos entre risas.
-Sí – Roy seguía riendo a carcajadas-. ¿qué pasa con la puta prueba?
-pues no te lo vas a creer – dijo Carlos, los dos reían, puso su mano sobre el hombro de Roy-. me
ha dado positiva, dentro de poco tendré sida
-Roy dejo de reír, Carlos también, se miraron durante algunos segundos, eternos segundos.
-¿es una broma no? – dijo Roy muy serio
-no, ayer me llegó el test a mi casa, lo hice y salió positivo
-no sé que decir, estoy muy triste, lo siento – dijo Roy.
-¿cómo?, ¡jodete! – dijo Carlos riéndose-. Anda, pide otra copa, bailemos, la vida sigue, ¿o no?, la
vida sigue hasta que llegue el fin, y te aseguro una cosa, voy a disfrutar cada minuto que me
quede en este mundo – cogió su copa y la acabó de un trago.
-Sí – dijo Roy casi llorando-. Sí...es lo mejor.

Roy abrió la puerta de casa. Claudia dormía en el sofá, pero al oír entrar a Roy se despertó.

-¿de donde coño vienes? – dijo Claudia quitándose el pelo de la cara.
-De fiesta, la mejor fiesta de mi vida – dijo Roy tambaleándose.
-Perfecto – Claudia se levantó del sillón.
-¿no me das un beso? – Roy se apoyo en la puerta del salón para no derrumbarse.
-Hasta mañana Roy, que tengas una feliz resaca.

Roy llegó al sofá como pudo, se tumbó, no podía pensar, no podía hacer nada excepto cerrar los ojos, intentó abrirlos un par de veces, pero todo daba vueltas, se quitó los zapatos, se desabrochó el pantalón y se quedó dormido.

No había pasado ni media hora, Claudia se levantó. Vio a Roy tumbado en el sofá y por primera vez no le vio como el hombre de su vida sino como el tío que compartía piso con ella, quizá como un amigo, pero no como el hombre de su vida. Sacó una manta de un cajón y la tendió sobre el cuerpo de Roy, este agradeció el gesto agarrándose con fuerza a la misma, después Claudia volvió a la cama.

A la mañana siguiente Roy tenia una gran resaca, tuvo que hacer un gran esfuerzo para incorporarse en el sillón, le vino un mareo de segundos, luego su mente fue estabilizándose hasta que solo quedó un leve dolor de cabeza. Claudia dormía, o por lo menos eso parecía. La puerta del dormitorio estaba cerrada, Roy prefirió no molestarla. Fue a la cocina y sacó el cartón de leche de la nevera, se bebió un vaso, se sirvió otro, buscó por la cocina las aspirinas y se tomó una. Sintió que alguien mas estaba en la cocina, era Claudia. No le saludó, pero Roy al verla fue hacia ella.

-Buenos días, siento lo de anoche, vaya borrachera – dijo mientras se tocaba las sienes con los dedos.
Claudia no contestó, ni siquiera lo miró, actuó como si nadie más estuviese en la cocina.
-¿qué te ocurre?, ¿estas enfadada? – dijo Roy.
Pero Claudia seguía sin hacerle el menor caso.
-Claudia, por favor, dime, ¿que te pasa?
-Roy creo que lo nuestro no puede seguir así. Quiero dejarlo, al menos por un tiempo – sacó los
cereales del armario, se echó unos cuantos en un vaso y prosiguió-. Voy a serte sincera por que
eres una persona muy importante para mi y prefiero decírtelo ahora: a veces no estoy a gusto
contigo, me gustaría estar en otro sitio, sola, no sé, pero siento que no quiero seguir mas contigo,
lo siento.
Pasaron algunos segundos. Roy no dijo nada, en realidad no sabia que decir. Terminó de beber la leche y salió de la cocina.
-Roy espera – Claudia intentó detenerle.
Fue hacia el dormitorio y sacó su bolsa de viaje, nervioso, con prisa empezó a sacar su ropa del armario.
-No hace falta que hagas eso – dijo Claudia entrando en la habitación y sujetando las manos de
Roy-. Soy yo la que se va, tú no tienes que ir a ningún sitio
Roy la miró a los ojos, le pareció raro pero aquella persona no era la misma con la que había compartido sus dos últimos años. Claudia ahora era una persona extraña, fría y despiadada.
-¿por qué? – dijo Roy liberándose de las manos de Claudia.
-No lo sé Roy – Claudia comenzó a llorar.
-Vale, vale, no digas nada, esta bien – Roy abrazó a Claudia -. No pasa nada, seremos amigos, es
cierto que estos últimos días las cosas no han ido muy bien – Roy le acariciaba el pelo-. Es mejor
así, para mi lo único importante es tu felicidad
-cállate – gritó Claudia saliendo de la habitación.

Roy se sentó en el sofá, estaba triste, pensó en llamar a Carlos, pero no tenia ganas de nada, todo eran recuerdos, tristes recuerdos, y preguntas, ¿por qué?, ¿tiene otro chico?, ¿en que he fallado?, pensaba.
Encendió la tele, cambio de canal varias veces, después la apagó. Se tumbó en el sofá y cerró los ojos, no pretendía dormir, solamente quería desaparecer, evadirse del mundo, no sentir, no sentir nada. Aunque no era su objetivo, a los pocos segundos Roy se durmió.

Carlos se sentía bien. Se levantó temprano, quiso aprovechar el día, por la tarde tenia una entrevista de trabajo. Un amigo le había ofrecido trabajar en una administración de Loterías. La entrevista era puro trámite, el puesto de trabajo era suyo. Salió a la calle a comprarse cuchillas de afeitar, hacia días que en su cara poblaba una fina barba producto de la desgana.
Cuando volvía para casa, Carlos pensó en llamar a Sandra. En la primera cabina que encontró a su paso lo hizo.
Después de algunos sonidos contestaron.

-dígame
-Hola, ¿esta Sandra?
-¿quién eres? – era una voz de mujer.
-Soy Carlos – reconoció la voz de Elvira-. Tu eres Elvira, ¿no?
-Si, hola Carlos, pues esta durmiendo, ¿quieres que la despierte?
-No, no, solo dile que la he llamado
-Esta bien, mañana tenemos una actividad en la asociación, supongo que vendrás
-Sí, claro, iré, pero no sabía nada – dijo Carlos.
-¿no te lo comento Sandra?, bueno no pasa nada, es una charla sobre como evoluciona la enfermedad, va a venir un prestigioso medico que lleva varios años dedicado a estudiar una vacuna
-interesante, cuenta conmigo Elvira
-bien, te esperamos a las ocho en mi casa
La propuesta era interesante, Carlos acudiría, y así de paso vería a Sandra.

La entrevista no duro más de media hora. Carlos ya tenia trabajo, no era el empleo de su vida pero para ganarse un dinero le venia bien, además la prestación por desempleo le cumpliría dentro de poco, era un salvavidas al que agarrarse hasta que saliera algo mejor o llegara lo peor.

Llegó a casa de Elvira a las ocho menos diez. Tardaron en abrirle la puerta, pero pasados algunos minutos Sandra le abrió.

-Hola Carlos – dijo Sandra con dulzura.
-Hola, vengo a la charla - dijo Carlos y besó la mejilla de Sandra.
-Sí pasa, llamaré a mi madre

Carlos aceptó la invitación de Sandra a entrar y después a sentarse. Mientras esperaba a que Elvira viniese a saludarlo, Carlos ojeó una revista que había a su lado. La leyó por encima, al ir a dejarla encima de la mesa se dio cuenta de que se había desprendido un papel de la misma. Carlos cogió el papel doblado y después de abrirlo leyó lo siguiente:

“ Srta. Elvira:
El balance de la asociación es fabuloso, espero y deseo que sigan sus éxitos, este mes se han unido cuarenta y tres personas, pronto nuestra causa será un gran triunfo.
Por otra parte le ruego se de prisa en mandarme las estadísticas individuales de cada miembro, así podremos actualizar la clasificación para los correspondientes premios de este mes.
Recibe un saludo y da un beso a Sandra.
Atentamente:
Felipe Ruiz”

Carlos guardó la carta en su bolsillo, no supo por que lo hizo, fue como un acto reflejo al ver que Elvira se acercaba al salón.

-Hola Carlos, pues si me acompañas, el profesor Raymond nos esta esperando en la sala de
reuniones
-Hola Elvira, claro, será interesantísimo – dijo Carlos.

La reunión fue amena, e interesante, se trataron diversos temas. Al finalizar la charla del profesor, Elvira anunció a todos los asistentes que les invitaba a un pequeño cóctel. Enseguida todos pasaron a otra salita donde había diversos canapés y bebida variada. Carlos cogió una cerveza y fue a ver a Sandra que charlaba con un individuo mucho mayor que ella.

-Hola, ¿interrumpo? – dijo Carlos interponiéndose entre Sandra y el hombre.
-No, solo comentábamos lo interesante que ha resultado la charla del Dr. Raymond – dijo
Sandra.
-Sandra me alegro de verte tan bien – dijo el hombre tocando su hombro-. Voy a ver a tu madre,
luego te veo
-¿me esperas un minuto?, voy a coger una cerveza – dijo Sandra
-aquí estaré – respondió Carlos.
Sandra no quiso tardar mucho, Carlos la estaba esperando.
-Oye, ¿cuándo vamos a repetir lo de la otra noche? – preguntó Carlos.
-pues no sé, nunca supongo - Dijo Sandra.
-Como quieras, sabes, ya tengo trabajo
-si, que bien, ¿dónde?
-un amigo mío me ofreció trabajar en su administración de Loterías. Esta tarde su padre me ha
hecho una entrevista, empiezo pasado mañana, trabajaré de lunes a viernes, y el sueldo no es
malo
-me alegro por ti Carlos – Sandra se bebió la cerveza de un trago-. Espero que todo te vaya bien,
sin duda lo mereces, ahora si me disculpas, tengo que hablar con mi madre
-sí, yo ya me voy, mañana tengo que madrugar – dijo Carlos.
-¿mañana?, tu último día para dormir y tienes que madrugar, ¿para que? – preguntó Sandra.
-Pues, no lo sé, supongo que quiero aprovechar el día
-como eres – Sandra acarició la mejilla de Carlos, después se fue.

En realidad Carlos no quiso decir a Sandra por que tenía que madrugar. Mañana era veintinueve de octubre, tenía la analítica a las ocho y cuarto de la mañana.
Llegó a su casa, se duchó y fue directamente a la cama. Le costó dormirse. Pensaba en que una vez que le hicieran los análisis la suerte estaría echada. Si era seropositivo lo sabría él y el mundo entero. Se quería auto convencer de no ir, de dejarlo pasar, total, si tengo el sida ya saldrá cuando tenga que salir, pensaba. Al fin el sueño pudo al pensamiento y Carlos se durmió.

El despertador sonó, Carlos se despertó rápido. Despertó como uno de esos días en los que tienes algo importante que hacer. Se vistió rápido, sin dejar de pensar en lo que se le venia encima. Carlos odiaba las agujas, no le gustaba nada hacerse análisis. Hace un par de años se desmayó después de sacarle sangre, su amigo Roy había ido con él, una suerte, pues le agarró y le sostuvo hasta que reaccionó. Pero ahora todo era distinto, al menos eso quería pensar Carlos.
Caminó rápido hasta el ambulatorio. Cuando llegó había mucha gente esperando. Hoy todos se hacen análisis, pensó Carlos y se puso al final de la fila. A pesar de la gente que había la cosa iba rápida, pareciese la mili, o ganado para marcar. Entraban y a los pocos segundos salían con el brazo doblado y la cara blanca. Carlos no pensaba, no quería pensar en nada, si pensaba lo mas seguro era que se marearía y ahora no tenia a nadie que lo sujetase. Intentó concentrarse, después de quince minutos llegó su turno. Carlos entró en la sala, una mujer lo invitó a sentarse.

-Hola joven, a ver subete la manga de la camisa – dijo la doctora sujetando una goma elástica.
-Carlos descubrió su brazo derecho y lo apoyó en la mesa. Debajo del brazo había como una especie de almohadilla. La doctora rodeó el brazo de Carlos con la goma he hizo un fuerte nudo, después cogió un algodón y lo empapó en alcohol. Miró la hoja de la analítica y cogió seis tubos, acto seguido abrió un envoltorio, dentro había una finísima aguja. Carlos no quería mirar, fijó su vista en el suelo. La doctora clavó con sutileza la aguja en el brazo de Carlos e introdujo el primer bote para llenarlo de sangre, una vez estuvo lleno lo sacó, y metió otro, así uno detrás de otro. Carlos fue sintiendo como sus fuerzas flaqueaban, empezó a sudar, y un calor le subió de los pies a la cabeza, su visión comenzó a perder color.

-bien pues ya esta – dijo la doctora mientras sacaba la aguja del brazo de Carlos-. ¿te encuentras
bien? – pregunto la doctora.
-Sí – respondió Carlos con voz lacónica.
-¿seguro?
-Bueno estoy un poco mareado
-Sí, de verdad, no creo, esta bien, pues pon las dos manos encima de la mesa – la doctora dejó
pasar algunos segundos-. ¿ya te encuentras mejor?
-Sí, parece que sí, es que me habéis sacado mucha sangre, ¿no? – dijo Carlos ya con mejor color.
-No, hombre, que va, la justa – la doctora sonrió.
-Bien, bueno ya estoy bien, ¿puedo tomarme un zumo? – preguntó Carlos.
-Claro, puedes tomarte lo que quieras, ¿de verdad te encuentras bien? – insistió la doctora.
-Sí, seguro
-Pues entonces ya esta todo
-Gracias – dijo mientras se bajaba la manga de la camisa.

Carlos salió, todavía estaba un poco confuso. Sacó un zumo de la maquina del mismo ambulatorio y lo bebió de un trago. De vuelta a casa volvió a pensar en lo que acababa de hacer, era como decirle a un vidente que te anticipe tu muerte. Carlos estaba convencido de que era seropositivo. Llegó a casa y se tumbó a leer, pero había pasado mala noche, y había madrugado, así que sin querer se durmió.

Elvira buscaba en los cajones, los abría y cerraba con nerviosismo buscando algo. De repente Sandra apareció.

-¿qué buscas? – preguntó extrañada.
-No es asunto tuyo, fuera de aquí
-Desde luego que no, desde que nací nada es asunto mío – dijo Sandra, después se marchó.

Fue a casa de Carlos. Tardó poco, tenía ganas de verle.

-Hola, Sandra – Carlos se tocó el pelo, y se restregó los ojos desperezándose.
-Hola, perdona si te molesto, ¿estabas durmiendo? – dijo Sandra cruzándose de brazos -. ¿Puedo
dormir esta noche contigo?, he discutido con mi madre – dijo con cara de pena.
-Si, claro, pasa.

Sandra entró, se quitó el abrigo, a los pocos segundos sintió una mano en su hombro. Carlos la giró, los dos quedaron frente a frente y se besaron. Juntaron sus calidos labios, el beso fue llenándose de deseo. Comenzaron a desnudarse, se acariciaban con pasión, no hablaron, solo se dejaron llevar por la situación.

Sandra dormía. Carlos se levantó con cuidado, no quiso despertarla. Salió despacio de la habitación y fue a mirar el bolso de Sandra. Encontró su cartera, la abrió, además de la documentación, le sorprendió ver la tarjeta de la asociación, en ella además de un teléfono y su nombre se podía leer: “RANGO: sentí “. Carlos la volvió a guardar. En el bolso también había un buen número de preservativos. Cerró el bolso y volvió a la cama. Se tumbó y abrazó a Sandra, ella agradeció el gesto agarrando con fuerza el brazo de Carlos.

Era sábado y hacia mucho tiempo que Carlos no salía de marcha con Luis, tenía ganas, así que lo llamó, este no opuso mucha resistencia. Quedó con él a las once.

Llevaba diez minutos esperando. Luis y su puntualidad, pensó.

-que pasa tío, perdona el retraso, es que no sabía que chaqueta ponerme – dijo dando la mano a
Carlos.
-No te preocupes, vamonos ya, tengo sed.

Empezaron la noche en un Púb. cercano, en él la música no estaba muy alta y como hacia mucho tiempo que no se veían así podrían charlar. Llegaron y el local estaba con muy buen ambiente. Pidieron dos cervezas y se sentaron en la barra.
En un momento de la conversación Carlos sacó el tema del VIH.

-la semana pasada me hice las pruebas para ver si la cagada con la prostituta me ha traído la
ruina – dijo Carlos.
-Sí, eso esta bien, lo mejor es saberlo cuanto antes – dijo Luis sin escuchar mucho lo que decía
Carlos-. Por que si lo tienes lo mejor es atajarlo cuanto antes – sentenció mientras miraba a una
rubia que había al otro lado del Púb.
-Sí – Carlos dio un buen trago a la cerveza.
Luis empezó a agudizar la vista, y se dio cuenta de que la rubia que miraba era Claudia.

-Mira Carlos, aquella no es Claudia – dijo agarrándole el hombro.
Carlos volvió su cabeza y se fijó en la chica. En efecto era ella, compartía cerveza con un joven. Carlos al darse cuenta de que era ella, miró a su acompañante con rapidez, esperando ver a Roy, pero no estaba con él. Luis y Carlos se miraron extraños, acabaron sus cervezas y salieron del Púb.

-era ella ¿no? – preguntó Carlos -. Voy a llamar a Roy, ¿me dejas tu móvil?
Carlos llamó a Roy, este dormía así que tardó algunos segundos en coger el teléfono.

-dígame – respondió una voz somnolienta.
-Soy Carlos, ¿qué tal tío?
-Jodido, y más jodido ahora que me has despertado
-Oye ¿sigues con Claudia verdad?, me refiero a que cuando me dijiste que las cosas iban mal, no
habrá...
-Vale ya tío, ¿estas pedo? – dijo Roy sin dejar terminar a Carlos-. No estoy con ella, me plantó
hará como una semana o así, aunque claro el tiempo pasa tan despacio últimamente para mi
que es probable que haya sido ayer – Roy respiró hondo -. Y ahora, ¿puedes dejarme dormir?
-Sí, oye lo siento, te llamaré para hablar contigo

La noche no salió todo lo bien que ambos esperaban. La noticia de que Roy no estaba con Claudia enturbió toda la velada. A las cuatro los dos estaban algo borrachos y decidieron irse a dormir. Carlos antes de ir a su casa en su estado de embriaguez se le ocurrió algo mejor.

Sandra abrió la puerta, estaba en pijama y despeinada.

-¿qué haces aquí?
-Te echaba de menos – respondió Carlos apoyándose en la puerta.
-Vamos, ¿estas borracho?, lo que me faltaba, anda largate – dijo y cerró la puerta.

Carlos se apoyó contra la pared y se dejó deslizar por ella hasta quedar sentado. Hundió su cabeza entre los brazos y se quedó dormido.
Sandra abrió la puerta ya vestida y vio a Carlos sentado junto a su puerta.

-vamos despierta – dijo mientras le daba repetidos golpes en el brazo.
-Venga Carlos – abrió los ojos -. Vamos a tu casa, hoy también dormiré contigo – le ayudó a
levantarse.

Salieron a la calle. Carlos estaba más despejado, o al menos eso parecía. No habló nada, en cierto modo se arrepentía de haber ido a buscar a Sandra.

-¿qué pasa ahora, se te ha comido la lengua el gato? – dijo Sandra cogiéndole de la mano.
-Oye Sandra, lo siento, lo siento de veras, no tenía que haberte molestado – se soltó de su mano
y se abrochó el abrigo -. Soy un imbecil
-De eso nada, Carlos me gusta estar contigo, ahora cállate, deja que la noche hable por ti, tu solo
dame la mano e invítame a tu casa, dormiremos juntos

Roy se levantó, puso la radio y calentó café. Odiaba su situación. Los domingos eran muy tristes, echaba de menos a Claudia. Desayunó con desgana, después se duchó.

Claudia se quitó el brazo de Alberto de encima. Se levantó de la cama, fue a su bolso y cogió el móvil, lo encendió. Tenia un mensaje, lo abrió rápido, esperaba que fuera de Roy, quería que fuera de Roy, no le amaba, ni siquiera quería volver con él, pero ella deseaba que no la olvidase, al menos tan pronto. Después pensó que era despiadada, que era mala, por querer que Roy pensase en ella. Si ella le había dejado lo mejor era que rehiciera su vida y fuera feliz. Pero la idea de que Roy se despertase esta mañana de domingo junto a otra mujer la descompuso, dejó de pensar en ello. Volvió a la cama y empezó a comer el cuello de Alberto, él despertó enseguida. Se abrazaron.

-¿qué madrugadora eres? – dijo mientras besaba el cuello de Claudia.
-Sí, es que durmiendo no puedo disfrutar de ti – dijo mientras acariciaba el pecho de Alberto.
-será mejor que nos levantemos si queremos aprovechar el día. He pensado que podíamos irnos
algún pueblo, comeremos fuera, probaremos algún plato típico de algún pueblecito escondido,
¿te parece?
-no sé...yo había pensado quedarnos todo el día en la cama, comiendo lo que sea y besándonos
todo el tiempo, ¿te parece? – dijo Claudia.
-eres increíble - dijo Alberto y los dos se deshicieron de nuevo en caricias y abrazos.

 
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