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La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 10

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 10


Después de todo no es tan malo, pensó Claudia. Se intentaba auto convencer de que Roy era el hombre de su vida, sin embargo otra parte de su alma la pedía a gritos que lo dejara. Alberto la había hecho sentir algo especial. Ese minuto, ese beso en la boca de metro, valía por los dos últimos años.
Llegó a casa, y Roy la esperaba en el salón. Él había salido antes del trabajo, tenía unas entradas para ver un espectáculo de magía. Recibió a Claudia con un beso, ella no puso muchas ganas. Se quitó el abrigo y se tumbó en el sofá. Cambió de canal, se desabrochó el pantalón y encendió un cigarrillo.

-estoy cansadísima, no sabes que día he tenido – dijo ella.
-¿si? – respondió él.

Roy empezó a sentirse mal. Había comprado las entradas tres meses antes, hacia semanas que se habían agotado, era un espectáculo único, incluso habían prorrogado la función otro día mas con las localidades ya vendidas también. Al ver la desgana de Claudia se le quitaron las ganas de todo. Todavía tenía las entradas en la mano, las guardó en el bolsillo y salió de casa.

Carlos espero a las dos de la tarde, hora en que Roy salía del trabajo para comer y lo llamó por teléfono.
-Roy soy Carlos, ¿cómo lo llevas?
-hola, pues mal, muy mal, las cosas con Claudia no van todo lo bien que quisiera
-te llamaba para ver si quieres que cenemos juntos esta noche
Carlos no solía salir entre diario, eso a Roy le sorprendió, imaginó que tendría algo que decirle, como él también estaba pasando un mal momento, quedo con Carlos para cenar.

Roy vio venir a Carlos, enseguida fue a su encuentro. Se fundieron en un abrazo, y empezaron a caminar.

-bien, ¿dónde vamos? – dijo Roy.
-No sé, donde tú quieras. Que te parece si vamos al “Gran Grifo”
-Por mi de acuerdo

“El Gran Grifo” era un restaurante. Se podía cenar a la carta, pero lo más frecuente era tapear, y eso hicieron.
Se sentaron en una mesa en la zona de no fumadores. Pidieron una ración de bravas, calamares, chopitos, y otra de Alí-oli, para beber, cerveza.

-no sé que le pasa a Claudia – dijo Roy, mientras partía un trozo de pan-. Está rara, creo que no esta bien conmigo – Roy bajó la mirada y se comió el trozo de pan.
-¿pero que dices?, tu y Claudia habéis pasado ya por lo mas duro, ahora tendríais que estar
disfrutando de la felicidad que da el vivir con la persona que quieres, ¿no? – dijo Carlos.
-no, ella no esta bien, lo noto. Esta mañana intente hacer el amor con ella pero me rechazó, dijo
que no le apetecía – el camarero empezó a dejar raciones encima de la mesa-. Vale que era
temprano, pero no le apetecía, además la noto distante, ella siempre ha sido muy cariñosa
conmigo, pero hace dos meses que no muestra señal alguna de cariño, cuando está conmigo la
noto triste. No sé, estoy confuso Carlos, yo la quiero mucho
-¿quieres que hable con ella? – dijo Carlos mientras pinchaba un calamar.
-gracias pero no, mañana lo haré yo. ¡Y ahora a comer! – dijo Roy mientras cogía un palillo y trinchaba una patata.
Cuando salieron del restaurante ya iban un poco cargados. Habían bebido mucha cerveza, estaban animados así que decidieron irse a tomar algunas copas.
Serian las cuatro de la madrugada, las luces de la discoteca deslumbraban a Carlos. Roy pedía otra copa en la barra, Carlos se acercó a él.

-Venga unos chupitos Roy – dijo Carlos, los dos estaban medio borrachos.
-Vale, dos chupitos de tequila – gritó Roy al camarero.
Se reían de cualquier cosa. Los dos, con una copa en la mano, apoyados en la barra, se contaban cualquier cosa y se reían.
-¿Recuerdas la prueba esa que te dije para saber si eras seropostivo? – dijo Carlos entre risas.
-Sí – Roy seguía riendo a carcajadas-. ¿qué pasa con la puta prueba?
-pues no te lo vas a creer – dijo Carlos, los dos reían, puso su mano sobre el hombro de Roy-. me
ha dado positiva, dentro de poco tendré sida
-Roy dejo de reír, Carlos también, se miraron durante algunos segundos, eternos segundos.
-¿es una broma no? – dijo Roy muy serio
-no, ayer me llegó el test a mi casa, lo hice y salió positivo
-no sé que decir, estoy muy triste, lo siento – dijo Roy.
-¿cómo?, ¡jodete! – dijo Carlos riéndose-. Anda, pide otra copa, bailemos, la vida sigue, ¿o no?, la
vida sigue hasta que llegue el fin, y te aseguro una cosa, voy a disfrutar cada minuto que me
quede en este mundo – cogió su copa y la acabó de un trago.
-Sí – dijo Roy casi llorando-. Sí...es lo mejor.

Roy abrió la puerta de casa. Claudia dormía en el sofá, pero al oír entrar a Roy se despertó.

-¿de donde coño vienes? – dijo Claudia quitándose el pelo de la cara.
-De fiesta, la mejor fiesta de mi vida – dijo Roy tambaleándose.
-Perfecto – Claudia se levantó del sillón.
-¿no me das un beso? – Roy se apoyo en la puerta del salón para no derrumbarse.
-Hasta mañana Roy, que tengas una feliz resaca.

Roy llegó al sofá como pudo, se tumbó, no podía pensar, no podía hacer nada excepto cerrar los ojos, intentó abrirlos un par de veces, pero todo daba vueltas, se quitó los zapatos, se desabrochó el pantalón y se quedó dormido.

No había pasado ni media hora, Claudia se levantó. Vio a Roy tumbado en el sofá y por primera vez no le vio como el hombre de su vida sino como el tío que compartía piso con ella, quizá como un amigo, pero no como el hombre de su vida. Sacó una manta de un cajón y la tendió sobre el cuerpo de Roy, este agradeció el gesto agarrándose con fuerza a la misma, después Claudia volvió a la cama.

A la mañana siguiente Roy tenia una gran resaca, tuvo que hacer un gran esfuerzo para incorporarse en el sillón, le vino un mareo de segundos, luego su mente fue estabilizándose hasta que solo quedó un leve dolor de cabeza. Claudia dormía, o por lo menos eso parecía. La puerta del dormitorio estaba cerrada, Roy prefirió no molestarla. Fue a la cocina y sacó el cartón de leche de la nevera, se bebió un vaso, se sirvió otro, buscó por la cocina las aspirinas y se tomó una. Sintió que alguien mas estaba en la cocina, era Claudia. No le saludó, pero Roy al verla fue hacia ella.

-Buenos días, siento lo de anoche, vaya borrachera – dijo mientras se tocaba las sienes con los dedos.
Claudia no contestó, ni siquiera lo miró, actuó como si nadie más estuviese en la cocina.
-¿qué te ocurre?, ¿estas enfadada? – dijo Roy.
Pero Claudia seguía sin hacerle el menor caso.
-Claudia, por favor, dime, ¿que te pasa?
-Roy creo que lo nuestro no puede seguir así. Quiero dejarlo, al menos por un tiempo – sacó los
cereales del armario, se echó unos cuantos en un vaso y prosiguió-. Voy a serte sincera por que
eres una persona muy importante para mi y prefiero decírtelo ahora: a veces no estoy a gusto
contigo, me gustaría estar en otro sitio, sola, no sé, pero siento que no quiero seguir mas contigo,
lo siento.
Pasaron algunos segundos. Roy no dijo nada, en realidad no sabia que decir. Terminó de beber la leche y salió de la cocina.
-Roy espera – Claudia intentó detenerle.
Fue hacia el dormitorio y sacó su bolsa de viaje, nervioso, con prisa empezó a sacar su ropa del armario.
-No hace falta que hagas eso – dijo Claudia entrando en la habitación y sujetando las manos de
Roy-. Soy yo la que se va, tú no tienes que ir a ningún sitio
Roy la miró a los ojos, le pareció raro pero aquella persona no era la misma con la que había compartido sus dos últimos años. Claudia ahora era una persona extraña, fría y despiadada.
-¿por qué? – dijo Roy liberándose de las manos de Claudia.
-No lo sé Roy – Claudia comenzó a llorar.
-Vale, vale, no digas nada, esta bien – Roy abrazó a Claudia -. No pasa nada, seremos amigos, es
cierto que estos últimos días las cosas no han ido muy bien – Roy le acariciaba el pelo-. Es mejor
así, para mi lo único importante es tu felicidad
-cállate – gritó Claudia saliendo de la habitación.

Roy se sentó en el sofá, estaba triste, pensó en llamar a Carlos, pero no tenia ganas de nada, todo eran recuerdos, tristes recuerdos, y preguntas, ¿por qué?, ¿tiene otro chico?, ¿en que he fallado?, pensaba.
Encendió la tele, cambio de canal varias veces, después la apagó. Se tumbó en el sofá y cerró los ojos, no pretendía dormir, solamente quería desaparecer, evadirse del mundo, no sentir, no sentir nada. Aunque no era su objetivo, a los pocos segundos Roy se durmió.

Carlos se sentía bien. Se levantó temprano, quiso aprovechar el día, por la tarde tenia una entrevista de trabajo. Un amigo le había ofrecido trabajar en una administración de Loterías. La entrevista era puro trámite, el puesto de trabajo era suyo. Salió a la calle a comprarse cuchillas de afeitar, hacia días que en su cara poblaba una fina barba producto de la desgana.
Cuando volvía para casa, Carlos pensó en llamar a Sandra. En la primera cabina que encontró a su paso lo hizo.
Después de algunos sonidos contestaron.

-dígame
-Hola, ¿esta Sandra?
-¿quién eres? – era una voz de mujer.
-Soy Carlos – reconoció la voz de Elvira-. Tu eres Elvira, ¿no?
-Si, hola Carlos, pues esta durmiendo, ¿quieres que la despierte?
-No, no, solo dile que la he llamado
-Esta bien, mañana tenemos una actividad en la asociación, supongo que vendrás
-Sí, claro, iré, pero no sabía nada – dijo Carlos.
-¿no te lo comento Sandra?, bueno no pasa nada, es una charla sobre como evoluciona la enfermedad, va a venir un prestigioso medico que lleva varios años dedicado a estudiar una vacuna
-interesante, cuenta conmigo Elvira
-bien, te esperamos a las ocho en mi casa
La propuesta era interesante, Carlos acudiría, y así de paso vería a Sandra.

La entrevista no duro más de media hora. Carlos ya tenia trabajo, no era el empleo de su vida pero para ganarse un dinero le venia bien, además la prestación por desempleo le cumpliría dentro de poco, era un salvavidas al que agarrarse hasta que saliera algo mejor o llegara lo peor.

Llegó a casa de Elvira a las ocho menos diez. Tardaron en abrirle la puerta, pero pasados algunos minutos Sandra le abrió.

-Hola Carlos – dijo Sandra con dulzura.
-Hola, vengo a la charla - dijo Carlos y besó la mejilla de Sandra.
-Sí pasa, llamaré a mi madre

Carlos aceptó la invitación de Sandra a entrar y después a sentarse. Mientras esperaba a que Elvira viniese a saludarlo, Carlos ojeó una revista que había a su lado. La leyó por encima, al ir a dejarla encima de la mesa se dio cuenta de que se había desprendido un papel de la misma. Carlos cogió el papel doblado y después de abrirlo leyó lo siguiente:

“ Srta. Elvira:
El balance de la asociación es fabuloso, espero y deseo que sigan sus éxitos, este mes se han unido cuarenta y tres personas, pronto nuestra causa será un gran triunfo.
Por otra parte le ruego se de prisa en mandarme las estadísticas individuales de cada miembro, así podremos actualizar la clasificación para los correspondientes premios de este mes.
Recibe un saludo y da un beso a Sandra.
Atentamente:
Felipe Ruiz”

Carlos guardó la carta en su bolsillo, no supo por que lo hizo, fue como un acto reflejo al ver que Elvira se acercaba al salón.

-Hola Carlos, pues si me acompañas, el profesor Raymond nos esta esperando en la sala de
reuniones
-Hola Elvira, claro, será interesantísimo – dijo Carlos.

La reunión fue amena, e interesante, se trataron diversos temas. Al finalizar la charla del profesor, Elvira anunció a todos los asistentes que les invitaba a un pequeño cóctel. Enseguida todos pasaron a otra salita donde había diversos canapés y bebida variada. Carlos cogió una cerveza y fue a ver a Sandra que charlaba con un individuo mucho mayor que ella.

-Hola, ¿interrumpo? – dijo Carlos interponiéndose entre Sandra y el hombre.
-No, solo comentábamos lo interesante que ha resultado la charla del Dr. Raymond – dijo
Sandra.
-Sandra me alegro de verte tan bien – dijo el hombre tocando su hombro-. Voy a ver a tu madre,
luego te veo
-¿me esperas un minuto?, voy a coger una cerveza – dijo Sandra
-aquí estaré – respondió Carlos.
Sandra no quiso tardar mucho, Carlos la estaba esperando.
-Oye, ¿cuándo vamos a repetir lo de la otra noche? – preguntó Carlos.
-pues no sé, nunca supongo - Dijo Sandra.
-Como quieras, sabes, ya tengo trabajo
-si, que bien, ¿dónde?
-un amigo mío me ofreció trabajar en su administración de Loterías. Esta tarde su padre me ha
hecho una entrevista, empiezo pasado mañana, trabajaré de lunes a viernes, y el sueldo no es
malo
-me alegro por ti Carlos – Sandra se bebió la cerveza de un trago-. Espero que todo te vaya bien,
sin duda lo mereces, ahora si me disculpas, tengo que hablar con mi madre
-sí, yo ya me voy, mañana tengo que madrugar – dijo Carlos.
-¿mañana?, tu último día para dormir y tienes que madrugar, ¿para que? – preguntó Sandra.
-Pues, no lo sé, supongo que quiero aprovechar el día
-como eres – Sandra acarició la mejilla de Carlos, después se fue.

En realidad Carlos no quiso decir a Sandra por que tenía que madrugar. Mañana era veintinueve de octubre, tenía la analítica a las ocho y cuarto de la mañana.
Llegó a su casa, se duchó y fue directamente a la cama. Le costó dormirse. Pensaba en que una vez que le hicieran los análisis la suerte estaría echada. Si era seropositivo lo sabría él y el mundo entero. Se quería auto convencer de no ir, de dejarlo pasar, total, si tengo el sida ya saldrá cuando tenga que salir, pensaba. Al fin el sueño pudo al pensamiento y Carlos se durmió.

El despertador sonó, Carlos se despertó rápido. Despertó como uno de esos días en los que tienes algo importante que hacer. Se vistió rápido, sin dejar de pensar en lo que se le venia encima. Carlos odiaba las agujas, no le gustaba nada hacerse análisis. Hace un par de años se desmayó después de sacarle sangre, su amigo Roy había ido con él, una suerte, pues le agarró y le sostuvo hasta que reaccionó. Pero ahora todo era distinto, al menos eso quería pensar Carlos.
Caminó rápido hasta el ambulatorio. Cuando llegó había mucha gente esperando. Hoy todos se hacen análisis, pensó Carlos y se puso al final de la fila. A pesar de la gente que había la cosa iba rápida, pareciese la mili, o ganado para marcar. Entraban y a los pocos segundos salían con el brazo doblado y la cara blanca. Carlos no pensaba, no quería pensar en nada, si pensaba lo mas seguro era que se marearía y ahora no tenia a nadie que lo sujetase. Intentó concentrarse, después de quince minutos llegó su turno. Carlos entró en la sala, una mujer lo invitó a sentarse.

-Hola joven, a ver subete la manga de la camisa – dijo la doctora sujetando una goma elástica.
-Carlos descubrió su brazo derecho y lo apoyó en la mesa. Debajo del brazo había como una especie de almohadilla. La doctora rodeó el brazo de Carlos con la goma he hizo un fuerte nudo, después cogió un algodón y lo empapó en alcohol. Miró la hoja de la analítica y cogió seis tubos, acto seguido abrió un envoltorio, dentro había una finísima aguja. Carlos no quería mirar, fijó su vista en el suelo. La doctora clavó con sutileza la aguja en el brazo de Carlos e introdujo el primer bote para llenarlo de sangre, una vez estuvo lleno lo sacó, y metió otro, así uno detrás de otro. Carlos fue sintiendo como sus fuerzas flaqueaban, empezó a sudar, y un calor le subió de los pies a la cabeza, su visión comenzó a perder color.

-bien pues ya esta – dijo la doctora mientras sacaba la aguja del brazo de Carlos-. ¿te encuentras
bien? – pregunto la doctora.
-Sí – respondió Carlos con voz lacónica.
-¿seguro?
-Bueno estoy un poco mareado
-Sí, de verdad, no creo, esta bien, pues pon las dos manos encima de la mesa – la doctora dejó
pasar algunos segundos-. ¿ya te encuentras mejor?
-Sí, parece que sí, es que me habéis sacado mucha sangre, ¿no? – dijo Carlos ya con mejor color.
-No, hombre, que va, la justa – la doctora sonrió.
-Bien, bueno ya estoy bien, ¿puedo tomarme un zumo? – preguntó Carlos.
-Claro, puedes tomarte lo que quieras, ¿de verdad te encuentras bien? – insistió la doctora.
-Sí, seguro
-Pues entonces ya esta todo
-Gracias – dijo mientras se bajaba la manga de la camisa.

Carlos salió, todavía estaba un poco confuso. Sacó un zumo de la maquina del mismo ambulatorio y lo bebió de un trago. De vuelta a casa volvió a pensar en lo que acababa de hacer, era como decirle a un vidente que te anticipe tu muerte. Carlos estaba convencido de que era seropositivo. Llegó a casa y se tumbó a leer, pero había pasado mala noche, y había madrugado, así que sin querer se durmió.

Elvira buscaba en los cajones, los abría y cerraba con nerviosismo buscando algo. De repente Sandra apareció.

-¿qué buscas? – preguntó extrañada.
-No es asunto tuyo, fuera de aquí
-Desde luego que no, desde que nací nada es asunto mío – dijo Sandra, después se marchó.

Fue a casa de Carlos. Tardó poco, tenía ganas de verle.

-Hola, Sandra – Carlos se tocó el pelo, y se restregó los ojos desperezándose.
-Hola, perdona si te molesto, ¿estabas durmiendo? – dijo Sandra cruzándose de brazos -. ¿Puedo
dormir esta noche contigo?, he discutido con mi madre – dijo con cara de pena.
-Si, claro, pasa.

Sandra entró, se quitó el abrigo, a los pocos segundos sintió una mano en su hombro. Carlos la giró, los dos quedaron frente a frente y se besaron. Juntaron sus calidos labios, el beso fue llenándose de deseo. Comenzaron a desnudarse, se acariciaban con pasión, no hablaron, solo se dejaron llevar por la situación.

Sandra dormía. Carlos se levantó con cuidado, no quiso despertarla. Salió despacio de la habitación y fue a mirar el bolso de Sandra. Encontró su cartera, la abrió, además de la documentación, le sorprendió ver la tarjeta de la asociación, en ella además de un teléfono y su nombre se podía leer: “RANGO: sentí “. Carlos la volvió a guardar. En el bolso también había un buen número de preservativos. Cerró el bolso y volvió a la cama. Se tumbó y abrazó a Sandra, ella agradeció el gesto agarrando con fuerza el brazo de Carlos.

Era sábado y hacia mucho tiempo que Carlos no salía de marcha con Luis, tenía ganas, así que lo llamó, este no opuso mucha resistencia. Quedó con él a las once.

Llevaba diez minutos esperando. Luis y su puntualidad, pensó.

-que pasa tío, perdona el retraso, es que no sabía que chaqueta ponerme – dijo dando la mano a
Carlos.
-No te preocupes, vamonos ya, tengo sed.

Empezaron la noche en un Púb. cercano, en él la música no estaba muy alta y como hacia mucho tiempo que no se veían así podrían charlar. Llegaron y el local estaba con muy buen ambiente. Pidieron dos cervezas y se sentaron en la barra.
En un momento de la conversación Carlos sacó el tema del VIH.

-la semana pasada me hice las pruebas para ver si la cagada con la prostituta me ha traído la
ruina – dijo Carlos.
-Sí, eso esta bien, lo mejor es saberlo cuanto antes – dijo Luis sin escuchar mucho lo que decía
Carlos-. Por que si lo tienes lo mejor es atajarlo cuanto antes – sentenció mientras miraba a una
rubia que había al otro lado del Púb.
-Sí – Carlos dio un buen trago a la cerveza.
Luis empezó a agudizar la vista, y se dio cuenta de que la rubia que miraba era Claudia.

-Mira Carlos, aquella no es Claudia – dijo agarrándole el hombro.
Carlos volvió su cabeza y se fijó en la chica. En efecto era ella, compartía cerveza con un joven. Carlos al darse cuenta de que era ella, miró a su acompañante con rapidez, esperando ver a Roy, pero no estaba con él. Luis y Carlos se miraron extraños, acabaron sus cervezas y salieron del Púb.

-era ella ¿no? – preguntó Carlos -. Voy a llamar a Roy, ¿me dejas tu móvil?
Carlos llamó a Roy, este dormía así que tardó algunos segundos en coger el teléfono.

-dígame – respondió una voz somnolienta.
-Soy Carlos, ¿qué tal tío?
-Jodido, y más jodido ahora que me has despertado
-Oye ¿sigues con Claudia verdad?, me refiero a que cuando me dijiste que las cosas iban mal, no
habrá...
-Vale ya tío, ¿estas pedo? – dijo Roy sin dejar terminar a Carlos-. No estoy con ella, me plantó
hará como una semana o así, aunque claro el tiempo pasa tan despacio últimamente para mi
que es probable que haya sido ayer – Roy respiró hondo -. Y ahora, ¿puedes dejarme dormir?
-Sí, oye lo siento, te llamaré para hablar contigo

La noche no salió todo lo bien que ambos esperaban. La noticia de que Roy no estaba con Claudia enturbió toda la velada. A las cuatro los dos estaban algo borrachos y decidieron irse a dormir. Carlos antes de ir a su casa en su estado de embriaguez se le ocurrió algo mejor.

Sandra abrió la puerta, estaba en pijama y despeinada.

-¿qué haces aquí?
-Te echaba de menos – respondió Carlos apoyándose en la puerta.
-Vamos, ¿estas borracho?, lo que me faltaba, anda largate – dijo y cerró la puerta.

Carlos se apoyó contra la pared y se dejó deslizar por ella hasta quedar sentado. Hundió su cabeza entre los brazos y se quedó dormido.
Sandra abrió la puerta ya vestida y vio a Carlos sentado junto a su puerta.

-vamos despierta – dijo mientras le daba repetidos golpes en el brazo.
-Venga Carlos – abrió los ojos -. Vamos a tu casa, hoy también dormiré contigo – le ayudó a
levantarse.

Salieron a la calle. Carlos estaba más despejado, o al menos eso parecía. No habló nada, en cierto modo se arrepentía de haber ido a buscar a Sandra.

-¿qué pasa ahora, se te ha comido la lengua el gato? – dijo Sandra cogiéndole de la mano.
-Oye Sandra, lo siento, lo siento de veras, no tenía que haberte molestado – se soltó de su mano
y se abrochó el abrigo -. Soy un imbecil
-De eso nada, Carlos me gusta estar contigo, ahora cállate, deja que la noche hable por ti, tu solo
dame la mano e invítame a tu casa, dormiremos juntos

Roy se levantó, puso la radio y calentó café. Odiaba su situación. Los domingos eran muy tristes, echaba de menos a Claudia. Desayunó con desgana, después se duchó.

Claudia se quitó el brazo de Alberto de encima. Se levantó de la cama, fue a su bolso y cogió el móvil, lo encendió. Tenia un mensaje, lo abrió rápido, esperaba que fuera de Roy, quería que fuera de Roy, no le amaba, ni siquiera quería volver con él, pero ella deseaba que no la olvidase, al menos tan pronto. Después pensó que era despiadada, que era mala, por querer que Roy pensase en ella. Si ella le había dejado lo mejor era que rehiciera su vida y fuera feliz. Pero la idea de que Roy se despertase esta mañana de domingo junto a otra mujer la descompuso, dejó de pensar en ello. Volvió a la cama y empezó a comer el cuello de Alberto, él despertó enseguida. Se abrazaron.

-¿qué madrugadora eres? – dijo mientras besaba el cuello de Claudia.
-Sí, es que durmiendo no puedo disfrutar de ti – dijo mientras acariciaba el pecho de Alberto.
-será mejor que nos levantemos si queremos aprovechar el día. He pensado que podíamos irnos
algún pueblo, comeremos fuera, probaremos algún plato típico de algún pueblecito escondido,
¿te parece?
-no sé...yo había pensado quedarnos todo el día en la cama, comiendo lo que sea y besándonos
todo el tiempo, ¿te parece? – dijo Claudia.
-eres increíble - dijo Alberto y los dos se deshicieron de nuevo en caricias y abrazos.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 9

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 9


Claudia esperaba el autobús. Ya era viernes. La semana había pasado más bien que mal, sobre todo por la sorpresa de cumpleaños de Roy, en el aspecto negativo destacaba que no podía dejar de pensar en Alberto.
Estaba sentada ya en el autobús, y se le ocurrió llamarlo, no sabia por que iba a hacerlo, pero le apetecía, quería hacerlo, y lo hizo.

-hola – contesto Alberto.
-Hola, soy yo, ¿cómo estas?
-Bien –no le hizo falta preguntar quien era, conocía la voz de Claudia-. Te llamé el otro día, pero
no me cogiste el teléfono
-Perdona, es que estaba en la ducha, luego te llamé yo, pero tu teléfono estaba apagado o fuera
de cobertura – mintió Claudia.
-he pensado mucho en ti esta semana, lo pase muy bien contigo el otro día – dijo Alberto casi
susurrando sus palabras.
-Yo también he pensado en ti – después de una pausa prosiguió-. Y no quiero hacerlo Alberto,
tengo novio, como sabes, y le quiero –se tomó un segundo de respiro, después continuó
hablando-. De repente apareces tú de la nada, y me absorbes el pensamiento, hasta tal punto
que no hago otra cosa que pensar en ti, siento decirte todo esto, por que a lo mejor te confundo, o me confundo yo, no lo se – Claudia empezó a llorar.
-Tranquila Claudia, no pasa nada, siento que estés así por mi culpa, ¡desapareceré de tu vida!, ¡te
lo juro!, lo siento, siento haberte llamado el otro día
-pero que dices, no quiero que desaparezcas – dijo Claudia llorando-. Quiero volver a verte,
¿y tu?, ¿qué dices? – saco un pañuelo del bolso y se limpió las lagrimas, se sonó la nariz, todo el
autobús la observaba.
-Vale, llámame el Sábado y hablamos, ¿de acuerdo?, pero por favor no llores, no soporto verte
triste
-vaya, menuda mierda – gritó Claudia.
-¿qué ocurre?, ¿qué he dicho ahora?
-No es por ti. Perdona, es que me he pasado mi parada.

Por la tarde cuando Roy vio a Claudia, se dio cuenta de que había llorado, sus ojos se ponían rojos e hinchados.

-¿por qué has llorado?
-No he llorado
-Si lo has hecho, ¿por qué pretendes engañarme?
-No lo hago
-Si que lo haces
-No
-Si
-maldita sea –gritó Roy-. Estoy harto Claudia, ¡harto, me entiendes!, ¡me voy!
-¿dónde vas? – gritó Claudia al ver como se dirigía a la puerta para marcharse.
-¡de putas! – dijo, y salió de la casa dando un portazo.

Claudia empezó a llorar de nuevo. Se tumbó en el sofá del salón y lloró, hasta que sin quererlo, se quedó dormida allí mismo.
Roy tardó dos horas en volver a casa. Se encontró a Claudia tumbada en el sofá con un par de cojines como almohada. Deslizó un brazo por debajo del cojín, el otro lo pasó por debajo de sus piernas, levantó a Claudia y la llevó a la cama, después la besó en la mejilla, acarició su pelo, ella no despertó. Se quitó la ropa, puso el despertador y se tumbó a dormir, antes de hacerlo procuro pasar un brazo por encima del cuerpo de Claudia, para sentir su cuerpo, su respiración, para estar cerca de ella.

Carlos había terminado de arreglarse. Había quedado a las once en el Vips de Gran vía, iba a ir de cena con la asociación, después irían al cine, a ver cualquier cosa, la película era lo de menos, lo importante es que él se sentía bien divirtiéndose con esa gente.
Miró el bulto de su cuello y lo untó bien de colonia, a ver si se seca, pensó.
Cuando llegó todos estaban esperandolo. Saludo a todos los presentes.
Estaba hablando con Julio un miembro de la asociación cuando notó una palmadita en la espalda, Carlos se volvió, era Sandra.

-Hola – dijo, y después le dio un beso en la mejilla.
-Hola, ¿qué tal? – Carlos estaba absorto, ya no solo por que lo saludase de aquella manera, sino
por su belleza.
-Sandra después se alejó. Empezó hablar con otra gente. Carlos no podía dejar de mirarla. Se
quedó mirándola durante algunos minutos, después, pasaron a cenar.

En la cena Sandra se puso al lado de Carlos. Lo hizo a propósito. No hablaron en toda la cena. Justo antes de que el camarero trajera la cuenta, Carlos notó la mano de Sandra acariciándole la entrepierna, el dio un pequeño salto, después la miró. La mano de Sandra seguía tocándole, ella, mientras, terminaba su postre, no le miraba, solo comía y le tocaba. Carlos deslizó su mano por debajo de la mesa, y con delicadeza se quitó la mano de Sandra de encima.
Ya dentro del cine, se sentaron juntos. Carlos hizo todo lo posible para no sentarse al lado de Sandra, pero esta hizo todo lo posible para sentarse a su lado, al final se salió con la suya.
Sandra deslizó su mano por la pierna de Carlos, pero este no se inmutó, cuando ella intento bajarle la cremallera del pantalón, le quitó la mano.
Estate quieta – dijo Carlos susurrándole al oído.
No quiero, se que te gusto – le respondió en voz baja, después le empezó a dar besos en el cuello.
Carlos estaba empezando a excitarse, de hecho ya lo estaba. Sandra le comía el cuello, intentaba acercase a su boca, pero el volvía la cabeza, ella volvía entonces a su cuello, dirigió su mano a la entrepierna de Carlos, le acariciaba el pene por encima del pantalón, entonces Carlos se la quitó de encima como pudo, se levantó y se marchó.

-lo siento, lo siento – decia mientras torpemente pasaba entre la gente.
-¿dónde vas? – le dijo Elvira.
-Lo siento, ya te llamaré, no me encuentro bien

Llegó a Casa, no podía dejar de pensar en Sandra, ¿por qué se había mostrado tan cariñosa?, pensó. Después de ducharse y ponerse el pijama, se maldijo por no haber aprovechado aquella oportunidad, ella le gustaba, ¿por qué no había seguido con aquel juego?, pensó. Fue al baño, allí se dio cuenta de que el grano o lo que demonios fuese aquello, no se secaba, seguía igual que cuando lo descubrió, incluso un poco mas grande. Lo palpó, no tenia buena pinta, se quedó durante algunos minutos mirándose en el espejo. Allí estaba, a las cuatro de la mañana, mirándose en el espejo, mientras lo hacia, salió de aquel baño para regresar a su pasado: recordó su primer beso, su primer amor, imágenes de cuando era joven pasaron por su cabeza, sus padres, fueron algunos minutos de imágenes, diapositivas, desde que tenia uso de razón hasta la ultima noche.

Alberto y Claudia se vieron en un café de la Plaza de Chueca. Se recibieron con dos besos. Claudia había tenido una gran preocupación por como seria el primer instante, pero fue mucho menos embarazoso de lo que había imaginado.
Hablaron durante varias horas, se pusieron al día, y se dieron cuenta de lo mucho que habían cambiado. Claudia también se dio cuenta a medida que hablaba con Alberto de lo mucho que había perdido, como se arrepentía de haberlo dejado, no sabia que la ocurría, pero se sentía bien escuchando su voz, muchas cosas de las que Alberto le contaba no le importaban, pero se quedaba escuchándole, hipnotizada por el timbre de su voz.
Al llegar a la boca de Metro tenían que separarse, en ese momento Claudia abrazó a Alberto, acarició su espalda, él la apartó, la cogió con fuerza de la nuca y la besó.
Estuvieron besándose durante algo mas de dos minutos, Claudia fue la que paró, después dio un pequeño empujón a Alberto y salió corriendo, él hizo un amago de ir tras ella, pero desistió. Caminó hasta su casa no muy lejos de allí.

Carlos encendió su ordenador. Se tocaba el bulto del cuello, había crecido un poco. Pensó en investigar más sobre los síntomas de los seropositivos. Lo sabia casi todo, pero era tanta la preocupación que tenia en ese momento que volvió a leer lo que ya sabia, sin embargo encontró una pagina que no había visto antes, le informaban de una prueba para detectar si eres portador del VIH. Una empresa americana distribuía algo parecido a un test de embarazo, en unos quince minutos podías saber si estabas contagiado. ¡Que fabuloso invento!, pensó Carlos, y enseguida se puso a rellenar un formulario de pedido. El test costaba veinticinco euros, gastos de envío incluidos. Rellenó todos los campos, tardarían veinticuatro horas en entregarle el test. Apagó el ordenador. Le empezó a entrar un temblor en todo el cuerpo, dentro de poco sabría si estaba enfermo. De estarlo, ¿qué haría?, pensó, no sabia como reaccionaria si esa maldita prueba le daba positivo, quizá se le vendría el mundo encima, ¿podría soportar tanta angustia?, pensó que lo mejor era no pensar en ello hasta que no se diera el momento, y así lo hizo. Salió a pasear un rato.

Claudia no podía pensar en otra cosa que no fuera en Alberto. Había salido a comprar el pan. Era Domingo, de camino para casa pensaba en él. En su estomago todavía permanecía aquel hormigueo que sintió cuando anoche le besó, eso la hacia sentirse mal, se sentía culpable por Roy, pero esa era la verdad, no quería estar con Roy. Estaba cansada de hacer una vida tan monótona, solo tenia veinticuatro años y parecía que tuviese cuarenta. Imaginó que la vida era de otra manera, que las cosas no son como ella las estaba viviendo. Pensó que la vida no era trabajar, limpiar, ver a su novio, estar con él, o quizá si, quizá era eso, pero no con Roy, estaba confundida, no sabia que quería, lo único que tenia claro en ese momento era que no quería ver a Roy.
Llegó a casa, se quitó la ropa y encendió la tele. Roy salía del baño, se acababa de duchar, estaba completamente desnudo, se acercó a Claudia y la besó.

-¿qué tal amor? – le dijo Roy.
-Bien – dijo Claudia sentándose en el sillón.
-Que buen día hace hoy, ¿qué quieres que hagamos esta tarde? – dijo Roy.
-Ah, ¿pero pensábamos hacer algo?
-Ja ja, claro, hoy haremos algo especial – propuso Roy.
-¡Algo especial!, pensó Claudia, ¿por eso tengo que sentirme halagada?, son cosas que Claudia no
aguantaba, no podía soportar la estupida idea de “hacer algo especial”, así que mostró su
disconformidad con un gesto despectivo hacia Roy.
-Roy que hasta el momento no se había movido del centro del salón, empezó a caminar hasta el sofá donde estaba Claudia. El cuerpo de Roy estaba todavía húmedo, incluso algunas zonas de su cuerpo estaban mojadas. Se sentó al lado de Claudia en el sofá y empezó a besar su cuello.
-venga Roy, déjame, no me apetece
Roy seguía besando el cuello de Claudia, empezó a tocar sus pechos.
-vale ya Roy, déjalo para luego.
Pero el no paró, siguió provocando a Claudia. Al final acabaron haciendo el amor en el sofá, con la tele puesta y los cuerpos mojados.

Carlos se miró en el espejo. Se observó durante algunos minutos. Se tocó de nuevo el bulto del cuello. Parecía un poco más pequeño, ¿será un simple grano?, pensó.
Abrió el paquete que esa misma mañana le había traído el cartero. Era la prueba del VIH. Dentro de la caja había un manual de instrucciones y dos cajitas de plástico. Según decía las instrucciones el funcionamiento era muy sencillo, se tenía que echar el líquido que venia aparte, al leer esto Carlos miró dentro de la caja, y allí encontró una cápsula con un líquido transparente. Lo sacó y siguió leyendo. En la superficie de una de las cajitas había una zona con algodón, allí tenia que echar el liquido que venia, después unas gotas de su sangre, acto seguido tenia que encajar las dos cajitas, de manera que la que tenia el algodón quedara cubierta con la otra, así tenia que esperar quince minutos, al quitar la caja el algodón tendría que estar de color rojo. Si en el algodón aparecía el color azul significaba que eras seropositivo.
Dudó unos segundos si hacerse el test ahora mismo o esperar a la tarde, o a mañana, pero después de algunos segundos pensó que lo mejor seria quitarse esta preocupación cuanto antes. Estaba cansado de esta historia, quería saber ya, si estaba infectado o no. En el manual de instrucciones decía que la sangre se obtuviera de un dedo, aconsejaban una aguja esterilizada para dar un pequeño pinchazo en cualquiera de las yemas. Carlos fue a la caja de costura que nunca había usado, sacó una aguja. De vuelta al baño cogió el alcohol y la roció bien, con esto ya estará esterilizada ¿no?, pensó Carlos. Agarró fuerte la aguja e intento pincharse, justo antes de hacerlo paró. ¡No podía!, intentó otra vez pincharse: apretó los dientes, cerró los ojos, y...no, no. Que difícil era hacerse sangre uno mismo. ¡Que cobarde soy!, pensó, venga, tengo que hacerlo, solo es un pequeño pinchazo, ni siquiera me dolerá, se auto convencía; al cabo de un rato, ya cegado por la desesperación se clavó la aguja. Fue un pinchazo corto, de manera que no salía casi sangre, pero le dolía un poco. Se cabreó, le cegó la ira, y empezó a pincharse repetidamente en la yema del dedo que comenzó a sangrar abundantemente. Abrió la cápsula como pudo, la sangre caía al suelo, también manchando el lavabo, una vez abrió la cápsula echó el liquido en el algodón, después puso el dedo encima y cayeron algunas gotas de sangre. Se enrolló el dedo con papel higiénico y después encajo las cajitas. ¡Por fin!, gritó desesperado.
Carlos espero diecinueve minutos. En el prospecto decía quince pero pensó que si dejaba algo más de tiempo sería más fiable. Cogió la prueba, cerró los ojos y desencajó las cajitas. El sabia que al abrir los ojos tendría una respuesta y así lo hizo. Abrió los ojos y descubrió que el algodón era de color azul. Así se quedó algunos minutos, mirando la cajita con el algodón de color azul. No se movía, estaba paralizado. La prueba decía que era fiable en un noventa y nueve porciento ¿Y ahora que?, pensó y acto seguido comenzó a derrumbarse. No lloraba, no podía, pero una tristeza enorme empezó a apoderarse de él. Por su mente pasaron momentos de su vida, de hace algunos años. Empezó a mirarse el cuerpo, los brazos, las manos. Tengo la muerte en mi sangre, pensó. Descompuesto, no paraba de mirarse el cuerpo.
No estaba triste por morirse, sabia que con su muerte moría mas gente, toda su familia, todos sus amigos, todas las personas que le querían se irían con él. Carlos ya estaba mentalizado por si esto pasaba, pero sentía una enorme pena por todos sus seres queridos.
Estaba destrozado. Sentado en la cama pensaba en su familia. Pensaba en aquella maldita noche, antes de practicar sexo con aquella prostituta, pensaba cuando tenía vida, cuando nada le impedía ser feliz. Pensó en su catorce cumpleaños, las imágenes de su padre entrando en el salón con una tarta, toda la familia aplaudía. El padre de Carlos ponía la tarta encima de la mesa, encendía las catorce velas y apagaba la luz. Carlos soplaba aquellas velas y su familia lo felicitaba. Pensó en la primera vez que se emborrachó y como llegó a casa, sus padres lo esperaban despiertos, lo primero que hizo nada mas llegar fue vomitar, pero no obtuvo una regañina, sus padres rieron, lo acostaron, lo arroparon, y aquel beso de buenas noches si tuvo sentido, más sentido que ninguno hasta ese momento. Después algunas novias, algunos años desperdiciando su vida con drogas. Y pensó en el presente, momento en el cual ya no era momento, si no una cuenta atrás inevitable.
Carlos se tumbó a dormir un rato, pero no pudo conciliar el sueño.
Como es posible que me haya sucedido esto a mi, pensó. Si no he notado ningún síntoma, ¿es posible que no hiciera bien la prueba?, buscaba algún resquicio donde agarrarse a la vida. Empezó a pensar que el podía estar dentro de ese uno por ciento de probabilidad fallida.
El teléfono sonó.

-Hola, ¿te he despertado? – dijo Sandra con voz sensual.
-No – Carlos no dormía, estaba tumbado en la cama -. ¿qué quieres? – respondió.
-¿pero sabes quien soy?
-Sí Sandra, tu voz es inconfundible – dijo Carlos con tristeza.
-bueno, ¿qué haces?
-Nada
-He pensado que podíamos vernos. Me apetece verte, quiero aclarar algunos asuntos contigo –
dijo Sandra.
-¿ahora?, son las dos de la madrugada
-No puedo esperar, ¿estas solo?
-Si – Carlos no tenía nada que perder, así que se resigno a cumplir los deseos de Sandra -.
¿Quieres venir? – dijo.
-Claro, dime donde vives – Carlos le dio la dirección de su casa-. En quince minutos te veo –
concluyó Sandra.

Carlos sabia lo que Sandra quería, a estas alturas no tenia nada que perder, lo único que temía era enamorarse, sin embargo y dadas las circunstancias, pensó que quizá le vendría bien la visita de cupido, podría darle fuerzas para los momentos tan duros que tendría que pasar, aunque quizá adelantaba acontecimientos. Como siempre, empezaba a soñar y no ponía nunca fin a sus fantasiosas historias.
Sandra tardó más de quince minutos, llamó a la puerta. Carlos abrió en pijama, un pijama de manga corta de color azul. Ella vestia informal, una camisa roja y unos tejanos. Se miraron, y se saludaron con dos besos, él la invitó a entrar en la casa.

-primera pregunta – dijo Carlos mientras Sandra se sentaba en el sofá-. ¿de donde has sacado mi
número?
-Pues como sabrás mi madre es la presidenta de una asociación y…
-Vale, vale, no sigas – la interrumpió Carlos.
-Se dio cuenta de que al lado de Sandra, en el sofá, todavía estaba la caja de la prueba del VIH.
Se puso nervioso y agarró a Sandra de las manos. La levantó del sofá con torpeza.
-¿qué haces Carlos? – dijo Sandra.
-Vamos a...
No supo que decir, agarró a Sandra de la nuca y la besó. Ella no opuso resistencia, se abrazó a la espalda de Carlos y se fundieron en un apasionado beso, se acariciaban, se besaban. Él la fue llevando al dormitorio, mientras, la acariciaba el pelo. Sandra metía sus manos por debajo de su pantalón acariciándole las nalgas. Se desnudaron besándose, los dos estaban excitadísimos. En el momento en que Carlos iba a penetrarla ella lo detuvo.
-soy seropositiva – dijo.
Pasaron algunos segundos en silencio, mirándose. Carlos volvió a besarla.
-voy a buscar un condón – la dijo, después besó su mejilla y salió de la habitación.

En el salón cogió la caja del test del sida y la guardó en un cajón del mueble.
Que incongruencia, el mismo objeto que horas antes le había quitado la vida, ahora, gracias a el, le daba un poco de ella, si no hubiera sido por lo nervioso que se había puesto para que Sandra no viera la caja, no la hubiera besado, si la prueba no hubiera estado ahí, quizá ahora estarían hablando de musica, de cine o manteniendo cualquier absurda conversación.

-Carlos – gritó Sandra desde la habitación.
-Ya voy

Al entrar en la habitación Sandra se masturbaba.

-¿de verdad no te importa que sea seropositiva?, tú no lo eres, ¿no?
-no me importa, lo haremos con cuidado – dijo metiéndose en la cama.

A las siete de la mañana Sandra se levantó de la cama. No quiso despertar a Carlos, se vistió despacio, después escribió una nota y salió de la habitación. Se terminó de vestir en el salón. Iba a ponerse el abrigo cuando se detuvo a mirar algo. Se acercó al sofá, vio que se le había caído el pintalabios, lo cogió y se marchó.

Sobre el Idealismo, y en consecuencia sobre la lucha

SOBRE EL IDEALISMO Y EN CONSECUENCIA LA LUCHA

Decía Ernesto Che Guevara que: "La unica lucha que se pierde es la que se abandona", es obvio que él era un luchador.
¿Para que luchar? El mundo está lleno de idealistas, ser idealista es ser caprichoso, luchar por algo es una utopia.

El viernes pasado estuve con un buen amigo, hacía años que no veía, se había convertido en un luchador, un idealista, defendía sus ideas, haciendo de las mismas su estilo de vida.
Cualquier tipo de lucha me parece atrevídamente ridicula, pero la que él lleva emprendida muchisimo más, la insatisfacción constante de los idealistas es lo que les ánima a seguir luchando, pero es una lucha sin fin, y eso es lo que me exaspera.

Hay que ver la vida desde cierta altura, desde cierta distancia, y disfrutarla, u odiarla, alejado de las tempestades que puedan moverte, la vida debe verse desde la distancia, ajeno/a a toda ella, desde la tribuna, y no interferir con idealismos ni luchas sin sentido, pues no depende de uno mismo que se cumplan sus deseos, y mucho menos sentirse satisfecho con la utopia soñada.
Somos así, pero hay que ser discreto, y ver la vida pasar, sin que te pase por encima.

Os animo a estudiar, o en el mejor de los casos leer, la filosofía de Schopenhauer, copio y pego de la "Wikipedia":

"...Es por ello que Schopenhauer propone una huida del mundo. Con todo, no aprueba el suicidio como camino, ya que el suicida no renuncia a la vida en sí misma, sino a la que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables. Por lo tanto, el filósofo reconocerá como válidas sólo tres alternativas, que jerarquiza según el grado de aniquilación de la Voluntad implicado en cada una de ellas:

-la contemplación de la obra de arte como acto desinteresado, fundamento de su estetica.
-la práctica de la compasión, piedra angular de su ética.
-la autonegación del yo (asimilable a una suerte de nirvana) mediante una vida ascética.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 8

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 8

Claudia y Ángela hacia mucho tiempo que no se veían. En el pasado antes de tener pareja habían sido muy buenas amigas, esa tarde quedaron a las cinco en una terraza de la Castellana. La puntualidad de Claudia hizo que tuviera que esperar diez minutos antes de que Ángela llegase.
-Hola – dijo Ángela dando un abrazo a Claudia, después, se sentó.
-¿qué tal?, llegas tarde –dijo Claudia, después sonrió.
-Es que no venia en autobús tía, lo siento
-No pasa nada, estaba bromeando, ¿qué quieres tomar?
-Un café – dijo Ángela.

El camarero se acercó a la mesa. Claudia pidió una naranja para ella y un café para Ángela.

-¿y que tal te va con Sergio?, cuéntame – dijo Claudia.
-vaya ahora si te has acordado de su nombre
-Me lo dijiste el otro día, si no, no, jajaja...- rieron las dos con femenina complicidad.
-Bien, el día 2 de Octubre hacemos 2 años, le quiero mucho y el también me quiere a mi, no se,
somos felices –el camarero trajo las consumiciones-. Tiene muchos detalles conmigo, y eso hace
que la magia del primer día no se muera, por lo menos para mi no ha muerto
-Venga Ángela, no me digas que no te has cansado ni un poquito, que cuando te levantas, algunas
mañanas odias que te hable
-No – y no dijo nada más-. Vamos a ver Claudia, te conozco, a ti te pasa algo con Roy, ¿no es
cierto?
-El otro día hable con Alberto –dijo Claudia, se tomó media naranjada de un trago, después
prosiguió-. Y no solo hable con el, quede con el, incluso cene con el, luego me invitó al cine, y te
puedo decir que lo pase genial – hizo una pausa y continuó -. Tengo miedo, Ángela, miedo de
volver a sentir algo por el
-Pero tu quieres a Roy, ¿no?, ¿estas bien con el?
-Si, pero esa magia de la que hablabas hace un instante. Creo que parte de esa magia se ha
perdido en mi relación con Roy, y he vuelto a sentirla el otro día con Alberto. Volvieron a
temblarme las piernas antes de verle, y se me hizo un nudo en el estomago cuando se marchó,
¿eso es amor?, ¡dime que no! –Claudia empezó a llorar-. Lo siento –dijo, sacó un papel del bolso
y se limpió las lágrimas.
-No te preocupes – dijo Ángela mientras acariciaba la mano de Claudia -. Supongo que para que
la magia no se esfume hay que poner cada uno de su parte, en realidad la magia es la pareja, los
dos tienen que alimentar la relación a diario, pero ya sabes como son los sentimientos, no se
pueden controlar – dijo Ángela.
-De adolescente imaginaba que mi felicidad estaba al lado de un hombre como Alberto. Cuando le
conocí, estaba convencida que seria el hombre de mi vida, luego fui una inmadura dejándole
para emborracharme y salir con mis amigas, ¿por que ahora?, ¿dónde están mis amigas?, solo
quedas tu Ángela y después de esta perorata dudo mucho que quieras volver a verme – Claudia
rió llorando.
-No seas tonta, anda – dijo Ángela mientras la abrazaba-. Estas pasando un mal momento,
aclárate las ideas, lo primero que tienes que hacer es hablar con Roy, el lo va a pasar mal, pero
tienes que decirle que no estas segura de lo que sientes por el, que lo dejáis por un tiempo o algo
así
-¡no puedo hacer eso a Roy!, ¡yo le quiero! –dijo Claudia sin dejar que Ángela siguiese hablando-.
Roy es bueno conmigo, ahora el es el hombre de mi vida, aunque una parte de mi piense lo
contrario seguiré a su lado, al menos por el momento.

Eran mas de las siete, las dos siguieron hablando, de otros temas incluso. Se despidieron y quedaron en verse más a menudo, para hablar, para compartir de nuevo momentos femeninos.

Era viernes, Carlos empezó a arreglarse. Hoy era el gran día, o mejor dicho la gran noche, había quedado con los miembros de la asociación. Según le había dicho Elvira hoy conocería a casi todos.
Se dio prisa en vestirse, no decidió ponerse muy elegante, así que opto por unos tejanos y una camisa, una americana de pana de color gris le daría un toque algo serio. Se miró en el espejo antes de salir, cogió las llaves y se marchó.
La cita era en un restaurante cercano a la Puerta del Sol. Esperó quince minutos hasta que vino el autobús, una vez subido en el, notó que apestaba a colonia, pensó que se había echado demasiada y se odió por ello, ¿qué impresión causaré?, pensó, esperaba que cuando llegase al restaurante parte del olor hubiese desaparecido, se frotaba la cara con la americana para quitarse la fragancia, pero no le dio mucho resultado, al final desistió, se auto convenció de que era una paranoia suya, que en realidad no olía tanto.
Cuando llegó al restaurante, un camarero le pidió el nombre completo, Carlos se lo dio, el camarero con aire distinguido le acompañó a una mesa en el fondo del restaurante, allí le esperaban unas quince personas, cuando estuvo a la altura de la mesa, Elvira se levantó de la silla y fue hacia Carlos, le saludó y después le indicó cual era su sitio. Había varias sillas sin ocupar. Ambos se sentaron. El camarero trajo vino, el mejor que tenia la casa. Carlos se sorprendió ante tanto lujo, el restaurante era de cuatro tenedores, nunca había estado cenando en un sitio como aquel, ni siquiera cuando había tenido novia que siempre intentaba impresionarlas, nunca había llegado a ese nivel. Saco a Carlos de su letargo las voces de Elvira, lo estaba presentando en sociedad, después de sus palabras, el grupo alzó sus copas y brindaron todos, incluido Carlos.
La cena transcurría con normalidad, aunque a veces no se sintió muy cómodo.
Carlos hablaba con la mujer que tenia al lado.

-Fue cuando tenia 18 años, además fue mi primera experiencia sexual, yo no lo conocía, solo de
vista, y si que usé preservativo, pero se rompió. Después, pensando que como se había roto la
primera vez ya estaba contagiada, lo hice otras cuatro veces sin el profiláctico – contaba la
mujer a Carlos.
-¡pero eso es una barbaridad mujer!, podías no haberte contagiado en el primer coito y si en el
segundo. O peor aun podías haberte contagiado poco y al hacerlo tantas veces podía haber
entrado una gran carga viral en tu cuerpo – dijo Carlos.
-Si, pero entiende que antes no había información, en estos tiempos tampoco hay un exceso, pero
por lo menos si quieres saber, lo consigues – dijo mientras bebía un sorbo de vino.

Cuando finalizó la cena, ya fuera del restaurante, Elvira presentó más formalmente a Carlos. En ese tiempo conoció a algunos miembros mas, todos eran personas muy abiertas, simpáticas, increíblemente agradables.
De camino a la discoteca no había situaciones incomodas, Carlos hablaba con unos y con otros, se había integrado a la perfección.
No fue ajeno a las miradas que durante toda la cena le había dirigido una chica morena, de unos treinta años, no muy alta, delgada, así que al llegar a la discoteca, fue a la barra, se pidió un ron y fue a entablar conversación con ella.
Se acercó, ella bebía un combinado con pajita, sostenía el vaso con sus dos manos, absorbía el líquido, y se contoneaba de un lado para otro al ritmo de la música.
-Hola, te he visto en la cena, nos han presentado, vienes con el grupo ¿no? – dijo Carlos
esperando su respuesta.

La chica dejo de absorber el liquido quitándose la pajita de los labios, ese movimiento dejo entrever su lengua, fue un gesto muy erótico.

-si, estoy en la asociación por mi madre, pero yo paso de todo esto – dijo ella.
-Ya – Carlos pensó en preguntarle quien era su madre, y lo hizo -. ¿quién es tu madre?, si se
puede saber, claro
-Si, Elvira, la presidenta –su voz era irónica-. Me disculpas, voy a pedirme otra copa – después
se fue.

La noche había sido entretenida, Carlos estaba contento de cómo habían ido las cosas, ya no solo por que había disfrutado con aquella gente, si no por que había compartido parte de su tiempo en hacerles felices. Hubo un gesto en el transcurso de la noche que le hizo pensar, Javier un miembro de la asociación se encontró de camino a otra discoteca a unos excompañeros de carrera. Él los vio, y se paró esperando unos segundos para saludarles, cuando estuvieron enfrente suyo le bordearon dejándole con una sonrisa en la cara que segundos después se había borrado por completo. Se quedó chafado, Javier siguió andando, segundos después rompió a llorar. Carlos se dio cuenta de que esos supuestos amigos suyos le habían negado el saludo, se vieron, ellos le vieron, pero le ignoraron. Javier estaba en fase terminal, tenía manchas en la cara, estaba en la fase en que ya no puedes ocultar el virus a la sociedad, su aspecto demacrado le delataba en cada paseo que daba, en cada esquina de cualquier calle.

Era el cumpleaños de Claudia. Roy tuvo la suerte de que este año caía en domingo. Como últimamente no andaban muy bien las cosas, pensó en hacerle un regalo especial. Los últimos regalos de este habían sido muy materiales, pero este año no seria así. Al estar viviendo juntos tenía un campo aun por explorar. Había pensado prepararle una cena romántica, con velas. Cocinaría él por supuesto.
Por la mañana había comprado todo lo necesario, la comida, velas, un compacto de música romántica. Todo eso seria el regalo emocional. Como regalo más material, había comprado dos billetes para una sesión en vuelo aerostatito. Una empresa se dedicaba a ello, una hora de paseo en globo por trescientos euros, el regalo era caro, pero pensó que merecía la pena.
Claudia había ido a casa de sus padres. Era el primer año que no pasaba su cumpleaños allí, ese fue el momento en que Roy lo preparó todo.
Claudia llegó sobre las diez de la noche Se encontró con la sorpresa.
El salón estaba a oscuras, solo lo alumbraban cuatro velas puestas en una mesa perfectamente colocada con copas, platos, y una botella de vino que tomaba protagonismo por encima de todas las cosas. Al lado de uno de los platos, un sobre.
Claudia se sorprendió mucho, según ella Roy no era nada romántico. Seguro que no ha sido idea suya, pensó. Durante algunos segundos también pensó que la silueta que veía aproximarse desde la cocina no era la de Roy.
Roy se acercó a Claudia, la tomó entre sus brazos y la besó, después se abrazaron durante algunos minutos.

-¿cómo me haces esto? –dijo Claudia riendo a la vez que lloraba-. Estoy emocionada, ¡eres genial! – exclamó.
-Jajaja –rió Roy-. Si en realidad no he sido yo, esto estaba así preparado, yo solo he encendido las
velas
-No seas tonto, me encanta – Claudia se quitó el abrigo y se sentó en la mesa.
-Bien, de primero tenemos una ensalada de pasta especialidad de la casa – dijo Roy mientras
cogía una servilleta y se la colocaba encima del brazo-. Y de segundo, ¡tortilla de patatas!, -
jajaja...
-Jajaja... – rieron los dos.

La cena no era gran cosa, Claudia lo sabia, pero el detalle la pareció genial.

Ya cuando cenaban Claudia se dio cuenta de que tenía un sobre al lado de su plato.

-¿esto que es? – dijo cogiéndolo.
-No sé, ábrelo, seguramente será alguna factura – dijo Roy alzando la vista al techo.

Claudia abrió el sobre y descubrió los dos billetes para su aventura en globo. Enmudeció, no supo que decir, pasaron algunos segundos y algunas lagrimas por su mejilla.

-te quiero – dijo al fin.
Roy cogió una de las manos de Claudia y la besó.
-Felicidades amor mío

El efecto del vino en Roy y el efecto de la sorpresa en Claudia, los elevo a una noche desenfrenada, de las que ya no recordaban. A las cuatro de la madrugada se durmieron. Claudia descansaba encima del pecho de Roy con el sudor del último clímax aun escurriendo.


Carlos se levantó de madrugada, aun dormido abrió la nevera cogió el cartón de leche y le dio un trago. Se quedó de pie, dormido, después bebió otro sorbo. Ya no quedaba leche, tiró el cartón y volvió a la cama. Iba caminando medio sonámbulo, se tocó el pelo como un acto instintivo, al bajar la mano acariciándose el cuello, se dio cuenta de que le había salido un grano enorme. Fue al baño y se lo miró en el espejo, después volvió a la cama.
Eran más de las diez cuando se despertó. Mientras orinaba se empezó a tocar el grano que le había salido. Se volvió a mirar en el espejo. Era un bulto grandísimo, lo observó durante algunos minutos, lo apretaba, lo rozaba. Era un grano muy raro, se untó bien de alcohol para que secase.
Ese día Carlos había recibido una llamada. Elvira quería verle, tenía que hablar con el de algunos temas de la asociación, así que fue a la hora prevista a su casa.

Elvira estaba igual de elegante que siempre, recibió a Carlos y empezó a hablarle.

-¿qué tal te lo pasaste el sábado?
-Bien, fue divertido, y solidario, muy solidario
-En ese momento apareció la hija de Elvira. Miró fijamente a Carlos, este hizo lo mismo, durante
unos segundos mantuvieron la mirada.
-¿de donde vienes Sandra? – preguntó Elvira.
-de algún sitio, supongo – dijo Sandra.
-¡oh!, discúlpame Carlos, no os he presentado, esta es mi hija Sandra, Sandra este es Carlos un
miembro de la asociación. Anda ve a ducharte y a cambiarte de ropa, hay algo de cena en la
cocina.

Carlos saludó con la mano a Sandra. Ella llevaba dos días sin aparecer por casa. Lo hacia a menudo últimamente. Salía un día y nadie sabia cuando volvería. En casa de uno, de otro, le daba igual. Le gustaba perderse, no saber donde iba a dormir. Siempre dormía bajo techo, pero no sabia con que tipo de compañía, era una chica muy sociable y libertina.

-La otra noche estuve hablando con ella en la discoteca – dijo Carlos.
-¡ah!, ¿así que ya os conocíais?
-No, solamente hablamos un par de minutos, ella se fue a otro sitio, no le debí de caer bien –
Carlos sonrió.
-Seguro que no es eso. Es una chica muy rara, no sé que le ocurre.

Elvira despidió a Carlos. Lo emplazó a una próxima salida.

Carlos llamó al timbre, Roy abrió la puerta.

-hombre, ¿qué tal estas? – dijo Roy. Una toalla le cubría de cintura para abajo.
-Bien, ¿y tu?, ¿qué tal?
-Pues nada, aquí, tirando

Carlos conocía a Roy, y el solo gesto de su cara le decía que algo no iba bien, lo dejo pasar, hasta que lo notó mientras conversaba con él.
-macho a ti te pasa algo, ¿estas bien con Claudia?
-Sí
-¿seguro? – insistió Carlos.
-Bueno, no muy bien – Roy hizo una pausa, después prosiguió -. Tengo dudas de Claudia, no creo
que me engañe, pero si que hay algo
-Venga ya, ¿por qué crees eso?
-El otro día tenia una llamada perdida de su exnovio
-¿ese tal Alberto? – preguntó Carlos.
-Sí, el mismo, y últimamente la veo rara, como alejada de mi, distante vamos
-Ten en cuenta que habéis dado un paso muy grande al vivir juntos, a lo mejor le ha afectado un
poco
-No sé, ¡vaya grano que tienes!, jajaja... – dijo Roy señalando el bulto del cuello de Carlos, pero sólo se rio él, Caros desvió la mirada y cambio de tema de conversación.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 7

LA INEXISTENCIA DEL HADO

Capitulo 7

Carlos se levantó con dolor de cabeza, enseguida se tocó la frente para ver si tenia fiebre, no se notó nada, así que se levantó corriendo y fue a buscar el termómetro. Se lo puso, cuando pasó el tiempo vio que no tenia fiebre, se quedó mucho mas tranquilo. Últimamente no pensaba mucho en si era portador del VIH, pero cuando le atenazaba algún síntoma de enfermedad el terror le invadía. Pensó que seria una simple jaqueca. Fue a la cocina y se tomó un analgésico.
Como tenía un largo día por delante sin hacer nada, decidió llamar a Elvira para ver cuando iba a ser la próxima reunión de “Esperanzados”.
Después de la conversación, había quedado con Elvira y con el grupo el viernes a las diez de la noche. Iban a ir a cenar y luego a tomar unas copas, antes de la cita Carlos tendría que ir a casa de Elvira para formalizar su suscripción a la asociación, para ello solo era necesario rellenar un impreso y pagar una cuota de socio de 20 euros al mes, a Carlos le pareció exagerado, pero Elvira le convenció diciendo que esos 20 euros eran para fines benéficos, por que con ese dinero hacían regalos a los socios en su cumpleaños, además servia para hacer los impresos de alta de socios, y gran parte del dinero se quedaba en la tesorería de la asociación para ser usado por los socios cuando tuviesen algún problema económico.
Se duchó, se vistió, y se fue a casa de Elvira, cuanto antes hiciese el trámite mejor, pensó Carlos.
Iba a cruzar la calle cuando alguien le tocó el hombro, Carlos se dio la vuelta, era Claudia.

-Hola Claudia, ¿qué tal?
-Bien, ¿y tu?, ¿dónde vas? – le pregunto extrañada, Claudia trabajaba un par de manzanas mas
arriba, iba a coger el autobús.
-Pues mira a dar una vuelta
-Yo salgo de trabajar ahora, tenía que haber salido a las doce, y mira, las cinco y sin comer
todavía, ¡estoy harta!
-Si suele pasar, pero tranquila, ¿y Roy que tal? – preguntó Carlos.
-Bien, me imagino que estará trabajando
-Oye siento lo de la otra noche, no quería herir a tu prima
-No te preocupes, ya le diré algo, pero no pienses que va a quedar contigo otro día, jajaja...
-Jajaja...no en serio, no quería hacerla daño, es mas me gusta bastante –Carlos hizo una pausa-. --Bueno, dejémoslo, no quiero enamorarme, jajaja...
-Bueno Carlos te dejo que solo me faltaba perder el autobús

Se despidieron con dos besos. Carlos disimuló metiéndose por una calle hasta que Claudia cogió el autobús y desapareció. Volvió sobre sus pasos y entró en el portal de Elvira.
Elvira vestía unos pantalones negros ceñidos, era una mujer atractiva, en esta ocasión se había preparado para la visita, dio dos besos a Carlos y le invitó a entrar.
espera un momento, voy a por los documentos – dijo, después se encendió un cigarrillo y se fue.
Tardó como cinco minutos en volver, cuando lo hizo traía bajo su brazo un montón de papeles, se sentó en el sofá, al lado de Carlos y empezó a explicarle.

-Mira, esto que te doy es una especie de contrato, no te compromete a nada es solo informativo,
te explica las actividades de la asociación y que estas de acuerdo con ellas, nada mas, firma aquí – le mostró donde tenia que firmar.
Carlos tardo en leer todo el documento, cuando lo hizo solo tenía una duda.
-¿oye Elvira y esta cláusula que dice que no se puede hablar de la asociación con gente conocida,
como familia y amigos?
-No te preocupes por ella, algunas cláusulas son muy antiguas, esa en concreto en la próxima
asamblea la pensamos quitar – dio una ultima calada al cigarrillo y lo apagó, después saco de su
bolso que estaba al lado suyo una barra de carmín rojo y se empezó a pintar los labios, acto
seguido prosiguió-. Antes, al principio en la asociación éramos poca gente, para impedir que se
convirtiera en algo familiar impedimos hablar de la misma con gente conocida o familiares.

Carlos no es que se quedara muy satisfecho con la explicación, pero pensó que a lo mejor era cierto, firmo el documento, después Elvira le explico algunas cosas referentes a los socios, por ejemplo le advirtió de que no estaba bien estar todo el tiempo hablando de la enfermedad, para ello hacían un foro una vez a la semana, los días que se reunían para salir era casi tema tabú, por que lo que buscaban todos era divertirse, no amargarse con el problema. Carlos lo entendió perfectamente. Elvira le dio también un libro sobre el VIH

-dime tu primer apellido – le dijo Elvira
-Sánchez, ¿para que?
-Elvira escribió a bolígrafo “Carlos Sánchez” en el carné de la asociación, en realidad era una
tarjeta de visita de color rojo, con un teléfono y un espacio para poner el nombre, igual que la
que encontró Carlos en su coche. Enseguida al ver la tarjeta pensó que la que estaba en su coche
era la de un miembro de la asociación, en concreto la de Misselle, ¿y cuando se la había dejado?.

Hizo memoria, se le ocurrió que podía ser de la prostituta que había subido a su coche hace un par de meses, en fin, tampoco tenia importancia, ¿o si?.

Carlos se despidió de Elvira, esta le dio dos besos y le emplazó para la cita del Viernes, en ella
conocería a casi todos los miembros, estaba deseoso de hacerlo.

Claudia se estaba preparando una tortilla francesa, había salido tarde de trabajar, eran más de las seis y todavía no había comido nada. El teléfono sonó, fue al salón para cogerlo, cuando miro la pantalla vio que era el teléfono de Alberto. Empezó a latirle el corazón, dudo si cogerlo o no, le temblaban las piernas. No lo cogió. Dejó el teléfono encima de la mesa y fue corriendo a la cocina.
¡mierda!, ¡jodida sartén! – la tortilla estaba carbonizada.
La tiró a la basura, la llamada también le había quitado el hambre. Se echó a dormir un rato, mientras lo hacia pensó en Alberto, ¿por qué la habría llamado?, ¿qué intenciones tenia?, una cosa es quedar para tomar algo, y otra muy distinta es quedar a menudo. Claudia tenia miedo, miedo por que la tarde que había pasado con el fue maravillosa, y no quería que en ella volvieran viejos sentimientos, tampoco quería hacer daño a Roy, pensó no tener mas contacto con Alberto, no era bueno para nadie. Le besaba, se fundían en un beso apasionado, se abrazaban y estaban juntos, Claudia soñaba segundos después con Alberto.
Cuando Roy llegó a casa, encontró a Claudia durmiendo, no quiso despertarla, eran las siete y media. Se sentó en el sofá y fue a poner la tele, cuando quiso coger el mando el móvil de Claudia estaba junto a el, lo cogió como sin querer y vio que tenia una llamada perdida. Roy pensó que seria de alguna amiga o amigo y no le dio importancia, ni siquiera miro de quien era esa llamada perdida, pero viendo que lo que ponían en la tele era muy aburrido, y ya había hecho todo el zapping, le pico el gusanillo de la duda, volvió a coger el teléfono y miró la llamada perdida, “Alberto” pudo leer.
¿Por qué llama este gilipollas a mi novia?, pensó Roy, también pensó en despertar en ese mismo momento a Claudia para que le explicase esa llamada, pero recapacitó y aunque le comía por dentro la duda, lo dejo estar, no diría nada a Claudia, olvidaría el tema, además Claudia no había cogido el teléfono. Sabia por lo que le había contado Claudia que días después de dejarle le había estado dando la lata para que volviera con el, seguramente se habrá puesto melancólico y quería hablar con ella, pensó. Apagó la tele y se fue a duchar, si, una buena ducha me sentara bien, dijo.
Carlos esperaba pegado a la barra, una rubia que tenia al lado no hacia más que darle golpes con el hombro, se retiro hacia el centro de la pista. Hacia más de diez minutos que Luis se había ido a pedir una copa y no había vuelto. Carlos alternaba miradas entre su reloj y los ojos de una morena que no paraba de mirarle, a los pocos minutos la chica morena fue hacia Carlos, se puso enfrente de él.

-Hola, ¿me sujetas la copa un momento? – le dijo la chica.
-Si, claro –dijo Carlos cogiendo la copa.
-La chica abrió el bolso y sacó un paquete de cigarrillos, ofreció a Carlos, pero este no fumaba, se
encendió ella uno y volvió a guardar el tabaco en el bolso.
-Gracias –dijo quitándole la copa de la mano-. Oye me suena tu cara
-¿si?, a mi la tuya también – mintió Carlos.
-Si, ¿tu no serás amigo de Ana?
-Pues hombre no sé, si conozco alguna Ana que otra, pero no se si será la que tu dices – en
realidad, en ese momento, Carlos no se acordaba de ninguna Ana.
-Bueno da igual, yo me llamo Vanesa – dijo ella.
-Yo Carlos – se dieron dos besos.
-En realidad no tenían mucho de que hablar, Carlos iba un poco borracho, Vanesa también, se le
notaba en la forma de mirar, casi distraída, si no fuera por la música de la discoteca se hubiese
hecho uno de esos silencios tan incómodos que se dan cuando conoces a alguien.
-Y que, ¿trabajas mañana? – le pregunto Carlos para hablar de algo.
-Si, pero bueno no hay problema, por que no voy hacer nada
-Bueno ¿y que tendrías que hacer? – Carlos pensó que Vanesa se refería a que no iba hacer nada
esa noche, y lo que ella quiso decir es que no iba hacer nada en el trabajo.
-Pues nada, mi jefe no esta, se ha ido de vacaciones – dijo ella.

Carlos se dio cuenta de que la conversación que mantenía con esa chica no tenía ningún sentido, no se entendían. Era morena, tenia media melena y unos labios no muy grandes pero bien diferenciados, igual de alta que el, y de buen cuerpo. Intercambiaron algunas palabras más, hasta que Carlos vio a Luis en una esquina de la discoteca.

-bueno ahí esta mi amigo, lo siento tengo que marcharme – dijo Carlos.
-Vale que pena –dijo la chica, poniendo cara de disgusto-. Bueno ya nos veremos otro día, ¿no? –
volvió a poner cara de pena-.
-De acuerdo, hasta luego.

Carlos fue en busca de Luis, mientras lo hacia pensaba que no la había dado dos besos para despedirse, era una manía suya, siempre al ver a alguien lo saludaba, pero luego al irse no se despedía. No supo por que pensó eso, supuso que era por el alcohol, que cuando no tienes en que pensar piensas en esas tonterías.
Tomaron algunas copas más. A las seis de la mañana se despidieron, Luis tenía que trabajar al día siguiente.

Roy había perdido parte de confianza en Claudia, estaba algo mosqueado desde que vio la llamada perdida de su exnovio hace una semana. La vigilaba de cerca, por las noches cuando ella dormía se levantaba a ver su móvil, pero no encontraba nada. Incluso un día pidió la tarde libre para ir a buscar a Claudia al trabajo, ella al verlo se quedó impresionada.

-¿qué haces aquí? – preguntó ella.
-Pues venir a buscarte, ¿qué pasa ya no puede uno ser bueno?
-Si, pero, ¿tu trabajo? – Claudia no salía de su asombro, aunque no imaginó los motivos que tenia
Roy para ir a buscarla.
-Hoy me han dado la tarde libre, fíjate, ¡que bien! ¿verdad?, ¡tenemos toda la tarde para
nosotros!
-Vale – Claudia ya mas tranquila le dio un beso y le abrazó.

Sobre el atardecer


Creo que muchas veces no apreciamos lo que tenemos, hay cosas en nuestra vida cotidiana que pasan desapercibidas, es como despertarse por la mañana, apenas le damos importancia, es más, muchas ocasiones nos fastidia hacerlo, pero no caemos en la cuenta de que si no lo hiciesemos mal asunto.
Ultimamente me gusta mirar el cielo, desde mi terraza se ve un bonito atardecer con la sierra de Madrid al fondo, y me pregunto como he podido estar tantos años no dandome cuenta de esta belleza. De un tiempo a esta parte, cada día lo disfruto más, observo como cae el sol, y cuando no hay nubes de lluvia, los últimos rayos de sol pintar de rosa las nubes, es maravilloso y sin embargo nunca me había fijado.
Supongo que es así, o quizá no, quizá yo soy así, el caso es que me encanta ver la puesta de sol, ver las diferentes tonalidades de azul, en algunos momentos esas tonalidades se me figuran el estado de ánimo, azul claro, azul oscuro, celeste, gris, azul negruzco, también hay tonalidades naranjas, rosas, rojizas...
Me hubiera gustado darme cuenta de todo este festín de belleza mucho antes, ahora tengo la sensación de que cada vez que veo una puesta de sol, es una puesta de sol que no volverá, que ya me he perdido, sólo me queda esperar al día siguiente, ya que por suerte, el sol se pone todos los días.

Sobre mi escritura

No sé que escritor dijo que Dios le había dado talento pero se olvidó del dinero. Sería muy pretencioso que yo pensara lo mismo pues me creeria un buen escritor. A decir verdad en mi caso se olvidó del talento y por supuesto del dinero.
Estos días atrás pensaba en que hubiera sucedido en mi vida si yo no dependiera de un puesto de trabajo para vivir, es decir si tuviera el dinero por castigo, si hubiera venido al mundo hijo de conde, marqués o hijo de un multimillonario que hizo su dinero en la industria del porno, supongo que no cambiaria mucho la cosa, sí, tendría más tiempo para escribir, pero la mediocridad no se hubiera ido, seguiría presente en mi opaca escritura minimalista, pero que cojones, ya puestos a pedir, si hubiera nacido de buena cuna, también hubiera tenido talento.

Mientras tanto, en mis ratos libres me escapo de la realidad inventando mundos distintos. Ahora además de la novela que estoy publicando aquí por entregas, estoy escribiendo otra novela. Bueno yo las llamo novelas, en realidad son letras que hacen palabras, y palabras que hacen malas frases, lo que lleva a que estas malas frases se junten en malos parrafos, y estos malos parrafos en una mierda de historia mal contada, pero todo esto es a proposito eh, no te creas.

Muchas veces he intentado escribir un relato de gente alegre, de cosas bonitas, en la novela me pasa lo mismo, empiezo creando un superpersonaje, y luego con el desarrollo de la historia el personaje es un caca, un mindundi, una persona normal y corriente, y es que en definitiva, nunca consigo escapar de la realidad, ya que cuando escribo, en mi otro mundo imaginario, me encuentro con la misma mierda.


Sergio Becerril.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 6

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 6


Roy llegó a casa, eran más de las ocho. Claudia no estaba, la cocina estaba echa una porquería, maldijo un par de veces y se puso a fregar, tardó una hora en dejar todo limpio. Claudia seguía sin venir, pensó en llamarla pero desechó la idea, luego piensa que soy un pesado, murmuró. Se dio una ducha y llamó a Carlos para ver que tal le iba, después se sentó en el sofá y se puso a ver la tele, eligió una película de acción que llevaba una hora y media empezada, casi todas son iguales, cogeré el hilo, pensó. No había pasado ni media hora cuando Roy ya estaba dormido con el mando a distancia encima de su pecho.

Claudia llegó poco después, se encontró a Roy tirado en el sofá, como casi siempre. Se desnudó y fue a la cocina a comer algo. Cuando vio que Roy había recogido la cocina sonrió. Fue al salón donde Roy ya empezaba a roncar y se sentó encima de él, con su dedo índice empezó a acariciar sus labios, mojaba su dedo con su saliva y lo secaba con los labios de Roy, este se levantó sobresaltado, pero encontró la resistencia de Claudia sentada encima de su estomago.

-schisss – no hables, dijo Claudia mientras se quitaba el sujetador.
-Mmm...- gimió Roy-. haz conmigo lo que quieras.

Por fin llegó el viernes, el teléfono de Carlos sonó dos veces, fue a la tercera cuando lo despertó.

-¿diga?
-Carlos, no me digas que estabas durmiendo, ¡tío que son mas de las dos!
-Hola Roy, pues si, estaba durmiendo anoche me acosté tarde, estuve viendo una película
-¿qué vas hacer esta noche?, ¿has quedado con Luis?
-No, todavía no, ¿por qué?
-Por si te apetecía quedar conmigo y con Claudia, ha venido una prima suya de Zaragoza que
dice que esta buscando novio, jejeje...
-Venga Roy, no seas canalla
-Sí, es buena chica y además esta muy buena, y quiere encontrar a alguien, es broma hombre,
pero te podías venir, a lo mejor lo pasamos bien, iremos a cenar y luego a tomar unas copas
venga vale -dijo Carlos con desgana-. ¿A que hora?
-A las diez te pasamos a buscar, hasta luego

Carlos se duchó y desayunó, bueno desayuno por que eran los primeros alimentos que tomaba, aunque por la hora que era, las dos y media pasadas, se podía considerar comida.

Claudia y Roy se retrasaron quince minutos, era raro, sobre todo por Claudia que siempre era muy puntual, echaron la culpa a la prima de esta. Carlos subió al coche y en el asiento de atrás estaba Maria, tenia veintidos años, pelo moreno y corto, a Carlos le pareció guapa.

Carlos pensó que esa noche iba a tener “duende” Carlos entendía por una noche con “duende” cuando había alguna persona, generalmente siempre era una chica, a la que podía impresionar, todo se volvía mágico, cada cosa que hacia tenia un sentido por que el sujeto estaba pendiente de él, en este caso no había nadie mas que él, por que Roy estaba con Claudia, tenia que impresionar a Maria.

-Que pasa Carlos, esa que tienes a tu lado es Maria, la prima de Claudia – dijo Roy dándose la
vuelta desde el asiento delantero.
-Hola, ¿qué tal? – dijo Maria mirando a Carlos a la cara para acto seguido tomar una postura
inverosímil para darle dos besos.
-Bien, encantado, ¿sabéis ya donde vamos? – dijo Carlos.
-Si, vamos a un restaurante Italiano que conoce Claudia, en Atocha y luego nos quedaremos por
allí tomando algo, ¿no?, ¿a ti que te apetece? – dijo refiriéndose a Carlos.
-Vale, a mi me da igual, ¡me encanta la comida italiana! – puso énfasis en esa frase, sabia que
Maria le escucharía, pretendió mostrarse internacional.

En la cena, Carlos se mostró muy comedido, no se excedió con el vino y siempre pretendió agradar a Maria, se le notaba demasiado que le gustaba. Cuando el vino se empezó a notar incluso se atrevió a decirle algún piropo que Maria aceptaba de buen gusto, y es que, el efecto del alcohol es tanto para uno como para otros. Al acabar de cenar ya había suficiente confianza entre ellos dos para tocarse. Mientras bajaban por la calle, Carlos agarraba de vez en cuando la mano de Maria para que le escuchase, ella apretaba también la de Carlos, Roy y Claudia andaban unos metros por detrás y veían como surgía la química entre Carlos y Maria, cuchicheaban y se reían, después se paraban a besarse como dos enamorados, se suspendían en la noche hasta que los gritos de Carlos o Maria los animaban a seguir caminando, el tiempo era agradable, era una noche de primavera que invitaba a pasear, pero el trayecto fue corto, a escasos metros estaba la discoteca donde tomarían la primera copa.

Ya entrada la madrugada Carlos y Maria en un lance de uno de tantos bailes se besaron. Fue un beso apasionado, esperado, duró varios minutos, después siguieron bailando. Carlos fue a pedir otra copa a la barra, pregunto a Maria que quería, pero ella pensó que ya había bebido suficiente.

Apoyado en la barra esperando a que le atendieran, Carlos empezó a mirar a una joven que estaba justo enfrente de él, era una chica rubia, de labios carnosos, Carlos la miró con deseo, y ella le guiñó un ojo, acto seguido la chica rubia fue donde estaba Carlos, se puso delante de él y le dijo su nombre, Marta, después lo besó, se fundieron en un beso borracho. La chica con ese acto se vengaba de su exnovio que estupefacto la miraba a algunos metros de distancia, este la había dejado una semana antes. Maria desde la pista de baile miraba con asombro la escena, después de algunos minutos de beso, la chica desapareció. Carlos se quedó a cuadros, pero con una increíble satisfacción del que se siente deseado, pidió la copa y volvió a la pista a bailar con Maria, pero no la encontró, bebió la copa de un trago y fue en busca de Roy que bailaba en una esquina de la discoteca con Claudia.

-Roy, ¿has visto a Maria? – preguntó Carlos.
-No, estaba en la pista hace un momento
-Ya es que he ido a pedir una copa, y no veas lo que me ha pasado macho –Carlos estaba
eufórico-. Ha venido una rubia de escándalo y después de decirme su nombre ha empezado a
besarme...
-Ya, tu estas un poco pedo, ¿no?, pero si hace un minuto te he visto enrollándote con Maria –dijo
Roy-. Pues si te ha visto con la rubia esa que dices, lo más normal es que se haya pirado, ¿no
crees?
-No sé, voy a buscarla

Maria estaba en el lavabo, minutos después fue a hablar con Roy y Claudia para despedirse, a pesar de la insistencia de Claudia por que se quedara, ella se marchó. Cogió un taxi y se fue para casa, en el camino pensaba disgustada en lo que había pasado. Carlos la había gustado, una pena que sea otro cerdo mas, pensaba mientras se pintaba de nuevo con carmín sus labios.

Al día siguiente Carlos tenia una resaca de caballo, él pensaba que la única manera de quitarse la resaca era durmiendo, pero también como método alternativo, tenia tomarse un gelocatil con zumo de naranja, así que a las doce de la mañana y todavía medio borracho se levantó a tomarse la píldora con el zumo, después como un zombi volvió a la cama a seguir durmiendo.

Claudia estuvo toda la mañana pensando en llamar a Alberto, pero sabia que no debía hacerlo, no podía seguir así, necesitaba la opinión de alguien, de alguna amiga suya, cogió el teléfono y llamó a su mejor amiga.

-Hola Ángela, ¿qué tal?, soy Claudia
-Hola, ¡mujer cuanto tiempo!, ya creí que se te había tragado la tierra
-No, es que he estado muy liada, entre el cambio de piso, el trabajo, Roy, en fin que no he tenido
tiempo de llamarte, ¿qué tal te va?, ¿sigues con ese novio que tenias?
-Sergio, se llama Sergio, y sí, sigo con él, nos va fenomenal – dijo Ángela.
-Tengo que pedirte un consejo Ángela, tú eres mi mejor amiga, y sabes que tu opinión cuenta
mucho para mí y sabes...
-Venga dime lo que sea, ¡no me des coba! – la interrumpió.
-Esta bien, ¿sabes a quien me encontré el otro día mientras esperaba el autobús? -Ángela no
respondió, espero unos segundos para que Claudia continuase-. ¡Alberto!, tía, allí estaba él, más
guapo, y con la misma voz de siempre, casi me muero al verlo
-¡ah!, ¿el mismo Alberto que dejaste tras seis años de relación?, ¿y que hizo?, ¿no te escupió a la
cara?
-¡vaya!, ¡hija mía como eres!, pues no, al contrario, estaba muy simpático, me dio dos besos,
bueno dos no, cuatro, dos al verme y otros dos al despedirse, y olía de bien, la verdad es que no
sé que pasó entre nosotros – Claudia hizo una pausa para encenderse un cigarrillo, después
continuó-. Yo era muy inmadura, no digo que hiciera mal en dejarle, pero él nunca se portó mal
conmigo – Claudia hablaba y hablaba, mientras Ángela escuchaba pacientemente al otro lado
del teléfono.
-¿y que piensas hacer? – dijo Ángela.
-No sé, por eso te llamo tía, cuando le vi, sentí algo, era como si nunca se hubiese marchado,
como si él y yo no lo hubiésemos dejado
-Claudia, ¡tú le dejaste!, no digas tonterías, ¿no estarás pensando hacer ninguna locura?, tu ahora
estas bien con Roy, ¿no?
-Bueno, bien, bien –Claudia titubeo con la respuesta, dio una calada al cigarrillo-. Sí, ahora
estamos muy bien. Pero Ángela si solo quiero quedar con él para tomar un café, hablar de
nosotros, al fin y al cabo ha sido una parte importante de mi vida, ¿no crees?, ¿Qué hay de malo
en volver a ser amigos?
-Bueno, haz lo que quieras. Es cierto que deberías pedirle disculpas, invitarle a un café o algo y
-quedar como amigos, creo que después de lo que le hiciste se merece algo así.
-¡Gracias Ángela, voy a llamarle ahora mismo!, y a ver si nos vemos y nos tomamos algo juntas, -
¿vale?
-Vale, cuídate

Claudia apagó el cigarrillo. Y tras unos segundos llamó a Alberto. Quedaron a las cinco en casa de Claudia. Roy no estaría por que ese sábado trabajaba. Da igual que esté o que no, tampoco vamos hacer nada malo, pensó Claudia. Se ocupó de ponerse guapa pero informal, se vistió con el tejano que mejor le quedaba y con una camiseta blanca ajustada que reafirmaba sus pechos. Se impregnó con un poco de colonia y para darse un toque informal se quedó descalza.

A las cinco menos cinco sonó el timbre. Claudia se miró en el espejo por décima vez y se dirigió a abrir la puerta. Abrió y allí estaba Alberto, vestía con unos pantalones de cuadros, y una camiseta blanca, sin ningún dibujo, de calzado: unas deportivas, y le daba un toque muy sexy unas gafas de sol, que no se quitó claramente por que sabia ese toque de distinción que le daba, fue al darle dos besos a Claudia cuando dejó ver sus ojos, unos ojos grandes, azules, que a Claudia le encantaba mirar, por unos segundos así lo hizo, hasta que salió de su conmoción e invitó a entrar a Alberto.
Se sentaron en el salón, Claudia le ofreció café, pero Alberto rechazó la invitación, a cambio le pidió un refresco de cola. Claudia fue a la cocina, se preparó un café y sirvió un vaso de refresco a Alberto. Cuando entró con las bebidas en el salón, Alberto estaba hablando por teléfono, tardó poco en colgar, se despidió muy cariñosamente.

-perdona, ¿te he interrumpido? – le dijo Claudia excusándose.
-No, no, era una amiga –cogió el vaso y bebió un gran sorbo-. Y bien, ¿qué tal te va?
-Mira Alberto, esta situación es muy incomoda para mi, antes de que sigamos hablando quería
pedirte perdón
-Por favor Claudia olvida el pasado ¿quieres?, tu y yo ahora somos amigos, no tengo que
perdonarte nada, no te guardo rencor, tu tendrías tus motivos, y si no los tenias da igual, las
personas somos libres, tu no estabas a gusto y ya esta
-No, no, pero no tenia que haberte tratado así, tenia que haber sido mas humana, no te merecías
como te traté
-Mira si sigues hablando del pasado me voy, no quiero hablar mas del tema –dijo Alberto
enfurecido, tras unos segundos de silencio, se dirigió a Claudia-. ¿eres feliz?
-Si, claro –fue una respuesta rápida, si hubiera pensado la pregunta no hubiese respondido
afirmativamente-. ¿por qué me preguntas eso?
-Es lo que más deseo, desde que lo dejamos
-Desde que te deje -dijo Claudia interrumpiendole-.
-Bueno eso, desde que me dejaste, no he deseado otra cosa, que fueras feliz
-Vamos Alberto, eso es muy bonito, seguro que me odias
-De verdad que no, solamente pensaba en que encontrarías a tu media naranja, ¿la has
encontrado ya?

Ahora Claudia pensó más la respuesta, tanto que no respondió. Se levantó y fue a la cocina, dejó la taza en el fregadero y empezó a llorar. No sabía por que lo hacia, pero lloró durante algunos segundos, después y acordándose que Alberto esperaba en el salón se limpió las lagrimas como pudo y fue a buscarle.

-¿qué te parece si nos vamos a dar una vuelta? – dijo Claudia.
-Vale, por mi estupendo – respondió Alberto.

Cuando Claudia llegó a casa estaba feliz. Había pasado una tarde magnifica. Cuando caminaban por la Gran vía y ya casi se habían puesto al día en sus vidas, Alberto invitó al cine a Claudia, a la ultima sesión. Antes de entrar comieron unas hamburguesas. Claudia sintió el deseo del primer amor, aunque claro, en este caso no era nuevo, ¿quizá renació ese sentimiento?, ni ella misma lo sabia.

Eran más de las dos de la madrugada cuando se acostó, Roy dormía, pero al intentar taparse, lo despertó.

-¿de donde vienes? – pregunto Roy casi en sueños.
-¿y tú que preguntas?, ¿ya no puede una ni salir?
-solo te he hecho una pregunta – dijo Roy.
-esta bien, perdona amor, vengo de tomar algo con Ángela, hacia mucho tiempo que no nos veíamos

Para cuando Claudia quiso terminar la frase, Roy ya estaba dormido de nuevo, se quitó los pendientes y cerró los ojos, quería soñar, soñar con algo que le daba miedo pensar despierta.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 5

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 5


El despertador sonó más de lo normal, o al menos eso le pareció a Claudia que lo apagó con más violencia de lo habitual. Era jueves y los madrugones pesaban. Se levantaba a las siete de la mañana, tenía dos horas de viaje hasta el centro comercial donde trabajaba hasta el medio día.
Se tomó un vaso de leche, se duchó y salió de casa como otro día cualquiera, bajó las escaleras como otro día cualquiera, solo se rompió la monotonía de los últimos seis meses cuando llegó a la parada del autobús. Claudia lo miró fijamente, no había estado ahí ninguna mañana, o al menos no había notado su presencia, se acercó nerviosa y le saludó.

-¿Alberto? – dijo Claudia a un joven de unos veinticinco años que fumaba un cigarro apoyado en
la cristalera de la parada del autobús.
-Sí, -dijo el chico asombrado, pasaron algunos segundos hasta que Alberto recordó a Claudia-.
¿Qué tal Claudia? – dijo al fín, despues sonrió, se le notó en exceso, a pesar de que trato de
ocultarlo, que le hacia ilusión verla de nuevo.
-Bien, bien – Claudia hizo una pausa, tragó saliva y prosiguió-. ¿qué haces aquí?
-Pues ya ves, hoy es mi primer día en un nuevo trabajo, entro a las ocho y media, llevo tres
meses sin dar un palo al agua y ahora... ¡Vaya! ¡Que alegría verte! ¿Y tú? Cuéntame que es de
tu vida.
-Yo también voy a trabajar, pero no es mi primer dia, es otro día cualquiera, ojalá fuera mi
primer día de trabajo como tú, recuerdo la excitación de mi primer día, eso ya no se vuelve a
sentir – Claudia dejó fija su mirada en un vacio interminable, despues continuó hablando-.
¿Cuánto tiempo ha pasado?, pensé en llamarte, pero creí que seria mejor no molestarte,
¿Acabaste la carrera? – le preguntó Claudia.
-No, lo tuve que dejar. En mi casa hacia falta dinero y tuve que trabajar, los trabajos de media
jornada no eran suficiente para ayudar en casa, tuve que buscar un trabajo de jornada
completa, y así me fue imposible seguir estudiando.

El autobús de Claudia llegó, no se dio cuenta, de no ser porque un compañero de trabajo la avisó dando repetidos toques en el cristal del autobús.

-Bueno, pues este es mi autobús, podríamos vernos en otra ocasión, tomarnos un café o algo
-vale, dáme tu teléfono te llamaré – Alberto apuntó el teléfono en su móvil.
-Bueno, pues hasta luego – Claudia dio dos besos a Alberto y se subió apresuradamente al
autobús, antes de hacerlo miro fijamente a Alberto, y no dejó de hacerlo hasta que el autobus
giró en dirección a otra calle.

Después de varios intentos cogieron el teléfono.

-Dígame – era la voz de una mujer.
-Hola, mire no sé quien es usted, pero tenia una llamada perdida en mi móvil de este numero –
mintió Carlos.
-Pues no sé hijo, este es el teléfono de la asociación Esperanzados, somos una asociación de apoyo
a la gente con enfermedades terminales.
-ah, vaya – hizo una pausa -. Me gustaría que me diera información – dijo Carlos sin pensar lo
que acababa de decir.
-Si, encantada, pero veras, es mejor que nos visites así te enteras mejor y de paso nos conoces,
¿quieres?

La asociación, se llamaba Esperanzados, a Carlos le resulto interesante. Además últimamente estaba muy sensibilizado con las enfermedades veneras, el mismo creía que se había contagiado de sida. Por eso y para intentar esclarecer por que había aparecido esa tarjeta dentro de su coche, decidió hacerles una visita.

Había quedado a las cinco pero Carlos llego a las cuatro y media. Tocó el timbre, era una casa particular, una mujer le abrió la puerta.

-Hola, ¿tu eres Carlos? – dijo la mujer.
-Hola, si soy yo, tu Elvira, ¿verdad?
-Si, pasa, pasa

La asociación tenía su sede en un piso particular, Elvira era la presidenta. Invitó a Carlos a tomar asiento, pretendía explicarle el funcionamiento de la asociación y las diversas actividades que hacían.
Elvira era una mujer de unos cuarenta y pocos años, morena, con el pelo corto, bella de cuerpo, atractiva de cara.
Después de servir a Carlos un vaso de agua y sentarse enfrente de él, cogió de encima de la mesa un paquete de cigarrillos, empezó a fumar, y habló.

-Bien, te explico, Esperanzados es una asociación sin animo de lucro, no estamos financiados por
nadie. Nuestra única función es dar apoyo moral a las personas que tienen alguna enfermedad
de transmisión sexual, entre nuestros socios se encuentran personas de todo tipo.
Generalmente son personas seropositivas, que buscan gente que no eche a correr cuando ven
en su cara las manchas del VIH por ejemplo. Esta sociedad esta muy desinformada en cuanto al
sida y otras enfermedades de transmisión sexual se refiere. No saben por ejemplo que no se
contagia el VIH con dar un beso a un seropositivo – Elvira hizo una pausa, dio una gran calada al
cigarrillo, después cruzo sus piernas y prosiguió-. Son personas que en algún momento de su
vida se han visto marginadas por la sociedad, nosotros lo que hacemos es intentar animarlas,
saliendo con ellas, vamos al cine, de copas, organizamos viajes, para que puedan vivir una vida
normal, o por lo menos intentamos que no se sientan solos.
-Ah, es muy interesante, entonces también hay personas sanas, ¿no? – preguntó Carlos.
-Si, claro, la asociación tiene unos treinta y cuatro miembros, y habrá como diez o doce sanos,
que son el pilar de la misma, ya que gracias a ellos los demás no se sienten desplazados, saben
que comparten momentos con gente como ellos pero también con gente sana, que no les tiene
miedo. ¿Sabes que siente una persona con VIH al ver que una sana no le rehuye un abrazo? –
preguntó Elvira.
-Pues no, no lo sé, me imagino que sentirá felicidad, al no sentirse marginado – contestó Carlos
no sabiendo muy bien lo que decía.
-Algo parecido, cuando tienes una enfermedad mortal como lo es hasta ahora ser portador del
VIH, las cosas más simples tienen una importancia brutal, ya no solo por que aprendes a amar
cada segundo de vida, si no por que te vuelves muy sensible, estas muy débil psicológicamente.
Cualquier gesto por muy simple que sea lo agradeces – Elvira, apagó el cigarrillo, se levantó, al
cabo de unos segundos apareció con unas fotos-. No quiero entretenerte mucho, te voy a
enseñar algunas fotos de la excursión que hicimos hace un mes a Londres – empezó a enseñarle
las fotos.

La conversación duró un par de horas, Carlos recibía la información con agrado. Se sentía involucrado con esta causa.
Se habían despedido, Carlos ya se iba pero Elvira lo detuvo.

-Antes de marcharte Carlos, ¿quién te llamó?
-¿perdona? – Carlos no sabia de que estaba hablando.
-Si, ¿qué quien te llamó?, tu dijiste cuando me llamaste que tenias una llamada perdida, ¿no te
dejaron ningún mensaje?
-No, solo había una llamada perdida, por la mañana...
-habrá sido Miselle, le tengo dicho que deje mensaje, bien, pues espero verte muy pronto Carlos.

Cuando Carlos salió del portal se sentía bien. Había decidido pertenecer a aquella asociación, no tenia que pagar nada, iba a ayudar a otra gente, le parecía una buena idea. Además si el era seropositivo le gustaría que hubiera gente así, tan buena. Pensó, por primera vez en su vida ser solidario.
De camino se detuvo a tirar la tarjeta a la papelera, no sabia de quien era, pero ya le daba igual. Sin embargo lo pensó mejor, y la guardó en su bolsillo. Al fin y al cabo si no llega a ser por esa tarjeta no hubiera conocido Esperanzados. Estaba seguro que le traería suerte, la saco del bolsillo y la doblo tres veces, sacó su cartera y la guardó bien guardada, como hacia siempre con las cosas que el creía que le traían suerte.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 4

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 4

Carlos despertó tres horas después, cuando abrió los ojos se encontró con Roy, que leía una revista de automóviles sentado en una silla al lado de su cama, la habitación estaba iluminada por dos lámparas, ya había anochecido.

-Hombre, por fin el hombre de la cabeza abierta abre los ojos – dijo Roy.
-me duele la cabeza, ¿alguien tiene un gelocatil? – el aspecto de Carlos era poco saludable,
vestía una bata blanca, y tenía la cabeza vendada, además en la caída se había fracturado un
dedo y tenía el brazo derecho escayolado-. ¿tiene usted un gelocatil? – dijo Carlos a un viejecito
que veía la tele en la cama contigua.
-No, y si hacen el favor déjenme ver la tele, ¡desde que su novio llegó no he podido
concentrarme! – dijo enfurecido el hombre.
-¡oiga no hace falta que se ponga así! – respondió Roy
-déjalo Roy, no merece la pena, a cierta edad es mejor estar muerto si vas a estar como ese
-yo no soy su novio, –dijo Roy, después se levantó de la silla y echó una cortina que separaba la
cama de Carlos de la del hombre viejo-. Así esta mejor – dijo mientras sonreía.
-Y bueno, a parte del dolor de cabeza, ¿cómo te encuentras?
-Bien, ¿puedes hablar con la enfermera para ver cuando puedo salir de aquí
-Sí, ahora mismo hablo con ella

Roy Salió de la habitación, habló con la enfermera, y esta a su vez con el medico. Carlos pasaría la noche en el hospital, mañana en vista de cómo estuviese le darían el alta, no antes del mediodía. Roy se despidió de Carlos prometiéndole que mañana vendría a buscarle.

Cuando Roy llegó a casa, Claudia dormía. No había nada de cena, miró en la basura, y vio una bolsa de una hamburguesería, y los restos de comida que Clauida había tirado. Se quitó la ropa y se duchó. Roy odiaba el olor a hospital, después de ponerse el pijama se acostó. Dio dos vueltas en la cama, Claudia seguía durmiendo, empezó a besar su cuello, le acaricio los senos, los besos cobraron más intensidad, sus manos masajeaban con más fuerza los pechos de Claudia.
-quieres dejarme dormir – dijo ella con casi con un grito.
Roy apartó las manos y se dio la vuelta. No era la primera vez que lo rechazaba, la vida sexual de Roy y Claudia se había reducido casi al mínimo, podían hacer el amor dos veces al mes y eso cuando lo hacían, por que había veces que podían estar hasta tres meses sin tocarse; además ahora con el cambio de piso a Claudia no le quedaba tiempo para pensar en el sexo.

Carlos se levantó al servicio. El suelo de la habitación del hospital estaba frío. Todavía le dolía la cabeza. Se miró al espejo, no podía creer lo que veía, su cabeza estaba envuelta con una venda blanca, parecía una momia. Pasó apuros para orinar a causa de la escayola, tuvo que utilizar su mano izquierda que no manejaba muy bien, cuando terminó había manchado parte del suelo, no se entretuvo en limpiarlo. Tiró de la cadena y volvió a la cama.
Mira que, ahora en el hospital, pero por causas muy distintas a las que me imaginaba dentro de un par de años, pensó Carlos. Daba vueltas por la ortopédica e incomoda cama , tardó varias horas en volver a dormirse, lo hizo solo cuando el agotamiento pudo con él. Aquella noche tuvo una pesadilla, la escena era casi igual que en la realidad. Él, tumbado en una cama de hospital, pero con cables por todos los sitios, la venda de la cabeza había dejado paso a una alopecia total y con un aspecto demacrado, huesudo, no para de gritar: ¡Todo es un complot!, ¡Me han tendido una trampa!

A la mañana siguiente la puerta de la habitación se abrió, la enfermera despertó a Carlos, después empezó a quitarle la venda de la cabeza.

-Bueno Carlos, puede ponerse su ropa, el doctor le ha dado el alta – dijo la enfermera.

Carlos bajó de la cama, fue al baño, y al mirarse en el espejo descubrió que había una parte de su cabeza que no tenía pelo, intento ocultar la zona aplastando pelo de otra parte, pero era inútil, se veía que, en el lugar donde le habían dado los puntos, no tenía pelo. Orinó con menos dificultad que la noche anterior y se vistió.
Antes de abandonar el hospital se acercó a una cabina telefonica, y llamó por telefono a Roy, le dijo que no viniera a buscarle que el medico le había dicho que no le darían el alta hasta dentro de tres días. Roy se sorprendió y le prometió que en cuanto saliera de trabajar iría a verle. Carlos para entonces ya estaría en casa y avisaría a Roy que no se molestara en ir al Hospital.
Al salir, Carlos se detuvo. En la puerta de salida había una niña de apenas doce años, estaba sentada en una silla de ruedas, con una bombona de oxigeno alimentándola. Su cabeza, pequeña, no tenia pelo, estaba pálida, y el camisón blanco que la vestía no hacia sino entristecer mas su imagen. Tenía los ojos entornados, y abrazaba un osito de peluche marrón, a Carlos le invadió una terrible tristeza, no podía imaginar que destino le esperaba a aquella niña. Comenzó a llorar y caminó deprisa, sin mirar atrás, alejándose del hospital.

Roy se levantó, Claudia no estaba en la cama, la encontró en la cocina preparándose el desayuno.

-hola amor, ¿qué tal todo? – dijo mientras cogía los hombros de Claudia y le daba un beso en la
nuca.
-Bien – Claudia se dio la vuelta y beso a Roy -. ¿quieres desayunar algo?, estoy haciendo
tostadas
-No, no tengo hambre – Roy hizo una pausa, cogió una naranja del frutero y se sentó en una de
las sillas de la cocina -. Todavía no entiendo como se pudo caer Carlos – lanzó la naranja y volvió
a cogerla, la pasaba de una mano a otra -. Últimamente le veo raro, como preocupado
-Si, es cierto, y ayer te mintió, podía haberte dicho que fueras a buscarle al hospital – dijo
Claudia.
-Bueno, eso no tiene importancia, pero estoy seguro de que le pasa algo

Fue al sacar un billete de la cartera para pagar el periódico cuando Carlos vio la tarjeta que encontró en su coche, y como hace unos días, tampoco ahora sabia de quien era, allí había un teléfono y un nombre, “Miselle”.
Le seguía doliendo la garganta, ahora mucho mas que hace dos días. Se volvió a mirar en el espejo, esta vez no se desmayó. Estaba preocupado, para calmar su ansiedad pensó que era casualidad, que no tenía nada que ver sus anginas con el VIH, después de algunos minutos olvidó el tema.
Esa noche había quedado con Luis para tomar una cerveza, Carlos no se arregló mucho, no estaba feliz o al menos la preocupación no le dejaba estar contento. Se vistió con unos pantalones vaqueros y una camiseta de rayas. Se echó perfume y fue a buscar a Luis.
Cuando salían de copas, lo hacían por la zona, luego, ya entrada la noche, si había que ir mas lejos se cogían el autobús o el metro. Nunca les importó moverse por Madrid fuera la hora que fuese. Aquella noche Carlos no tenia otra idea en la cabeza que no fuera la de cogerse una buena borrachera. Al entrar al primer local a Luis le sorprendió lo rápido que Carlos se bebió la copa, no habían pasado mas de dos horas y Carlos ya había tomado cinco, bebía whisky con coca cola, estaba borracho.

-¿qué pasa tío?, solo son las dos y ya vas ciego – dijo Luis.
-ya...- pasaron algunos segundos hasta que Carlos continuo hablando -. Si, tienes razonn, e que
estoy pensando en emborracharme un rato...
-anda que, vaya tostada macho, ¿quieres que te lleve a casa?
-¿a casa?, ¿mi casa?, mi teléfono, no, estoy bien, ¿dónde vamos? – Carlos tenía un ojo medio
cerrado y otro muy abierto eso significaba que iba tocado por el alcohol.
-Pues yo he quedado con dos amigas dentro de una hora en su casa, pero tu macho, vas fatal, no
me la vayas a liar, es seguro que quieren tema, son chicas fáciles
-Vale, me apunto, vamonos pues
-Esta bien, pero solo te pido dos cosas Carlos, primero que no me falles, y segundo que no te
enamores, son unas chicas muy liberales te harían polvo el corazón, ¿de acuerdo?
-Que sí, que pesado estás, ¿enamorarme yo?

Llegaron a casa de las chicas, Carlos tocó el timbre varias veces, Luis le dio un manotazo para que dejara de llamar. Abrió la puerta una rubia con ojos azules, llevaba un vestido verde y en una de sus manos llevaba una botella de champagne, esbozó una gran sonrisa mostrando sus alineados dientes. Los dos entraron sin vacilar.
Dentro de la casa otra chica, esta morena pero de igual belleza, estaba sentada en el sofá. Fumaba un cigarrillo. En la mesa había cocaína, y vasos de tubo con restos de bebida, la imagen era como de una fiesta recién acabada. Justo cuando el alcohol amenazaba con tumbar a Carlos, la chica rubia puso música, subió el volumen, y el ritmo invadió el salón.

Al día siguiente Carlos amaneció sobre el pecho de una de las jóvenes, en concreto de la morena. No se acordaba de nada, un dolor de cabeza insoportable le obligo a cerrar otra vez los ojos. Abrazó a aquella mujer que según creía le había hecho disfrutar tan solo hace unas horas. Pasaron unos minutos, ella despertó, se quitó de encima a Carlos y salió de la habitación, no volvería a verla jamás.

-Te has enamorado, ¡mira que te dije que no lo hicieses! – exclamo Luis al otro lado del teléfono - ¡pero tu eres tonto o que!, que a esas chicas le gusta mas el sexo que a un tonto un lápiz, no te
das cuenta de que tu fuiste uno más
-Pues no parecía, me dijo que le gustaba mucho mi nariz
-Por favor Carlos, no te creo tan estupido
-¿Pero de verdad que no tienes su teléfono?, y tu amiga, la rubia, ¿tampoco puede localizarla?
-No, verás encontró a tu amor por la calle, antes de llegar nosotros, ellas habían estado jugando,
hicieron guarrerias antes de llegar tu y yo, pero vamos, que no la conoce de nada, ni siquiera
sabe quien es
-madre mía como esta el mundo, ¡que degeneración!, de verdad que no sé que pensar
-piensa que pasaste un rato excepcional y no le des mas vueltas, bueno tengo que dejarte me voy
a la facultad, tengo que recoger unos apuntes, hace una semana que no voy por allí
-vale Luis, hasta luego

A los pocos minutos, Carlos cogió el teléfono y llamó al número de la tarjeta que encontró en su coche. Después de varios tonos colgó. No sabia de quien era, en su coche no subía nadie que no fuera conocido. Iba a tirarla a la basura cuando algo lo detuvo, una intuición, de esas que a uno le dan sin saber por qué. La volvió a guardar en la cartera.

Claudia había tenido un día espantoso, trabajaba de cajera en un centro comercial. Esa mañana había discutido con dos clientes muy bordes, y para colmo, al cerrar no le cuadraba la caja, le faltaban quince euros que tuvo que poner de su bolsillo. Al llegar a casa encontró a Roy durmiendo en el sofá, le molestó verle allí tirado mientras los platos de la noche anterior descansaban en el fregadero. Roy y Claudia despues de cinco años de noviazgo, habían decidido irse a vivir juntos. Una decisión arriesgada, pero se querían y pensaron que no había que esperar más. A pesar de ser jóvenes, tenían veinticuatro años, podían cargar con la responsabilidad de llevar una casa, o al menos eso creían. Aunque a veces Claudia pensaba que se había equivocado, ella fregaba, limpiaba, hacia la compra, Roy solamente trabajaba. Si bien es cierto que la jornada de trabajo de ella era menor, ya que solo trabajaba cinco horas por la mañana, Roy todo el día, cuando se convive hay que compartir las tareas del hogar.
Se quitó la ropa, la dobló y de camino al armario se paró en el espejo, miró su cuerpo con brevedad, en seguida apartó la mirada y siguió su camino hacía el armario, guadró la ropa y se puso el pijama.
En el sofá encendió un cigarrillo y se puso a ver la tele, un programa de preguntas y respuestas que siempre que podía, solia ver, ni ella sabía si por que le gustaba o por mera distracción.

 
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