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Sobre el Idealismo, y en consecuencia sobre la lucha

SOBRE EL IDEALISMO Y EN CONSECUENCIA LA LUCHA

Decía Ernesto Che Guevara que: "La unica lucha que se pierde es la que se abandona", es obvio que él era un luchador.
¿Para que luchar? El mundo está lleno de idealistas, ser idealista es ser caprichoso, luchar por algo es una utopia.

El viernes pasado estuve con un buen amigo, hacía años que no veía, se había convertido en un luchador, un idealista, defendía sus ideas, haciendo de las mismas su estilo de vida.
Cualquier tipo de lucha me parece atrevídamente ridicula, pero la que él lleva emprendida muchisimo más, la insatisfacción constante de los idealistas es lo que les ánima a seguir luchando, pero es una lucha sin fin, y eso es lo que me exaspera.

Hay que ver la vida desde cierta altura, desde cierta distancia, y disfrutarla, u odiarla, alejado de las tempestades que puedan moverte, la vida debe verse desde la distancia, ajeno/a a toda ella, desde la tribuna, y no interferir con idealismos ni luchas sin sentido, pues no depende de uno mismo que se cumplan sus deseos, y mucho menos sentirse satisfecho con la utopia soñada.
Somos así, pero hay que ser discreto, y ver la vida pasar, sin que te pase por encima.

Os animo a estudiar, o en el mejor de los casos leer, la filosofía de Schopenhauer, copio y pego de la "Wikipedia":

"...Es por ello que Schopenhauer propone una huida del mundo. Con todo, no aprueba el suicidio como camino, ya que el suicida no renuncia a la vida en sí misma, sino a la que le ha tocado vivir en condiciones desfavorables. Por lo tanto, el filósofo reconocerá como válidas sólo tres alternativas, que jerarquiza según el grado de aniquilación de la Voluntad implicado en cada una de ellas:

-la contemplación de la obra de arte como acto desinteresado, fundamento de su estetica.
-la práctica de la compasión, piedra angular de su ética.
-la autonegación del yo (asimilable a una suerte de nirvana) mediante una vida ascética.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 8

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 8

Claudia y Ángela hacia mucho tiempo que no se veían. En el pasado antes de tener pareja habían sido muy buenas amigas, esa tarde quedaron a las cinco en una terraza de la Castellana. La puntualidad de Claudia hizo que tuviera que esperar diez minutos antes de que Ángela llegase.
-Hola – dijo Ángela dando un abrazo a Claudia, después, se sentó.
-¿qué tal?, llegas tarde –dijo Claudia, después sonrió.
-Es que no venia en autobús tía, lo siento
-No pasa nada, estaba bromeando, ¿qué quieres tomar?
-Un café – dijo Ángela.

El camarero se acercó a la mesa. Claudia pidió una naranja para ella y un café para Ángela.

-¿y que tal te va con Sergio?, cuéntame – dijo Claudia.
-vaya ahora si te has acordado de su nombre
-Me lo dijiste el otro día, si no, no, jajaja...- rieron las dos con femenina complicidad.
-Bien, el día 2 de Octubre hacemos 2 años, le quiero mucho y el también me quiere a mi, no se,
somos felices –el camarero trajo las consumiciones-. Tiene muchos detalles conmigo, y eso hace
que la magia del primer día no se muera, por lo menos para mi no ha muerto
-Venga Ángela, no me digas que no te has cansado ni un poquito, que cuando te levantas, algunas
mañanas odias que te hable
-No – y no dijo nada más-. Vamos a ver Claudia, te conozco, a ti te pasa algo con Roy, ¿no es
cierto?
-El otro día hable con Alberto –dijo Claudia, se tomó media naranjada de un trago, después
prosiguió-. Y no solo hable con el, quede con el, incluso cene con el, luego me invitó al cine, y te
puedo decir que lo pase genial – hizo una pausa y continuó -. Tengo miedo, Ángela, miedo de
volver a sentir algo por el
-Pero tu quieres a Roy, ¿no?, ¿estas bien con el?
-Si, pero esa magia de la que hablabas hace un instante. Creo que parte de esa magia se ha
perdido en mi relación con Roy, y he vuelto a sentirla el otro día con Alberto. Volvieron a
temblarme las piernas antes de verle, y se me hizo un nudo en el estomago cuando se marchó,
¿eso es amor?, ¡dime que no! –Claudia empezó a llorar-. Lo siento –dijo, sacó un papel del bolso
y se limpió las lágrimas.
-No te preocupes – dijo Ángela mientras acariciaba la mano de Claudia -. Supongo que para que
la magia no se esfume hay que poner cada uno de su parte, en realidad la magia es la pareja, los
dos tienen que alimentar la relación a diario, pero ya sabes como son los sentimientos, no se
pueden controlar – dijo Ángela.
-De adolescente imaginaba que mi felicidad estaba al lado de un hombre como Alberto. Cuando le
conocí, estaba convencida que seria el hombre de mi vida, luego fui una inmadura dejándole
para emborracharme y salir con mis amigas, ¿por que ahora?, ¿dónde están mis amigas?, solo
quedas tu Ángela y después de esta perorata dudo mucho que quieras volver a verme – Claudia
rió llorando.
-No seas tonta, anda – dijo Ángela mientras la abrazaba-. Estas pasando un mal momento,
aclárate las ideas, lo primero que tienes que hacer es hablar con Roy, el lo va a pasar mal, pero
tienes que decirle que no estas segura de lo que sientes por el, que lo dejáis por un tiempo o algo
así
-¡no puedo hacer eso a Roy!, ¡yo le quiero! –dijo Claudia sin dejar que Ángela siguiese hablando-.
Roy es bueno conmigo, ahora el es el hombre de mi vida, aunque una parte de mi piense lo
contrario seguiré a su lado, al menos por el momento.

Eran mas de las siete, las dos siguieron hablando, de otros temas incluso. Se despidieron y quedaron en verse más a menudo, para hablar, para compartir de nuevo momentos femeninos.

Era viernes, Carlos empezó a arreglarse. Hoy era el gran día, o mejor dicho la gran noche, había quedado con los miembros de la asociación. Según le había dicho Elvira hoy conocería a casi todos.
Se dio prisa en vestirse, no decidió ponerse muy elegante, así que opto por unos tejanos y una camisa, una americana de pana de color gris le daría un toque algo serio. Se miró en el espejo antes de salir, cogió las llaves y se marchó.
La cita era en un restaurante cercano a la Puerta del Sol. Esperó quince minutos hasta que vino el autobús, una vez subido en el, notó que apestaba a colonia, pensó que se había echado demasiada y se odió por ello, ¿qué impresión causaré?, pensó, esperaba que cuando llegase al restaurante parte del olor hubiese desaparecido, se frotaba la cara con la americana para quitarse la fragancia, pero no le dio mucho resultado, al final desistió, se auto convenció de que era una paranoia suya, que en realidad no olía tanto.
Cuando llegó al restaurante, un camarero le pidió el nombre completo, Carlos se lo dio, el camarero con aire distinguido le acompañó a una mesa en el fondo del restaurante, allí le esperaban unas quince personas, cuando estuvo a la altura de la mesa, Elvira se levantó de la silla y fue hacia Carlos, le saludó y después le indicó cual era su sitio. Había varias sillas sin ocupar. Ambos se sentaron. El camarero trajo vino, el mejor que tenia la casa. Carlos se sorprendió ante tanto lujo, el restaurante era de cuatro tenedores, nunca había estado cenando en un sitio como aquel, ni siquiera cuando había tenido novia que siempre intentaba impresionarlas, nunca había llegado a ese nivel. Saco a Carlos de su letargo las voces de Elvira, lo estaba presentando en sociedad, después de sus palabras, el grupo alzó sus copas y brindaron todos, incluido Carlos.
La cena transcurría con normalidad, aunque a veces no se sintió muy cómodo.
Carlos hablaba con la mujer que tenia al lado.

-Fue cuando tenia 18 años, además fue mi primera experiencia sexual, yo no lo conocía, solo de
vista, y si que usé preservativo, pero se rompió. Después, pensando que como se había roto la
primera vez ya estaba contagiada, lo hice otras cuatro veces sin el profiláctico – contaba la
mujer a Carlos.
-¡pero eso es una barbaridad mujer!, podías no haberte contagiado en el primer coito y si en el
segundo. O peor aun podías haberte contagiado poco y al hacerlo tantas veces podía haber
entrado una gran carga viral en tu cuerpo – dijo Carlos.
-Si, pero entiende que antes no había información, en estos tiempos tampoco hay un exceso, pero
por lo menos si quieres saber, lo consigues – dijo mientras bebía un sorbo de vino.

Cuando finalizó la cena, ya fuera del restaurante, Elvira presentó más formalmente a Carlos. En ese tiempo conoció a algunos miembros mas, todos eran personas muy abiertas, simpáticas, increíblemente agradables.
De camino a la discoteca no había situaciones incomodas, Carlos hablaba con unos y con otros, se había integrado a la perfección.
No fue ajeno a las miradas que durante toda la cena le había dirigido una chica morena, de unos treinta años, no muy alta, delgada, así que al llegar a la discoteca, fue a la barra, se pidió un ron y fue a entablar conversación con ella.
Se acercó, ella bebía un combinado con pajita, sostenía el vaso con sus dos manos, absorbía el líquido, y se contoneaba de un lado para otro al ritmo de la música.
-Hola, te he visto en la cena, nos han presentado, vienes con el grupo ¿no? – dijo Carlos
esperando su respuesta.

La chica dejo de absorber el liquido quitándose la pajita de los labios, ese movimiento dejo entrever su lengua, fue un gesto muy erótico.

-si, estoy en la asociación por mi madre, pero yo paso de todo esto – dijo ella.
-Ya – Carlos pensó en preguntarle quien era su madre, y lo hizo -. ¿quién es tu madre?, si se
puede saber, claro
-Si, Elvira, la presidenta –su voz era irónica-. Me disculpas, voy a pedirme otra copa – después
se fue.

La noche había sido entretenida, Carlos estaba contento de cómo habían ido las cosas, ya no solo por que había disfrutado con aquella gente, si no por que había compartido parte de su tiempo en hacerles felices. Hubo un gesto en el transcurso de la noche que le hizo pensar, Javier un miembro de la asociación se encontró de camino a otra discoteca a unos excompañeros de carrera. Él los vio, y se paró esperando unos segundos para saludarles, cuando estuvieron enfrente suyo le bordearon dejándole con una sonrisa en la cara que segundos después se había borrado por completo. Se quedó chafado, Javier siguió andando, segundos después rompió a llorar. Carlos se dio cuenta de que esos supuestos amigos suyos le habían negado el saludo, se vieron, ellos le vieron, pero le ignoraron. Javier estaba en fase terminal, tenía manchas en la cara, estaba en la fase en que ya no puedes ocultar el virus a la sociedad, su aspecto demacrado le delataba en cada paseo que daba, en cada esquina de cualquier calle.

Era el cumpleaños de Claudia. Roy tuvo la suerte de que este año caía en domingo. Como últimamente no andaban muy bien las cosas, pensó en hacerle un regalo especial. Los últimos regalos de este habían sido muy materiales, pero este año no seria así. Al estar viviendo juntos tenía un campo aun por explorar. Había pensado prepararle una cena romántica, con velas. Cocinaría él por supuesto.
Por la mañana había comprado todo lo necesario, la comida, velas, un compacto de música romántica. Todo eso seria el regalo emocional. Como regalo más material, había comprado dos billetes para una sesión en vuelo aerostatito. Una empresa se dedicaba a ello, una hora de paseo en globo por trescientos euros, el regalo era caro, pero pensó que merecía la pena.
Claudia había ido a casa de sus padres. Era el primer año que no pasaba su cumpleaños allí, ese fue el momento en que Roy lo preparó todo.
Claudia llegó sobre las diez de la noche Se encontró con la sorpresa.
El salón estaba a oscuras, solo lo alumbraban cuatro velas puestas en una mesa perfectamente colocada con copas, platos, y una botella de vino que tomaba protagonismo por encima de todas las cosas. Al lado de uno de los platos, un sobre.
Claudia se sorprendió mucho, según ella Roy no era nada romántico. Seguro que no ha sido idea suya, pensó. Durante algunos segundos también pensó que la silueta que veía aproximarse desde la cocina no era la de Roy.
Roy se acercó a Claudia, la tomó entre sus brazos y la besó, después se abrazaron durante algunos minutos.

-¿cómo me haces esto? –dijo Claudia riendo a la vez que lloraba-. Estoy emocionada, ¡eres genial! – exclamó.
-Jajaja –rió Roy-. Si en realidad no he sido yo, esto estaba así preparado, yo solo he encendido las
velas
-No seas tonto, me encanta – Claudia se quitó el abrigo y se sentó en la mesa.
-Bien, de primero tenemos una ensalada de pasta especialidad de la casa – dijo Roy mientras
cogía una servilleta y se la colocaba encima del brazo-. Y de segundo, ¡tortilla de patatas!, -
jajaja...
-Jajaja... – rieron los dos.

La cena no era gran cosa, Claudia lo sabia, pero el detalle la pareció genial.

Ya cuando cenaban Claudia se dio cuenta de que tenía un sobre al lado de su plato.

-¿esto que es? – dijo cogiéndolo.
-No sé, ábrelo, seguramente será alguna factura – dijo Roy alzando la vista al techo.

Claudia abrió el sobre y descubrió los dos billetes para su aventura en globo. Enmudeció, no supo que decir, pasaron algunos segundos y algunas lagrimas por su mejilla.

-te quiero – dijo al fin.
Roy cogió una de las manos de Claudia y la besó.
-Felicidades amor mío

El efecto del vino en Roy y el efecto de la sorpresa en Claudia, los elevo a una noche desenfrenada, de las que ya no recordaban. A las cuatro de la madrugada se durmieron. Claudia descansaba encima del pecho de Roy con el sudor del último clímax aun escurriendo.


Carlos se levantó de madrugada, aun dormido abrió la nevera cogió el cartón de leche y le dio un trago. Se quedó de pie, dormido, después bebió otro sorbo. Ya no quedaba leche, tiró el cartón y volvió a la cama. Iba caminando medio sonámbulo, se tocó el pelo como un acto instintivo, al bajar la mano acariciándose el cuello, se dio cuenta de que le había salido un grano enorme. Fue al baño y se lo miró en el espejo, después volvió a la cama.
Eran más de las diez cuando se despertó. Mientras orinaba se empezó a tocar el grano que le había salido. Se volvió a mirar en el espejo. Era un bulto grandísimo, lo observó durante algunos minutos, lo apretaba, lo rozaba. Era un grano muy raro, se untó bien de alcohol para que secase.
Ese día Carlos había recibido una llamada. Elvira quería verle, tenía que hablar con el de algunos temas de la asociación, así que fue a la hora prevista a su casa.

Elvira estaba igual de elegante que siempre, recibió a Carlos y empezó a hablarle.

-¿qué tal te lo pasaste el sábado?
-Bien, fue divertido, y solidario, muy solidario
-En ese momento apareció la hija de Elvira. Miró fijamente a Carlos, este hizo lo mismo, durante
unos segundos mantuvieron la mirada.
-¿de donde vienes Sandra? – preguntó Elvira.
-de algún sitio, supongo – dijo Sandra.
-¡oh!, discúlpame Carlos, no os he presentado, esta es mi hija Sandra, Sandra este es Carlos un
miembro de la asociación. Anda ve a ducharte y a cambiarte de ropa, hay algo de cena en la
cocina.

Carlos saludó con la mano a Sandra. Ella llevaba dos días sin aparecer por casa. Lo hacia a menudo últimamente. Salía un día y nadie sabia cuando volvería. En casa de uno, de otro, le daba igual. Le gustaba perderse, no saber donde iba a dormir. Siempre dormía bajo techo, pero no sabia con que tipo de compañía, era una chica muy sociable y libertina.

-La otra noche estuve hablando con ella en la discoteca – dijo Carlos.
-¡ah!, ¿así que ya os conocíais?
-No, solamente hablamos un par de minutos, ella se fue a otro sitio, no le debí de caer bien –
Carlos sonrió.
-Seguro que no es eso. Es una chica muy rara, no sé que le ocurre.

Elvira despidió a Carlos. Lo emplazó a una próxima salida.

Carlos llamó al timbre, Roy abrió la puerta.

-hombre, ¿qué tal estas? – dijo Roy. Una toalla le cubría de cintura para abajo.
-Bien, ¿y tu?, ¿qué tal?
-Pues nada, aquí, tirando

Carlos conocía a Roy, y el solo gesto de su cara le decía que algo no iba bien, lo dejo pasar, hasta que lo notó mientras conversaba con él.
-macho a ti te pasa algo, ¿estas bien con Claudia?
-Sí
-¿seguro? – insistió Carlos.
-Bueno, no muy bien – Roy hizo una pausa, después prosiguió -. Tengo dudas de Claudia, no creo
que me engañe, pero si que hay algo
-Venga ya, ¿por qué crees eso?
-El otro día tenia una llamada perdida de su exnovio
-¿ese tal Alberto? – preguntó Carlos.
-Sí, el mismo, y últimamente la veo rara, como alejada de mi, distante vamos
-Ten en cuenta que habéis dado un paso muy grande al vivir juntos, a lo mejor le ha afectado un
poco
-No sé, ¡vaya grano que tienes!, jajaja... – dijo Roy señalando el bulto del cuello de Carlos, pero sólo se rio él, Caros desvió la mirada y cambio de tema de conversación.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 7

LA INEXISTENCIA DEL HADO

Capitulo 7

Carlos se levantó con dolor de cabeza, enseguida se tocó la frente para ver si tenia fiebre, no se notó nada, así que se levantó corriendo y fue a buscar el termómetro. Se lo puso, cuando pasó el tiempo vio que no tenia fiebre, se quedó mucho mas tranquilo. Últimamente no pensaba mucho en si era portador del VIH, pero cuando le atenazaba algún síntoma de enfermedad el terror le invadía. Pensó que seria una simple jaqueca. Fue a la cocina y se tomó un analgésico.
Como tenía un largo día por delante sin hacer nada, decidió llamar a Elvira para ver cuando iba a ser la próxima reunión de “Esperanzados”.
Después de la conversación, había quedado con Elvira y con el grupo el viernes a las diez de la noche. Iban a ir a cenar y luego a tomar unas copas, antes de la cita Carlos tendría que ir a casa de Elvira para formalizar su suscripción a la asociación, para ello solo era necesario rellenar un impreso y pagar una cuota de socio de 20 euros al mes, a Carlos le pareció exagerado, pero Elvira le convenció diciendo que esos 20 euros eran para fines benéficos, por que con ese dinero hacían regalos a los socios en su cumpleaños, además servia para hacer los impresos de alta de socios, y gran parte del dinero se quedaba en la tesorería de la asociación para ser usado por los socios cuando tuviesen algún problema económico.
Se duchó, se vistió, y se fue a casa de Elvira, cuanto antes hiciese el trámite mejor, pensó Carlos.
Iba a cruzar la calle cuando alguien le tocó el hombro, Carlos se dio la vuelta, era Claudia.

-Hola Claudia, ¿qué tal?
-Bien, ¿y tu?, ¿dónde vas? – le pregunto extrañada, Claudia trabajaba un par de manzanas mas
arriba, iba a coger el autobús.
-Pues mira a dar una vuelta
-Yo salgo de trabajar ahora, tenía que haber salido a las doce, y mira, las cinco y sin comer
todavía, ¡estoy harta!
-Si suele pasar, pero tranquila, ¿y Roy que tal? – preguntó Carlos.
-Bien, me imagino que estará trabajando
-Oye siento lo de la otra noche, no quería herir a tu prima
-No te preocupes, ya le diré algo, pero no pienses que va a quedar contigo otro día, jajaja...
-Jajaja...no en serio, no quería hacerla daño, es mas me gusta bastante –Carlos hizo una pausa-. --Bueno, dejémoslo, no quiero enamorarme, jajaja...
-Bueno Carlos te dejo que solo me faltaba perder el autobús

Se despidieron con dos besos. Carlos disimuló metiéndose por una calle hasta que Claudia cogió el autobús y desapareció. Volvió sobre sus pasos y entró en el portal de Elvira.
Elvira vestía unos pantalones negros ceñidos, era una mujer atractiva, en esta ocasión se había preparado para la visita, dio dos besos a Carlos y le invitó a entrar.
espera un momento, voy a por los documentos – dijo, después se encendió un cigarrillo y se fue.
Tardó como cinco minutos en volver, cuando lo hizo traía bajo su brazo un montón de papeles, se sentó en el sofá, al lado de Carlos y empezó a explicarle.

-Mira, esto que te doy es una especie de contrato, no te compromete a nada es solo informativo,
te explica las actividades de la asociación y que estas de acuerdo con ellas, nada mas, firma aquí – le mostró donde tenia que firmar.
Carlos tardo en leer todo el documento, cuando lo hizo solo tenía una duda.
-¿oye Elvira y esta cláusula que dice que no se puede hablar de la asociación con gente conocida,
como familia y amigos?
-No te preocupes por ella, algunas cláusulas son muy antiguas, esa en concreto en la próxima
asamblea la pensamos quitar – dio una ultima calada al cigarrillo y lo apagó, después saco de su
bolso que estaba al lado suyo una barra de carmín rojo y se empezó a pintar los labios, acto
seguido prosiguió-. Antes, al principio en la asociación éramos poca gente, para impedir que se
convirtiera en algo familiar impedimos hablar de la misma con gente conocida o familiares.

Carlos no es que se quedara muy satisfecho con la explicación, pero pensó que a lo mejor era cierto, firmo el documento, después Elvira le explico algunas cosas referentes a los socios, por ejemplo le advirtió de que no estaba bien estar todo el tiempo hablando de la enfermedad, para ello hacían un foro una vez a la semana, los días que se reunían para salir era casi tema tabú, por que lo que buscaban todos era divertirse, no amargarse con el problema. Carlos lo entendió perfectamente. Elvira le dio también un libro sobre el VIH

-dime tu primer apellido – le dijo Elvira
-Sánchez, ¿para que?
-Elvira escribió a bolígrafo “Carlos Sánchez” en el carné de la asociación, en realidad era una
tarjeta de visita de color rojo, con un teléfono y un espacio para poner el nombre, igual que la
que encontró Carlos en su coche. Enseguida al ver la tarjeta pensó que la que estaba en su coche
era la de un miembro de la asociación, en concreto la de Misselle, ¿y cuando se la había dejado?.

Hizo memoria, se le ocurrió que podía ser de la prostituta que había subido a su coche hace un par de meses, en fin, tampoco tenia importancia, ¿o si?.

Carlos se despidió de Elvira, esta le dio dos besos y le emplazó para la cita del Viernes, en ella
conocería a casi todos los miembros, estaba deseoso de hacerlo.

Claudia se estaba preparando una tortilla francesa, había salido tarde de trabajar, eran más de las seis y todavía no había comido nada. El teléfono sonó, fue al salón para cogerlo, cuando miro la pantalla vio que era el teléfono de Alberto. Empezó a latirle el corazón, dudo si cogerlo o no, le temblaban las piernas. No lo cogió. Dejó el teléfono encima de la mesa y fue corriendo a la cocina.
¡mierda!, ¡jodida sartén! – la tortilla estaba carbonizada.
La tiró a la basura, la llamada también le había quitado el hambre. Se echó a dormir un rato, mientras lo hacia pensó en Alberto, ¿por qué la habría llamado?, ¿qué intenciones tenia?, una cosa es quedar para tomar algo, y otra muy distinta es quedar a menudo. Claudia tenia miedo, miedo por que la tarde que había pasado con el fue maravillosa, y no quería que en ella volvieran viejos sentimientos, tampoco quería hacer daño a Roy, pensó no tener mas contacto con Alberto, no era bueno para nadie. Le besaba, se fundían en un beso apasionado, se abrazaban y estaban juntos, Claudia soñaba segundos después con Alberto.
Cuando Roy llegó a casa, encontró a Claudia durmiendo, no quiso despertarla, eran las siete y media. Se sentó en el sofá y fue a poner la tele, cuando quiso coger el mando el móvil de Claudia estaba junto a el, lo cogió como sin querer y vio que tenia una llamada perdida. Roy pensó que seria de alguna amiga o amigo y no le dio importancia, ni siquiera miro de quien era esa llamada perdida, pero viendo que lo que ponían en la tele era muy aburrido, y ya había hecho todo el zapping, le pico el gusanillo de la duda, volvió a coger el teléfono y miró la llamada perdida, “Alberto” pudo leer.
¿Por qué llama este gilipollas a mi novia?, pensó Roy, también pensó en despertar en ese mismo momento a Claudia para que le explicase esa llamada, pero recapacitó y aunque le comía por dentro la duda, lo dejo estar, no diría nada a Claudia, olvidaría el tema, además Claudia no había cogido el teléfono. Sabia por lo que le había contado Claudia que días después de dejarle le había estado dando la lata para que volviera con el, seguramente se habrá puesto melancólico y quería hablar con ella, pensó. Apagó la tele y se fue a duchar, si, una buena ducha me sentara bien, dijo.
Carlos esperaba pegado a la barra, una rubia que tenia al lado no hacia más que darle golpes con el hombro, se retiro hacia el centro de la pista. Hacia más de diez minutos que Luis se había ido a pedir una copa y no había vuelto. Carlos alternaba miradas entre su reloj y los ojos de una morena que no paraba de mirarle, a los pocos minutos la chica morena fue hacia Carlos, se puso enfrente de él.

-Hola, ¿me sujetas la copa un momento? – le dijo la chica.
-Si, claro –dijo Carlos cogiendo la copa.
-La chica abrió el bolso y sacó un paquete de cigarrillos, ofreció a Carlos, pero este no fumaba, se
encendió ella uno y volvió a guardar el tabaco en el bolso.
-Gracias –dijo quitándole la copa de la mano-. Oye me suena tu cara
-¿si?, a mi la tuya también – mintió Carlos.
-Si, ¿tu no serás amigo de Ana?
-Pues hombre no sé, si conozco alguna Ana que otra, pero no se si será la que tu dices – en
realidad, en ese momento, Carlos no se acordaba de ninguna Ana.
-Bueno da igual, yo me llamo Vanesa – dijo ella.
-Yo Carlos – se dieron dos besos.
-En realidad no tenían mucho de que hablar, Carlos iba un poco borracho, Vanesa también, se le
notaba en la forma de mirar, casi distraída, si no fuera por la música de la discoteca se hubiese
hecho uno de esos silencios tan incómodos que se dan cuando conoces a alguien.
-Y que, ¿trabajas mañana? – le pregunto Carlos para hablar de algo.
-Si, pero bueno no hay problema, por que no voy hacer nada
-Bueno ¿y que tendrías que hacer? – Carlos pensó que Vanesa se refería a que no iba hacer nada
esa noche, y lo que ella quiso decir es que no iba hacer nada en el trabajo.
-Pues nada, mi jefe no esta, se ha ido de vacaciones – dijo ella.

Carlos se dio cuenta de que la conversación que mantenía con esa chica no tenía ningún sentido, no se entendían. Era morena, tenia media melena y unos labios no muy grandes pero bien diferenciados, igual de alta que el, y de buen cuerpo. Intercambiaron algunas palabras más, hasta que Carlos vio a Luis en una esquina de la discoteca.

-bueno ahí esta mi amigo, lo siento tengo que marcharme – dijo Carlos.
-Vale que pena –dijo la chica, poniendo cara de disgusto-. Bueno ya nos veremos otro día, ¿no? –
volvió a poner cara de pena-.
-De acuerdo, hasta luego.

Carlos fue en busca de Luis, mientras lo hacia pensaba que no la había dado dos besos para despedirse, era una manía suya, siempre al ver a alguien lo saludaba, pero luego al irse no se despedía. No supo por que pensó eso, supuso que era por el alcohol, que cuando no tienes en que pensar piensas en esas tonterías.
Tomaron algunas copas más. A las seis de la mañana se despidieron, Luis tenía que trabajar al día siguiente.

Roy había perdido parte de confianza en Claudia, estaba algo mosqueado desde que vio la llamada perdida de su exnovio hace una semana. La vigilaba de cerca, por las noches cuando ella dormía se levantaba a ver su móvil, pero no encontraba nada. Incluso un día pidió la tarde libre para ir a buscar a Claudia al trabajo, ella al verlo se quedó impresionada.

-¿qué haces aquí? – preguntó ella.
-Pues venir a buscarte, ¿qué pasa ya no puede uno ser bueno?
-Si, pero, ¿tu trabajo? – Claudia no salía de su asombro, aunque no imaginó los motivos que tenia
Roy para ir a buscarla.
-Hoy me han dado la tarde libre, fíjate, ¡que bien! ¿verdad?, ¡tenemos toda la tarde para
nosotros!
-Vale – Claudia ya mas tranquila le dio un beso y le abrazó.

Sobre el atardecer


Creo que muchas veces no apreciamos lo que tenemos, hay cosas en nuestra vida cotidiana que pasan desapercibidas, es como despertarse por la mañana, apenas le damos importancia, es más, muchas ocasiones nos fastidia hacerlo, pero no caemos en la cuenta de que si no lo hiciesemos mal asunto.
Ultimamente me gusta mirar el cielo, desde mi terraza se ve un bonito atardecer con la sierra de Madrid al fondo, y me pregunto como he podido estar tantos años no dandome cuenta de esta belleza. De un tiempo a esta parte, cada día lo disfruto más, observo como cae el sol, y cuando no hay nubes de lluvia, los últimos rayos de sol pintar de rosa las nubes, es maravilloso y sin embargo nunca me había fijado.
Supongo que es así, o quizá no, quizá yo soy así, el caso es que me encanta ver la puesta de sol, ver las diferentes tonalidades de azul, en algunos momentos esas tonalidades se me figuran el estado de ánimo, azul claro, azul oscuro, celeste, gris, azul negruzco, también hay tonalidades naranjas, rosas, rojizas...
Me hubiera gustado darme cuenta de todo este festín de belleza mucho antes, ahora tengo la sensación de que cada vez que veo una puesta de sol, es una puesta de sol que no volverá, que ya me he perdido, sólo me queda esperar al día siguiente, ya que por suerte, el sol se pone todos los días.

Sobre mi escritura

No sé que escritor dijo que Dios le había dado talento pero se olvidó del dinero. Sería muy pretencioso que yo pensara lo mismo pues me creeria un buen escritor. A decir verdad en mi caso se olvidó del talento y por supuesto del dinero.
Estos días atrás pensaba en que hubiera sucedido en mi vida si yo no dependiera de un puesto de trabajo para vivir, es decir si tuviera el dinero por castigo, si hubiera venido al mundo hijo de conde, marqués o hijo de un multimillonario que hizo su dinero en la industria del porno, supongo que no cambiaria mucho la cosa, sí, tendría más tiempo para escribir, pero la mediocridad no se hubiera ido, seguiría presente en mi opaca escritura minimalista, pero que cojones, ya puestos a pedir, si hubiera nacido de buena cuna, también hubiera tenido talento.

Mientras tanto, en mis ratos libres me escapo de la realidad inventando mundos distintos. Ahora además de la novela que estoy publicando aquí por entregas, estoy escribiendo otra novela. Bueno yo las llamo novelas, en realidad son letras que hacen palabras, y palabras que hacen malas frases, lo que lleva a que estas malas frases se junten en malos parrafos, y estos malos parrafos en una mierda de historia mal contada, pero todo esto es a proposito eh, no te creas.

Muchas veces he intentado escribir un relato de gente alegre, de cosas bonitas, en la novela me pasa lo mismo, empiezo creando un superpersonaje, y luego con el desarrollo de la historia el personaje es un caca, un mindundi, una persona normal y corriente, y es que en definitiva, nunca consigo escapar de la realidad, ya que cuando escribo, en mi otro mundo imaginario, me encuentro con la misma mierda.


Sergio Becerril.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 6

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 6


Roy llegó a casa, eran más de las ocho. Claudia no estaba, la cocina estaba echa una porquería, maldijo un par de veces y se puso a fregar, tardó una hora en dejar todo limpio. Claudia seguía sin venir, pensó en llamarla pero desechó la idea, luego piensa que soy un pesado, murmuró. Se dio una ducha y llamó a Carlos para ver que tal le iba, después se sentó en el sofá y se puso a ver la tele, eligió una película de acción que llevaba una hora y media empezada, casi todas son iguales, cogeré el hilo, pensó. No había pasado ni media hora cuando Roy ya estaba dormido con el mando a distancia encima de su pecho.

Claudia llegó poco después, se encontró a Roy tirado en el sofá, como casi siempre. Se desnudó y fue a la cocina a comer algo. Cuando vio que Roy había recogido la cocina sonrió. Fue al salón donde Roy ya empezaba a roncar y se sentó encima de él, con su dedo índice empezó a acariciar sus labios, mojaba su dedo con su saliva y lo secaba con los labios de Roy, este se levantó sobresaltado, pero encontró la resistencia de Claudia sentada encima de su estomago.

-schisss – no hables, dijo Claudia mientras se quitaba el sujetador.
-Mmm...- gimió Roy-. haz conmigo lo que quieras.

Por fin llegó el viernes, el teléfono de Carlos sonó dos veces, fue a la tercera cuando lo despertó.

-¿diga?
-Carlos, no me digas que estabas durmiendo, ¡tío que son mas de las dos!
-Hola Roy, pues si, estaba durmiendo anoche me acosté tarde, estuve viendo una película
-¿qué vas hacer esta noche?, ¿has quedado con Luis?
-No, todavía no, ¿por qué?
-Por si te apetecía quedar conmigo y con Claudia, ha venido una prima suya de Zaragoza que
dice que esta buscando novio, jejeje...
-Venga Roy, no seas canalla
-Sí, es buena chica y además esta muy buena, y quiere encontrar a alguien, es broma hombre,
pero te podías venir, a lo mejor lo pasamos bien, iremos a cenar y luego a tomar unas copas
venga vale -dijo Carlos con desgana-. ¿A que hora?
-A las diez te pasamos a buscar, hasta luego

Carlos se duchó y desayunó, bueno desayuno por que eran los primeros alimentos que tomaba, aunque por la hora que era, las dos y media pasadas, se podía considerar comida.

Claudia y Roy se retrasaron quince minutos, era raro, sobre todo por Claudia que siempre era muy puntual, echaron la culpa a la prima de esta. Carlos subió al coche y en el asiento de atrás estaba Maria, tenia veintidos años, pelo moreno y corto, a Carlos le pareció guapa.

Carlos pensó que esa noche iba a tener “duende” Carlos entendía por una noche con “duende” cuando había alguna persona, generalmente siempre era una chica, a la que podía impresionar, todo se volvía mágico, cada cosa que hacia tenia un sentido por que el sujeto estaba pendiente de él, en este caso no había nadie mas que él, por que Roy estaba con Claudia, tenia que impresionar a Maria.

-Que pasa Carlos, esa que tienes a tu lado es Maria, la prima de Claudia – dijo Roy dándose la
vuelta desde el asiento delantero.
-Hola, ¿qué tal? – dijo Maria mirando a Carlos a la cara para acto seguido tomar una postura
inverosímil para darle dos besos.
-Bien, encantado, ¿sabéis ya donde vamos? – dijo Carlos.
-Si, vamos a un restaurante Italiano que conoce Claudia, en Atocha y luego nos quedaremos por
allí tomando algo, ¿no?, ¿a ti que te apetece? – dijo refiriéndose a Carlos.
-Vale, a mi me da igual, ¡me encanta la comida italiana! – puso énfasis en esa frase, sabia que
Maria le escucharía, pretendió mostrarse internacional.

En la cena, Carlos se mostró muy comedido, no se excedió con el vino y siempre pretendió agradar a Maria, se le notaba demasiado que le gustaba. Cuando el vino se empezó a notar incluso se atrevió a decirle algún piropo que Maria aceptaba de buen gusto, y es que, el efecto del alcohol es tanto para uno como para otros. Al acabar de cenar ya había suficiente confianza entre ellos dos para tocarse. Mientras bajaban por la calle, Carlos agarraba de vez en cuando la mano de Maria para que le escuchase, ella apretaba también la de Carlos, Roy y Claudia andaban unos metros por detrás y veían como surgía la química entre Carlos y Maria, cuchicheaban y se reían, después se paraban a besarse como dos enamorados, se suspendían en la noche hasta que los gritos de Carlos o Maria los animaban a seguir caminando, el tiempo era agradable, era una noche de primavera que invitaba a pasear, pero el trayecto fue corto, a escasos metros estaba la discoteca donde tomarían la primera copa.

Ya entrada la madrugada Carlos y Maria en un lance de uno de tantos bailes se besaron. Fue un beso apasionado, esperado, duró varios minutos, después siguieron bailando. Carlos fue a pedir otra copa a la barra, pregunto a Maria que quería, pero ella pensó que ya había bebido suficiente.

Apoyado en la barra esperando a que le atendieran, Carlos empezó a mirar a una joven que estaba justo enfrente de él, era una chica rubia, de labios carnosos, Carlos la miró con deseo, y ella le guiñó un ojo, acto seguido la chica rubia fue donde estaba Carlos, se puso delante de él y le dijo su nombre, Marta, después lo besó, se fundieron en un beso borracho. La chica con ese acto se vengaba de su exnovio que estupefacto la miraba a algunos metros de distancia, este la había dejado una semana antes. Maria desde la pista de baile miraba con asombro la escena, después de algunos minutos de beso, la chica desapareció. Carlos se quedó a cuadros, pero con una increíble satisfacción del que se siente deseado, pidió la copa y volvió a la pista a bailar con Maria, pero no la encontró, bebió la copa de un trago y fue en busca de Roy que bailaba en una esquina de la discoteca con Claudia.

-Roy, ¿has visto a Maria? – preguntó Carlos.
-No, estaba en la pista hace un momento
-Ya es que he ido a pedir una copa, y no veas lo que me ha pasado macho –Carlos estaba
eufórico-. Ha venido una rubia de escándalo y después de decirme su nombre ha empezado a
besarme...
-Ya, tu estas un poco pedo, ¿no?, pero si hace un minuto te he visto enrollándote con Maria –dijo
Roy-. Pues si te ha visto con la rubia esa que dices, lo más normal es que se haya pirado, ¿no
crees?
-No sé, voy a buscarla

Maria estaba en el lavabo, minutos después fue a hablar con Roy y Claudia para despedirse, a pesar de la insistencia de Claudia por que se quedara, ella se marchó. Cogió un taxi y se fue para casa, en el camino pensaba disgustada en lo que había pasado. Carlos la había gustado, una pena que sea otro cerdo mas, pensaba mientras se pintaba de nuevo con carmín sus labios.

Al día siguiente Carlos tenia una resaca de caballo, él pensaba que la única manera de quitarse la resaca era durmiendo, pero también como método alternativo, tenia tomarse un gelocatil con zumo de naranja, así que a las doce de la mañana y todavía medio borracho se levantó a tomarse la píldora con el zumo, después como un zombi volvió a la cama a seguir durmiendo.

Claudia estuvo toda la mañana pensando en llamar a Alberto, pero sabia que no debía hacerlo, no podía seguir así, necesitaba la opinión de alguien, de alguna amiga suya, cogió el teléfono y llamó a su mejor amiga.

-Hola Ángela, ¿qué tal?, soy Claudia
-Hola, ¡mujer cuanto tiempo!, ya creí que se te había tragado la tierra
-No, es que he estado muy liada, entre el cambio de piso, el trabajo, Roy, en fin que no he tenido
tiempo de llamarte, ¿qué tal te va?, ¿sigues con ese novio que tenias?
-Sergio, se llama Sergio, y sí, sigo con él, nos va fenomenal – dijo Ángela.
-Tengo que pedirte un consejo Ángela, tú eres mi mejor amiga, y sabes que tu opinión cuenta
mucho para mí y sabes...
-Venga dime lo que sea, ¡no me des coba! – la interrumpió.
-Esta bien, ¿sabes a quien me encontré el otro día mientras esperaba el autobús? -Ángela no
respondió, espero unos segundos para que Claudia continuase-. ¡Alberto!, tía, allí estaba él, más
guapo, y con la misma voz de siempre, casi me muero al verlo
-¡ah!, ¿el mismo Alberto que dejaste tras seis años de relación?, ¿y que hizo?, ¿no te escupió a la
cara?
-¡vaya!, ¡hija mía como eres!, pues no, al contrario, estaba muy simpático, me dio dos besos,
bueno dos no, cuatro, dos al verme y otros dos al despedirse, y olía de bien, la verdad es que no
sé que pasó entre nosotros – Claudia hizo una pausa para encenderse un cigarrillo, después
continuó-. Yo era muy inmadura, no digo que hiciera mal en dejarle, pero él nunca se portó mal
conmigo – Claudia hablaba y hablaba, mientras Ángela escuchaba pacientemente al otro lado
del teléfono.
-¿y que piensas hacer? – dijo Ángela.
-No sé, por eso te llamo tía, cuando le vi, sentí algo, era como si nunca se hubiese marchado,
como si él y yo no lo hubiésemos dejado
-Claudia, ¡tú le dejaste!, no digas tonterías, ¿no estarás pensando hacer ninguna locura?, tu ahora
estas bien con Roy, ¿no?
-Bueno, bien, bien –Claudia titubeo con la respuesta, dio una calada al cigarrillo-. Sí, ahora
estamos muy bien. Pero Ángela si solo quiero quedar con él para tomar un café, hablar de
nosotros, al fin y al cabo ha sido una parte importante de mi vida, ¿no crees?, ¿Qué hay de malo
en volver a ser amigos?
-Bueno, haz lo que quieras. Es cierto que deberías pedirle disculpas, invitarle a un café o algo y
-quedar como amigos, creo que después de lo que le hiciste se merece algo así.
-¡Gracias Ángela, voy a llamarle ahora mismo!, y a ver si nos vemos y nos tomamos algo juntas, -
¿vale?
-Vale, cuídate

Claudia apagó el cigarrillo. Y tras unos segundos llamó a Alberto. Quedaron a las cinco en casa de Claudia. Roy no estaría por que ese sábado trabajaba. Da igual que esté o que no, tampoco vamos hacer nada malo, pensó Claudia. Se ocupó de ponerse guapa pero informal, se vistió con el tejano que mejor le quedaba y con una camiseta blanca ajustada que reafirmaba sus pechos. Se impregnó con un poco de colonia y para darse un toque informal se quedó descalza.

A las cinco menos cinco sonó el timbre. Claudia se miró en el espejo por décima vez y se dirigió a abrir la puerta. Abrió y allí estaba Alberto, vestía con unos pantalones de cuadros, y una camiseta blanca, sin ningún dibujo, de calzado: unas deportivas, y le daba un toque muy sexy unas gafas de sol, que no se quitó claramente por que sabia ese toque de distinción que le daba, fue al darle dos besos a Claudia cuando dejó ver sus ojos, unos ojos grandes, azules, que a Claudia le encantaba mirar, por unos segundos así lo hizo, hasta que salió de su conmoción e invitó a entrar a Alberto.
Se sentaron en el salón, Claudia le ofreció café, pero Alberto rechazó la invitación, a cambio le pidió un refresco de cola. Claudia fue a la cocina, se preparó un café y sirvió un vaso de refresco a Alberto. Cuando entró con las bebidas en el salón, Alberto estaba hablando por teléfono, tardó poco en colgar, se despidió muy cariñosamente.

-perdona, ¿te he interrumpido? – le dijo Claudia excusándose.
-No, no, era una amiga –cogió el vaso y bebió un gran sorbo-. Y bien, ¿qué tal te va?
-Mira Alberto, esta situación es muy incomoda para mi, antes de que sigamos hablando quería
pedirte perdón
-Por favor Claudia olvida el pasado ¿quieres?, tu y yo ahora somos amigos, no tengo que
perdonarte nada, no te guardo rencor, tu tendrías tus motivos, y si no los tenias da igual, las
personas somos libres, tu no estabas a gusto y ya esta
-No, no, pero no tenia que haberte tratado así, tenia que haber sido mas humana, no te merecías
como te traté
-Mira si sigues hablando del pasado me voy, no quiero hablar mas del tema –dijo Alberto
enfurecido, tras unos segundos de silencio, se dirigió a Claudia-. ¿eres feliz?
-Si, claro –fue una respuesta rápida, si hubiera pensado la pregunta no hubiese respondido
afirmativamente-. ¿por qué me preguntas eso?
-Es lo que más deseo, desde que lo dejamos
-Desde que te deje -dijo Claudia interrumpiendole-.
-Bueno eso, desde que me dejaste, no he deseado otra cosa, que fueras feliz
-Vamos Alberto, eso es muy bonito, seguro que me odias
-De verdad que no, solamente pensaba en que encontrarías a tu media naranja, ¿la has
encontrado ya?

Ahora Claudia pensó más la respuesta, tanto que no respondió. Se levantó y fue a la cocina, dejó la taza en el fregadero y empezó a llorar. No sabía por que lo hacia, pero lloró durante algunos segundos, después y acordándose que Alberto esperaba en el salón se limpió las lagrimas como pudo y fue a buscarle.

-¿qué te parece si nos vamos a dar una vuelta? – dijo Claudia.
-Vale, por mi estupendo – respondió Alberto.

Cuando Claudia llegó a casa estaba feliz. Había pasado una tarde magnifica. Cuando caminaban por la Gran vía y ya casi se habían puesto al día en sus vidas, Alberto invitó al cine a Claudia, a la ultima sesión. Antes de entrar comieron unas hamburguesas. Claudia sintió el deseo del primer amor, aunque claro, en este caso no era nuevo, ¿quizá renació ese sentimiento?, ni ella misma lo sabia.

Eran más de las dos de la madrugada cuando se acostó, Roy dormía, pero al intentar taparse, lo despertó.

-¿de donde vienes? – pregunto Roy casi en sueños.
-¿y tú que preguntas?, ¿ya no puede una ni salir?
-solo te he hecho una pregunta – dijo Roy.
-esta bien, perdona amor, vengo de tomar algo con Ángela, hacia mucho tiempo que no nos veíamos

Para cuando Claudia quiso terminar la frase, Roy ya estaba dormido de nuevo, se quitó los pendientes y cerró los ojos, quería soñar, soñar con algo que le daba miedo pensar despierta.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 5

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 5


El despertador sonó más de lo normal, o al menos eso le pareció a Claudia que lo apagó con más violencia de lo habitual. Era jueves y los madrugones pesaban. Se levantaba a las siete de la mañana, tenía dos horas de viaje hasta el centro comercial donde trabajaba hasta el medio día.
Se tomó un vaso de leche, se duchó y salió de casa como otro día cualquiera, bajó las escaleras como otro día cualquiera, solo se rompió la monotonía de los últimos seis meses cuando llegó a la parada del autobús. Claudia lo miró fijamente, no había estado ahí ninguna mañana, o al menos no había notado su presencia, se acercó nerviosa y le saludó.

-¿Alberto? – dijo Claudia a un joven de unos veinticinco años que fumaba un cigarro apoyado en
la cristalera de la parada del autobús.
-Sí, -dijo el chico asombrado, pasaron algunos segundos hasta que Alberto recordó a Claudia-.
¿Qué tal Claudia? – dijo al fín, despues sonrió, se le notó en exceso, a pesar de que trato de
ocultarlo, que le hacia ilusión verla de nuevo.
-Bien, bien – Claudia hizo una pausa, tragó saliva y prosiguió-. ¿qué haces aquí?
-Pues ya ves, hoy es mi primer día en un nuevo trabajo, entro a las ocho y media, llevo tres
meses sin dar un palo al agua y ahora... ¡Vaya! ¡Que alegría verte! ¿Y tú? Cuéntame que es de
tu vida.
-Yo también voy a trabajar, pero no es mi primer dia, es otro día cualquiera, ojalá fuera mi
primer día de trabajo como tú, recuerdo la excitación de mi primer día, eso ya no se vuelve a
sentir – Claudia dejó fija su mirada en un vacio interminable, despues continuó hablando-.
¿Cuánto tiempo ha pasado?, pensé en llamarte, pero creí que seria mejor no molestarte,
¿Acabaste la carrera? – le preguntó Claudia.
-No, lo tuve que dejar. En mi casa hacia falta dinero y tuve que trabajar, los trabajos de media
jornada no eran suficiente para ayudar en casa, tuve que buscar un trabajo de jornada
completa, y así me fue imposible seguir estudiando.

El autobús de Claudia llegó, no se dio cuenta, de no ser porque un compañero de trabajo la avisó dando repetidos toques en el cristal del autobús.

-Bueno, pues este es mi autobús, podríamos vernos en otra ocasión, tomarnos un café o algo
-vale, dáme tu teléfono te llamaré – Alberto apuntó el teléfono en su móvil.
-Bueno, pues hasta luego – Claudia dio dos besos a Alberto y se subió apresuradamente al
autobús, antes de hacerlo miro fijamente a Alberto, y no dejó de hacerlo hasta que el autobus
giró en dirección a otra calle.

Después de varios intentos cogieron el teléfono.

-Dígame – era la voz de una mujer.
-Hola, mire no sé quien es usted, pero tenia una llamada perdida en mi móvil de este numero –
mintió Carlos.
-Pues no sé hijo, este es el teléfono de la asociación Esperanzados, somos una asociación de apoyo
a la gente con enfermedades terminales.
-ah, vaya – hizo una pausa -. Me gustaría que me diera información – dijo Carlos sin pensar lo
que acababa de decir.
-Si, encantada, pero veras, es mejor que nos visites así te enteras mejor y de paso nos conoces,
¿quieres?

La asociación, se llamaba Esperanzados, a Carlos le resulto interesante. Además últimamente estaba muy sensibilizado con las enfermedades veneras, el mismo creía que se había contagiado de sida. Por eso y para intentar esclarecer por que había aparecido esa tarjeta dentro de su coche, decidió hacerles una visita.

Había quedado a las cinco pero Carlos llego a las cuatro y media. Tocó el timbre, era una casa particular, una mujer le abrió la puerta.

-Hola, ¿tu eres Carlos? – dijo la mujer.
-Hola, si soy yo, tu Elvira, ¿verdad?
-Si, pasa, pasa

La asociación tenía su sede en un piso particular, Elvira era la presidenta. Invitó a Carlos a tomar asiento, pretendía explicarle el funcionamiento de la asociación y las diversas actividades que hacían.
Elvira era una mujer de unos cuarenta y pocos años, morena, con el pelo corto, bella de cuerpo, atractiva de cara.
Después de servir a Carlos un vaso de agua y sentarse enfrente de él, cogió de encima de la mesa un paquete de cigarrillos, empezó a fumar, y habló.

-Bien, te explico, Esperanzados es una asociación sin animo de lucro, no estamos financiados por
nadie. Nuestra única función es dar apoyo moral a las personas que tienen alguna enfermedad
de transmisión sexual, entre nuestros socios se encuentran personas de todo tipo.
Generalmente son personas seropositivas, que buscan gente que no eche a correr cuando ven
en su cara las manchas del VIH por ejemplo. Esta sociedad esta muy desinformada en cuanto al
sida y otras enfermedades de transmisión sexual se refiere. No saben por ejemplo que no se
contagia el VIH con dar un beso a un seropositivo – Elvira hizo una pausa, dio una gran calada al
cigarrillo, después cruzo sus piernas y prosiguió-. Son personas que en algún momento de su
vida se han visto marginadas por la sociedad, nosotros lo que hacemos es intentar animarlas,
saliendo con ellas, vamos al cine, de copas, organizamos viajes, para que puedan vivir una vida
normal, o por lo menos intentamos que no se sientan solos.
-Ah, es muy interesante, entonces también hay personas sanas, ¿no? – preguntó Carlos.
-Si, claro, la asociación tiene unos treinta y cuatro miembros, y habrá como diez o doce sanos,
que son el pilar de la misma, ya que gracias a ellos los demás no se sienten desplazados, saben
que comparten momentos con gente como ellos pero también con gente sana, que no les tiene
miedo. ¿Sabes que siente una persona con VIH al ver que una sana no le rehuye un abrazo? –
preguntó Elvira.
-Pues no, no lo sé, me imagino que sentirá felicidad, al no sentirse marginado – contestó Carlos
no sabiendo muy bien lo que decía.
-Algo parecido, cuando tienes una enfermedad mortal como lo es hasta ahora ser portador del
VIH, las cosas más simples tienen una importancia brutal, ya no solo por que aprendes a amar
cada segundo de vida, si no por que te vuelves muy sensible, estas muy débil psicológicamente.
Cualquier gesto por muy simple que sea lo agradeces – Elvira, apagó el cigarrillo, se levantó, al
cabo de unos segundos apareció con unas fotos-. No quiero entretenerte mucho, te voy a
enseñar algunas fotos de la excursión que hicimos hace un mes a Londres – empezó a enseñarle
las fotos.

La conversación duró un par de horas, Carlos recibía la información con agrado. Se sentía involucrado con esta causa.
Se habían despedido, Carlos ya se iba pero Elvira lo detuvo.

-Antes de marcharte Carlos, ¿quién te llamó?
-¿perdona? – Carlos no sabia de que estaba hablando.
-Si, ¿qué quien te llamó?, tu dijiste cuando me llamaste que tenias una llamada perdida, ¿no te
dejaron ningún mensaje?
-No, solo había una llamada perdida, por la mañana...
-habrá sido Miselle, le tengo dicho que deje mensaje, bien, pues espero verte muy pronto Carlos.

Cuando Carlos salió del portal se sentía bien. Había decidido pertenecer a aquella asociación, no tenia que pagar nada, iba a ayudar a otra gente, le parecía una buena idea. Además si el era seropositivo le gustaría que hubiera gente así, tan buena. Pensó, por primera vez en su vida ser solidario.
De camino se detuvo a tirar la tarjeta a la papelera, no sabia de quien era, pero ya le daba igual. Sin embargo lo pensó mejor, y la guardó en su bolsillo. Al fin y al cabo si no llega a ser por esa tarjeta no hubiera conocido Esperanzados. Estaba seguro que le traería suerte, la saco del bolsillo y la doblo tres veces, sacó su cartera y la guardó bien guardada, como hacia siempre con las cosas que el creía que le traían suerte.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 4

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 4

Carlos despertó tres horas después, cuando abrió los ojos se encontró con Roy, que leía una revista de automóviles sentado en una silla al lado de su cama, la habitación estaba iluminada por dos lámparas, ya había anochecido.

-Hombre, por fin el hombre de la cabeza abierta abre los ojos – dijo Roy.
-me duele la cabeza, ¿alguien tiene un gelocatil? – el aspecto de Carlos era poco saludable,
vestía una bata blanca, y tenía la cabeza vendada, además en la caída se había fracturado un
dedo y tenía el brazo derecho escayolado-. ¿tiene usted un gelocatil? – dijo Carlos a un viejecito
que veía la tele en la cama contigua.
-No, y si hacen el favor déjenme ver la tele, ¡desde que su novio llegó no he podido
concentrarme! – dijo enfurecido el hombre.
-¡oiga no hace falta que se ponga así! – respondió Roy
-déjalo Roy, no merece la pena, a cierta edad es mejor estar muerto si vas a estar como ese
-yo no soy su novio, –dijo Roy, después se levantó de la silla y echó una cortina que separaba la
cama de Carlos de la del hombre viejo-. Así esta mejor – dijo mientras sonreía.
-Y bueno, a parte del dolor de cabeza, ¿cómo te encuentras?
-Bien, ¿puedes hablar con la enfermera para ver cuando puedo salir de aquí
-Sí, ahora mismo hablo con ella

Roy Salió de la habitación, habló con la enfermera, y esta a su vez con el medico. Carlos pasaría la noche en el hospital, mañana en vista de cómo estuviese le darían el alta, no antes del mediodía. Roy se despidió de Carlos prometiéndole que mañana vendría a buscarle.

Cuando Roy llegó a casa, Claudia dormía. No había nada de cena, miró en la basura, y vio una bolsa de una hamburguesería, y los restos de comida que Clauida había tirado. Se quitó la ropa y se duchó. Roy odiaba el olor a hospital, después de ponerse el pijama se acostó. Dio dos vueltas en la cama, Claudia seguía durmiendo, empezó a besar su cuello, le acaricio los senos, los besos cobraron más intensidad, sus manos masajeaban con más fuerza los pechos de Claudia.
-quieres dejarme dormir – dijo ella con casi con un grito.
Roy apartó las manos y se dio la vuelta. No era la primera vez que lo rechazaba, la vida sexual de Roy y Claudia se había reducido casi al mínimo, podían hacer el amor dos veces al mes y eso cuando lo hacían, por que había veces que podían estar hasta tres meses sin tocarse; además ahora con el cambio de piso a Claudia no le quedaba tiempo para pensar en el sexo.

Carlos se levantó al servicio. El suelo de la habitación del hospital estaba frío. Todavía le dolía la cabeza. Se miró al espejo, no podía creer lo que veía, su cabeza estaba envuelta con una venda blanca, parecía una momia. Pasó apuros para orinar a causa de la escayola, tuvo que utilizar su mano izquierda que no manejaba muy bien, cuando terminó había manchado parte del suelo, no se entretuvo en limpiarlo. Tiró de la cadena y volvió a la cama.
Mira que, ahora en el hospital, pero por causas muy distintas a las que me imaginaba dentro de un par de años, pensó Carlos. Daba vueltas por la ortopédica e incomoda cama , tardó varias horas en volver a dormirse, lo hizo solo cuando el agotamiento pudo con él. Aquella noche tuvo una pesadilla, la escena era casi igual que en la realidad. Él, tumbado en una cama de hospital, pero con cables por todos los sitios, la venda de la cabeza había dejado paso a una alopecia total y con un aspecto demacrado, huesudo, no para de gritar: ¡Todo es un complot!, ¡Me han tendido una trampa!

A la mañana siguiente la puerta de la habitación se abrió, la enfermera despertó a Carlos, después empezó a quitarle la venda de la cabeza.

-Bueno Carlos, puede ponerse su ropa, el doctor le ha dado el alta – dijo la enfermera.

Carlos bajó de la cama, fue al baño, y al mirarse en el espejo descubrió que había una parte de su cabeza que no tenía pelo, intento ocultar la zona aplastando pelo de otra parte, pero era inútil, se veía que, en el lugar donde le habían dado los puntos, no tenía pelo. Orinó con menos dificultad que la noche anterior y se vistió.
Antes de abandonar el hospital se acercó a una cabina telefonica, y llamó por telefono a Roy, le dijo que no viniera a buscarle que el medico le había dicho que no le darían el alta hasta dentro de tres días. Roy se sorprendió y le prometió que en cuanto saliera de trabajar iría a verle. Carlos para entonces ya estaría en casa y avisaría a Roy que no se molestara en ir al Hospital.
Al salir, Carlos se detuvo. En la puerta de salida había una niña de apenas doce años, estaba sentada en una silla de ruedas, con una bombona de oxigeno alimentándola. Su cabeza, pequeña, no tenia pelo, estaba pálida, y el camisón blanco que la vestía no hacia sino entristecer mas su imagen. Tenía los ojos entornados, y abrazaba un osito de peluche marrón, a Carlos le invadió una terrible tristeza, no podía imaginar que destino le esperaba a aquella niña. Comenzó a llorar y caminó deprisa, sin mirar atrás, alejándose del hospital.

Roy se levantó, Claudia no estaba en la cama, la encontró en la cocina preparándose el desayuno.

-hola amor, ¿qué tal todo? – dijo mientras cogía los hombros de Claudia y le daba un beso en la
nuca.
-Bien – Claudia se dio la vuelta y beso a Roy -. ¿quieres desayunar algo?, estoy haciendo
tostadas
-No, no tengo hambre – Roy hizo una pausa, cogió una naranja del frutero y se sentó en una de
las sillas de la cocina -. Todavía no entiendo como se pudo caer Carlos – lanzó la naranja y volvió
a cogerla, la pasaba de una mano a otra -. Últimamente le veo raro, como preocupado
-Si, es cierto, y ayer te mintió, podía haberte dicho que fueras a buscarle al hospital – dijo
Claudia.
-Bueno, eso no tiene importancia, pero estoy seguro de que le pasa algo

Fue al sacar un billete de la cartera para pagar el periódico cuando Carlos vio la tarjeta que encontró en su coche, y como hace unos días, tampoco ahora sabia de quien era, allí había un teléfono y un nombre, “Miselle”.
Le seguía doliendo la garganta, ahora mucho mas que hace dos días. Se volvió a mirar en el espejo, esta vez no se desmayó. Estaba preocupado, para calmar su ansiedad pensó que era casualidad, que no tenía nada que ver sus anginas con el VIH, después de algunos minutos olvidó el tema.
Esa noche había quedado con Luis para tomar una cerveza, Carlos no se arregló mucho, no estaba feliz o al menos la preocupación no le dejaba estar contento. Se vistió con unos pantalones vaqueros y una camiseta de rayas. Se echó perfume y fue a buscar a Luis.
Cuando salían de copas, lo hacían por la zona, luego, ya entrada la noche, si había que ir mas lejos se cogían el autobús o el metro. Nunca les importó moverse por Madrid fuera la hora que fuese. Aquella noche Carlos no tenia otra idea en la cabeza que no fuera la de cogerse una buena borrachera. Al entrar al primer local a Luis le sorprendió lo rápido que Carlos se bebió la copa, no habían pasado mas de dos horas y Carlos ya había tomado cinco, bebía whisky con coca cola, estaba borracho.

-¿qué pasa tío?, solo son las dos y ya vas ciego – dijo Luis.
-ya...- pasaron algunos segundos hasta que Carlos continuo hablando -. Si, tienes razonn, e que
estoy pensando en emborracharme un rato...
-anda que, vaya tostada macho, ¿quieres que te lleve a casa?
-¿a casa?, ¿mi casa?, mi teléfono, no, estoy bien, ¿dónde vamos? – Carlos tenía un ojo medio
cerrado y otro muy abierto eso significaba que iba tocado por el alcohol.
-Pues yo he quedado con dos amigas dentro de una hora en su casa, pero tu macho, vas fatal, no
me la vayas a liar, es seguro que quieren tema, son chicas fáciles
-Vale, me apunto, vamonos pues
-Esta bien, pero solo te pido dos cosas Carlos, primero que no me falles, y segundo que no te
enamores, son unas chicas muy liberales te harían polvo el corazón, ¿de acuerdo?
-Que sí, que pesado estás, ¿enamorarme yo?

Llegaron a casa de las chicas, Carlos tocó el timbre varias veces, Luis le dio un manotazo para que dejara de llamar. Abrió la puerta una rubia con ojos azules, llevaba un vestido verde y en una de sus manos llevaba una botella de champagne, esbozó una gran sonrisa mostrando sus alineados dientes. Los dos entraron sin vacilar.
Dentro de la casa otra chica, esta morena pero de igual belleza, estaba sentada en el sofá. Fumaba un cigarrillo. En la mesa había cocaína, y vasos de tubo con restos de bebida, la imagen era como de una fiesta recién acabada. Justo cuando el alcohol amenazaba con tumbar a Carlos, la chica rubia puso música, subió el volumen, y el ritmo invadió el salón.

Al día siguiente Carlos amaneció sobre el pecho de una de las jóvenes, en concreto de la morena. No se acordaba de nada, un dolor de cabeza insoportable le obligo a cerrar otra vez los ojos. Abrazó a aquella mujer que según creía le había hecho disfrutar tan solo hace unas horas. Pasaron unos minutos, ella despertó, se quitó de encima a Carlos y salió de la habitación, no volvería a verla jamás.

-Te has enamorado, ¡mira que te dije que no lo hicieses! – exclamo Luis al otro lado del teléfono - ¡pero tu eres tonto o que!, que a esas chicas le gusta mas el sexo que a un tonto un lápiz, no te
das cuenta de que tu fuiste uno más
-Pues no parecía, me dijo que le gustaba mucho mi nariz
-Por favor Carlos, no te creo tan estupido
-¿Pero de verdad que no tienes su teléfono?, y tu amiga, la rubia, ¿tampoco puede localizarla?
-No, verás encontró a tu amor por la calle, antes de llegar nosotros, ellas habían estado jugando,
hicieron guarrerias antes de llegar tu y yo, pero vamos, que no la conoce de nada, ni siquiera
sabe quien es
-madre mía como esta el mundo, ¡que degeneración!, de verdad que no sé que pensar
-piensa que pasaste un rato excepcional y no le des mas vueltas, bueno tengo que dejarte me voy
a la facultad, tengo que recoger unos apuntes, hace una semana que no voy por allí
-vale Luis, hasta luego

A los pocos minutos, Carlos cogió el teléfono y llamó al número de la tarjeta que encontró en su coche. Después de varios tonos colgó. No sabia de quien era, en su coche no subía nadie que no fuera conocido. Iba a tirarla a la basura cuando algo lo detuvo, una intuición, de esas que a uno le dan sin saber por qué. La volvió a guardar en la cartera.

Claudia había tenido un día espantoso, trabajaba de cajera en un centro comercial. Esa mañana había discutido con dos clientes muy bordes, y para colmo, al cerrar no le cuadraba la caja, le faltaban quince euros que tuvo que poner de su bolsillo. Al llegar a casa encontró a Roy durmiendo en el sofá, le molestó verle allí tirado mientras los platos de la noche anterior descansaban en el fregadero. Roy y Claudia despues de cinco años de noviazgo, habían decidido irse a vivir juntos. Una decisión arriesgada, pero se querían y pensaron que no había que esperar más. A pesar de ser jóvenes, tenían veinticuatro años, podían cargar con la responsabilidad de llevar una casa, o al menos eso creían. Aunque a veces Claudia pensaba que se había equivocado, ella fregaba, limpiaba, hacia la compra, Roy solamente trabajaba. Si bien es cierto que la jornada de trabajo de ella era menor, ya que solo trabajaba cinco horas por la mañana, Roy todo el día, cuando se convive hay que compartir las tareas del hogar.
Se quitó la ropa, la dobló y de camino al armario se paró en el espejo, miró su cuerpo con brevedad, en seguida apartó la mirada y siguió su camino hacía el armario, guadró la ropa y se puso el pijama.
En el sofá encendió un cigarrillo y se puso a ver la tele, un programa de preguntas y respuestas que siempre que podía, solia ver, ni ella sabía si por que le gustaba o por mera distracción.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 3

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 3


Carlos tenia veintiseis años, actualmente estaba en paro, hacia dos meses que había dejado de trabajar. Era Pintor, trabajaba desde los dieciseis años, por ello había decidido tomarse un tiempo de descanso. Se había despedido de su último trabajo, pero por medio de un arreglo con el jefe, pudo cobrar la prestación por desempleo. No era mucho dinero lo que ganaba, pero le daba para pagar sus gastos. Este mismo año se había comprado un coche y un ordenador personal. Después de pagar las deudas le quedaba algo de dinero para él. Vivía solo, en un piso que tenían sus padres, por lo que no tenia que pagar ningún alquiler.

No se puede decir que Carlos fuera un mujeriego, pero cada poco tiempo se le solía ver con una chica distinta. Sin embargo había tomado por norma no enamorarse, sobre todo después de que su ultima novia, con la que había pasado tres años de autentica felicidad, lo dejara plantado sin mas motivo que su propio egoísmo. Eso marcó a Carlos, desde ese momento juro venganza al sexo femenino; el estaba deseoso de enamorarse otra vez, pero su cruzada anti-mujeres, o su mala suerte no lo habían dejado disfrutar nuevamente del amor.
Le gustaba el sexo, y por eso de vez en cuando pagaba por tenerlo, le gustaba ir con profesionales del sexo.

Eran poco más de las siete de la tarde. Una leve brisa movía la cortina del salón donde Carlos descansaba. La tele estaba puesta pero no le prestaba mucha atención. De repente se le ocurrió llamar por teléfono a la Fundación Anti-Sida de su barrio. Había leído mucho sobre la enfermedad, sabia mucho, pero cuanto mas sabia mas dudas le surgían, pensó que llamándoles algunas dudas se disiparían. En ese momento también pensó que no tenia que haber puesto una fecha tan lejana para hacerse los análisis, no sabia si haciéndoselos antes podría ya tener algún resultado. Se levantó del sillón y busco en la guía el número de la fundación, no tardo mucho en encontrarlo. Cogió el auricular y marcó el teléfono.

-Fundación anti-Sida, dígame – una voz de mujer atendió la llamada de Carlos.
-Hola, mire llamaba para hacerle una pregunta, ¿en cuanto tiempo se puede diagnosticar si soy
seropositivo?
-Pues depende del individuo, el virus ataca al organismo progresivamente, los anticuerpos
aparecen antes de tres meses, después de ese periodo, es decir, pasados tres meses se podría
saber si hay infección.

La mujer se había quedado tan contenta soltando el “discursito”, Carlos tuvo que ser más explicito con la pregunta.

-Vera, me refiero a que si yo he tenido una situación de riesgo hace cuatro días, si me hago la
prueba mañana, ¿se podrá saber?, ¿hay probabilidad de que ya se puedan detectar los
anticuerpos? – Carlos intentó esforzarse, preguntaba esperando respuestas sabias, o al menos
esperanzadoras.
-Pues mire, la prueba no detecta el virus en si, lo que detecta son los anticuerpos que crea el
organismo contra el propio virus, depende de cada persona, hay personas que en dos días se les
ha detectado, a otras no se le ha detectado nada hasta pasados cinco meses, ya le digo, depende
de la persona.
-Vale gracias – Carlos finalizó la llamada sin dejar que la chica se despidiera.

Volvió al sillón y cambió de canal, tras varios intentos apagó la tele.

Es increíble, pensó, en pleno siglo veintiuno y que sigamos así, el teléfono de la Fundación era un 900, seguramente estaba atendido por voluntarios, si Carlos se pusiera a atender alguna de esas llamadas, después de todo lo que había leído, ayudaría muchísimo mas que la señorita que le acababa de atender, había leido mucha información, era casi todo un experto.

No se sabe mucho acerca del virus del VIH, o Virus de Inmunodeficiencia Humana, en cada persona se manifiesta de una manera y en tiempo distinto, ahora con los adelantos que había, cualquier ser humano en condiciones normales podría tener una esperanza de vida de unos diez años o quizá algo mas. Cuando eres seropositivo tienes el virus en tu cuerpo, pero no significa que tengas sida, se llama sida al estado terminal del portador del VIH; algunas personas tenían sida a los dos meses de haber contraído el virus, sin embargo, a otros individuos, no se les manifiesta ninguna patología de sida, hasta pasados diez años o mas.
Carlos estaba desesperado, pensar que hace una semana era un hombre feliz, en solo una noche se le había acabado toda la felicidad, entonces pensó que no tenia por que ser así, empezó a pensar que quizá no tuviera nada, ¡que estaba sano!, ese pensamiento solo duró algunos segundos, por que de repente le empezó a atormentar la idea de que en su sangre, en su cuerpo, se hallaba el diablo. Empezó a sudar, y el corazón empezó a latirle mas deprisa, entonces lloró, y mientras lo hacia se tumbó en la cama, metió la cabeza debajo de la almohada y así paso toda la tarde.

A las ocho Carlos fue a buscar a Roy, había quedado con él para ayudarle con la mudanza. Hacia diez minutos que le había telefoneado para decirle que iba a buscarle, Carlos cogió el coche y en punto estaba en la puerta de su casa.

-Qué pasa Roy? – dijo Carlos mientras cambiaba la emisora de radio del coche.
-hola tío, ¿qué tal?, a ver si acabamos pronto, por que estoy cansadísimo de trabajar, además
Claudia esta mala y no va a poder ayudarnos
-no pasa nada, vamos para allá

Claudia compartía piso con una amiga suya, no tenía muebles, solamente maletas con ropa y alguna bolsa que otra con cosas de su habitación. Roy le enseño el piso a Carlos, era pequeño, la parte mas grande de la casa era el salón, también tenia dos habitaciones normales, la cocina que también era grande y el baño mas bien pequeño.

-¿te gusta Carlos? – dijo Roy mientras abría la ventana para ventilar una habitación.
-Si, tío, ¡esta muy bien!, ¡el salón es grandísimo!
-si, esta genial, el salón junto con la cocina son lo mejor del piso – dijo Roy desplazándose de un
lado a otro, parecía emocionado.
-Es pequeño, pero para ti y tu novia de sobra, ¡joder tío que envidia!
-va, anda, algún día tú tambien tendrás tu casa, todo llega
-sí, eso espero – Carlos estaba triste, y casi rompe a llorar allí delante de su amigo, pudo contener las lágrimas, pero no la cara de tristeza.
-¿qué te pasa Carlos?
-nada, nada, bueno, nos vamos, ¿no?

Al final terminaron bastante tarde de llevar todas las cosas, no paraban de salir bolsas, tuvieron que dar cuatro viajes hasta que por fin, llevaron todos los bultos.
Cuando Carlos llegó a casa ni siquiera cenó. Se fue directo a la cama, el sueño acumulado hizo que no diera demasiadas vueltas, se durmió enseguida.
Al día siguiente la preocupación había menguado bastante, sí, sabia que podía tener una enfermedad que lo mataría en menos de diez años, pero el hecho de que su cuerpo no presentara ningún síntoma, y que ya había pasado mas de medio mes, hicieron que Carlos no tuviera la angustia de los primeros días, eso o que ya se había acostumbrado a la desesperación de no saber.
Se vistió y salió a pasear. Desde que estaba en el paro tenia pocas obligaciones, la única obligación que hacia a diario era preocuparse. Aquella mañana pensó en ir a lavar el coche. Cuando llegó a la gasolinera, sacó las alfombrillas para pasar el aspirador, al quitar una de ellas, Carlos descubrió una tarjeta con un nombre y un teléfono, la tarjeta era de color rojo con las letras en negro, ¿De quien seria esto?, pensó. Era rara, muy rara. ¿De quien es esta tarjeta? pensó Carlos, despues la guardó en su cartera.
Llegó a casa al mediodía. Empezó a sentir una molestia en la garganta, era un leve dolor, pero suficiente para que en su mente saltaran todas las alarmas, ¡Podrían ser los primeros síntomas!, pensó. Fue al baño y se miró las anginas en el espejo, la derecha estaba roja, inflamada y con pus, pensó que eso era el primer síntoma de su conversión a seropositivo, empezó a temblar, se le nublo la vista y se desmayó. En la caída se golpeó la cabeza con el lavabo. Pasados unos minutos despertó, estaba tumbado en el suelo, con la cabeza llena de sangre. Se incorporó y llevó su mano hacia la cabeza, la miró, estaba ensangrentada. Sin decir nada se metió en la ducha, el agua caía por su cuerpo mezclada con la sangre, pensaba que era una pequeña brecha que cesaría de sangrar en breve, pero no era así, el caso es que era una herida profunda. Salió de la ducha, se cubrió la cabeza con una toalla y llamó a Roy.

-Hola Roy, soy Carlos, veras me he caído y me he dado un golpe en la cabeza, no paro de sangrar
-Bueno, no te preocupes, ahora mismo voy para allá, y nos vamos al medico

Roy no tardó más de quince minutos en llegar, Carlos lo esperaba vestido y con la toalla que envolvía su cabeza llena de sangre.

-Esta bien, venga, vamonos – le dijo Roy mientras le ayudaba a levantarse del sillón.

Subieron al coche de Carlos, este estaba débil, había perdido bastante sangre, su visión no era completa, y el agotamiento era evidente. Roy ayudo a Carlos a entrar en el coche, despues de subirse él, arrancó el motor y fueron al hospital.

-¿Cómo ha sido?, ¿cómo te has dado ese golpe? – preguntó Roy, estaba nervioso, conducía muy rápido.
-¿Eh?, ¿qué? – contesto Carlos.

Roy dejó de hacer preguntas, Carlos no estaba para responderlas. Tardaron diez minutos en llegar al hospital, fueron a Urgencias allí les atendió una chica, en cuanto vieron a Carlos sangrando abundantemente por la cabeza lo sentaron en una silla de ruedas y lo llevaron a urgencias.
Roy esperaba en la sala de espera cuando una enfermera se dirigió a él.

-¿es usted familiar de Carlos Sánchez?
-No, soy su amigo, dígame, ¿esta bien?
-Si, le han aplicado algunos puntos de sutura pero deberá quedarse en observación durante algunos días
-¿puedo verlo?
-No, ahora duerme, pero en un par de horas podrá usted hablar con él
-Bien, gracias

Roy salió a la calle para llamar a su novia Claudia, erán más de las tres de la tarde.

-Hola Claudia, ¿qué tal amor?
-Hola, bien, ¿dónde estas?, he llegado a casa y no estabas
-Carlos se ha caído en la ducha y se ha abierto la cabeza, le han dado unos puntos y ya esta bien,
pero tiene que quedarse en observación
-¡No me digas!, ¿Cómo ha sido? – Claudia estaba nerviosa.
-Pues no lo sé, ya hablare con él, no ha podido explicarme nada, de camino estaba que no podía ni
hablar, bueno tú no te preocupes, luego cuando se despierte y hable con él voy para casa.
-¿Quieres que vaya yo para allá? – pregunto Claudia.
-No, no, no te preocupes amor, luego nos vemos, un beso.

Roy entró de nuevo al hosptial, se dirigió a las maquinas expendedoras, después de elegir un sandwich de jamón y queso se sacó un refresco, caminó hasta unas sillas cercanas y comenzó a comer.

La inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 2

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 2

Eran las tres de la tarde, cuando sonó el teléfono, Carlos, que hasta ese momento estaba sentado en el sillón, mirando la tele apagada, se sobresaltó.

-Hola Carlos soy Luis, ¿qué tal estas?, joder vaya movida la otra noche- Luis era el compañero
de borracheras de Carlos-. ¿Dónde dejaste a la putita que te tiraste?
-Escúchame Luis, no sabes lo peor, se me rompió el preservativo
-no me digas tío –dijo Luis riendose-. ¿En serio? – Luis era un tipo muy bromista, pero pasados
unos segundos cuando escuchó que del otro lado del auricular no se oía nada, se le heló la
sangre, y pensó seriamente en lo que Carlos le había dicho -. Joder tío, que putada, ¿y que vas
hacer ahora?
-Pues no sé Luis, lo estoy pasando fatal, no duermo, ni siquiera sé si estoy vivo, todo el día me
paso pensando en si habré contraído el sida, o si me ha contagiado cualquier otra enfermedad.
He estado leyendo sobre el tema, y casi estoy muerto en vida
-Ya será menos hombre, ves al medico que te hagan las pruebas y que sea lo que Dios quiera – Luis no ironizó, el tema era serio, y ambos lo sabían.
-No es tan fácil, para detectar si me he contagiado, tengo que esperar tres meses, si me hago los
análisis mañana, seguramente me saldrán negativos, y el resultado no será cierto. Estoy en lo
que se denomina el periodo ventana. Al hacerme el análisis de sangre lo que detecta la prueba
no es el virus en si, son los anticuerpos que genera el organismo para contrarrestarlo
-vale, vale, vale, déjalo ya, estás hablando como un puto medico, ¿tu cómo sabes todo eso?
-Me he documentado bien, llevo tres días enganchado a Internet mirando paginas sobre la
enfermedad, me estoy volviendo loco.
-De todas formas tienes que tranquilizarte, no lo pienses más, ponte una alarma en el calendario,
y dentro de tres meses vas al medico, te haces los análisis, y así te quedas más tranquilo.
Seguro que no tienes nada hombre
-Esta bien, bueno Luis, te veo el Viernes
-Cuídate, hasta luego

Carlos colgó el teléfono y siguió viendo la tele apagada, el salón esaba oscuro, solo entraba un poco de luz a través de la persiana a medio bajar.
Carlos había pasado los tres últimos días como en una nube, trataba de distraerse con otras cosas, pero la imagen del preservativo roto aparecía una y otra vez por su cabeza, matrilleandolo en su interior, y minando su optimismo a cada minuto. Era como una pesadilla, una horrible pesadilla de la que no podía despertar por que no estaba dormido. Pensaba en lo que diría su familia, su madre. Las cosas cambiarían radicalmente, y todo por una tontería.
Al día siguiente Carlos se levantó temprano, no serian más de las diez. Subió la persiana como de costumbre, corrió las cortinas y dejo que el Sol invadiera la habitación. Temía por su vida, y había empezado casi inconscientemente a darse cuenta de lo hermoso que era estar vivo. Abrir la ventana, dejar que la brisa de la mañana le golpease la cara, ver el Sol, en definitiva sentirse vivo, sintió una agradable sensación cuando abrio la vntaba y el viento fresco de la mañana desperezó su cara.
Se sentó en la cama y pensó que no quería morirse, no quería dejar esta vida, tenía muchas cosas por hacer. Angustiado, casi deprimido, fue al baño, abrió los grifos, y se metió en la ducha.
No desayunó, cuando estaba preocupado, y eso era muy a menudo, comer no era importante para él, casi se podría decir que se olvidaba de la comida. Cuando Carlos pensaba, no hacia otra cosa, no se reía, no hablaba mucho, no comía e incluso le resultaba muy difícil dormir.
A media mañana se fue a pasear, al salir a la calle se dio cuenta de que no hacia tanto calor como esperaba. Sintió frío, por un momento pensó que esa sensación se debía a la enfermedad, pero descartó el pensamiento, caminó hasta el nuevo centro comercial que estaba a un par de kilómetros. Unos días antes había estado aquí con su amigo Roy y su novia. Pensaba en el pasado con añoranza, como si sintiera que no fuera a tener mucho más de ahora en adelante. Se compró un refresco y fue a la sección de videojuegos.
Allí, se puso a mirar las últimas novedades, hacia mucho tiempo que Carlos no dedicaba tiempo a jugar con videojuegos. Dos años antes no hacia otra cosa, tenia las consolas de ultima generación, y por supuesto todas las novedades, recordó mientras mantenía el ultimo titulo en la mano como esperaba con desesperación que saliera a la venta el juego del mes para ir corriendo a comprarlo a la tienda, se gastó mucho dinero en lo que para él fue una de sus mayores diversiones. Eso fue cuando empezó a trabajar y pudo ganar algún dinero, antes fue imposible, Carlos había recibido una estricta educación en la que no entraba ningun capricho caro o barato, había sido educado con severa disciplina, así cuando tuvo cierta independencia y algunos ingresos, para él fue como una liberación.
Dejó el videojuego en la vitrina, al hacerlo de repente pensó que tenia que ir al medico, no podía estar esperando más tiempo. Sabía que tenía que pasar un tiempo para hacerse las pruebas, pero pensó que se sentiriía más tranquilo si lo viera un medico, para que le recomendase algo, o le diera tranquilidad. Salió del centro comercial con la decisión tomada, cogió el móvil y telefoneó a su medico de cabecera, le dio cita para esa misma tarde.
No había comido casi nada en todo el día, se vistió, tenia veinte minutos para llegar al medico. De camino pensaba en que podría decirle al medico. Le daba vergüenza decir que había sido con una prostituta, decidió que lo mejor era contarle que había sido con una mujer que no conocía de nada, tenia que preparar todo el guión. ¿Que le diría el medico?, le preguntaría, con seguridad, que posiciones había tenido, cuanto tiempo, si ella era seropositiva. Se preparo todas las preguntas posibles y estudió sus respuestas, lo planeó todo.
Se sentó en una de las sillas verdes que había en la sala de espera, todas en fila, a su lado una mujer mayor, en frente podía distinguir una calva de un hombre no mayor de cuarenta años, miró más lejos y vio como una mujer lo observaba, después de algunos segundos quitó la mirada. Carlos se sentía vigilado, como si toda la gente que estaba alrededor de él supiera porqué estaba allí. Se imaginó que de un momento a otro, todos se levantarían de sus asientos y lo señalarían con el dedo: ¡este tiene sida!, ¡este tiene sida! Una enfermera salió interrumpiendo la pesadilla de Carlos.

-Carlos Sánchez – dijo la doctora
-Si
-Pase, el doctor le espera

Carlos entró en el despacho y se sentó. Se quedó callado durante algunos segundos, no sabia que decir, no estaba su doctor habitual. Mejor, pensó, así no será tan embarazoso. Era una doctora, miraba el ordenador y terminaba de escribir la historia del paciente anterior, Carlos mientras tanto se ponia nervioso, y miraba con firmeza una figura de un elefante con la trompa boca arriba, miraba el elefante, se ponía nervioso y ensayaba su guión.
-Buenas tardes – dijo la doctora
-Hola
-¿qué le ocurre?, cuénteme
-pues verá, el viernes tuve relaciones sexuales con una mujer que no conocía de nada – Carlos
dejo pasar algunos segundos, la doctora ni siquiera lo miraba, ordenaba unos papeles que tenia
sobre su mesa -. Tuve penetración anal y vaginal, y cuando terminé me di cuenta de que el
preservativo estaba roto
-¿y bien?
-La verdad es que estoy muy preocupado, no sé nada de la mujer en cuestión
-Pues hombre es una situación de riesgo – la doctora se quedó callada.

¿Qué la pasa?, pensó Carlos, la situación no era ni siquiera embarazosa.

-había pensado en hacerme las pruebas del VIH, el test “Elisa”, ¿se llama así verdad?
-Si, así es, pero están tardando mucho, tardan mucho en hacer esas pruebas.

Que conversación tan ridcula, que me importa a mi lo que tardan, pensó Carlos.
La doctora no le preguntó cuanto tiempo, que posturas, ni donde lo había hecho, como Carlos había pensado, con lo cual el guión que tenía preparado se fue desintegrando de su memoria, al momento se sintió tranquilo, pero tambien en cierta medida desamparado. La doctora cogió su boligrafo y empezó a redactar un volante para los análisis, tenia prisa, tenía muchos pacientes que atender esa tarde. Carlos no quería marcharse así, había ido al medico para sentirse más tranquilo, necesitaba apoyo, ánimo, que alguien profesional le dijera que no tenía ninguna enfermedad, no la tenía hasta que se demostrara lo contrario, empezó a hacer toda clase de preguntas que la doctora evitaba contestar, o por lo menos no con la claridad que a Carlos le hubiera gustado. A la tercera pregunta sin respuesta, Carlos vio que era imposible sacar nada en claro, que a medida que preguntaba, las absurdas respuestas de la doctora no le tranquilizaban, sino todo lo contrario, se estaba poniendo cada vez más nervioso, así de repente cogió el volante de encima de la mesa y salió de la consulta sin despedirse.
Al pedir día y hora en recepción le dieron para el día siguiente. Carlos se sintió perdido, él había leido en Internet que las pruebas solo serían fiables una vez pasados tres meses. La doctora me ignora, me hace un volante y no me da muestras de ningún apoyo, ni moral ni profesional, y ahora tengo que elegir yo cuando quiero hacerme los análisis, pensó Carlos. La chica que daba hora para hacer los análisis no tenia ni idea de cuando convendría hacerlos. Carlos miró su reloj, vio que era día veintinueve de agosto, calculó tres meses y un día.
-Pongame para el día treinta de noviembre de este año – dijo.
-¿Cómo? -dijo la enfermera asombrada.
-Verá, este fin de semana me he acostado con una puta, y creo que tengo sida, las pruebas no son
fiables hasta pasados tres meses, es por eso por lo que le pido cita a tres meses vista
¿comprende? -dijo Carlos con serenidad digna de un maestro.

La enfermera bajó la mirada y se sonrojó.

-Sí, sí, lo que usted diga -dijo y sin levantar la mirada dio a Carlos un justificante para hacerse los analisis con tres meses de antelación.

A salir del ambulatorio, se sintió mal por como había hablado a la pobre enfermera, no se merecía tanta hostilidad.
Por la noche, ya en la cama, pensaba en muchas cosas; en como iba a pasar los siguientes tres meses con la duda de si tenia o no la muerte en su sangre. Daba vueltas en la cama, vueltas y mas vueltas, la sabana se quedaba atrapada en sus piernas o en la espalda, y ese simple inconveniente lo hacía desesperarse, así cada poco tiempo tiraba con fuerza de la manta para sacarla de donde se había quedado atrapada, esa sensación de que una simple sabana atrapada en su cuerpo le hacía odiar al mundo entero, no le dejaba conciliar el sueño. A las dos horas de peleas con la ropa de cama, Carlos se levantó, encendió el ordenador y buscó mas información sobre la enfermedad en Internet, es así como calmaba su ansía por saber, sumergido en los sensacionalismos de la red se sentía a gusto, serían más de las siete cuando con los ojos rojos y vencidos por el sueño, Carlos caminó como pudo hasta la cama quedandose dormido.

Llamaron a la puerta, Carlos se levantó de la cama y se apresuró a abrir. Era Roy. Roy trabajaba de mecánico, esos días estaba de vacaciones, había decidido visitar a su amigo.
Carlos intentó no escuchar los timbrazos, pero al quinto sonido, no tuvo más remedio que levantarse a abrir, fuera quien fuera el pesado, sabía que Carlos estaba en la cama y más tarde o más temprado se levantaria.

-Bueno días Carlos
-Hola – dijo Carlos quitándose las legañas de los ojos, después cerró la puerta y se tumbó en el
sofá.
-¿qué tal estas?, - dijo Roy mientras empujaba la pierna de Carlos para tomar asiento.- ¿me
ayudas esta tarde con la mudanza?
-Claro, pero tío, ¿cómo vienes a estas horas?, anoche me acosté tarde, estoy cansadísimo
-pero si son las once de la mañana – dijo Roy como si dormir a esas horas fuera pecado mortal.
-Bueno, lo que tu digas, esta bien, ¿a que hora?
-Pues no sé, a las siete o las ocho, cuando pase un poco el calor
-Vale, una pregunta Roy, ¿de verdad te vas a ir a vivir con Claudia?
-Si, después del verano, nuestra relación pasa por un momento difícil, últimamente discutimos
mucho, creo que si no nos vamos a vivir juntos esto se acabará, y no quiero, ya llevo cinco años
con Claudia, no quiero perderla
-Vale, vale, solo era por saberlo, me parece estupendo, ojalá tengas suerte – Carlos en el fondo
estaba triste, muy triste, veía como la gente hacia planes, cada uno vivía su mundo, pero él, él
sentía que el mundo se le acababa.
-Bueno, pues me voy chico, entonces te llamo luego – Roy se levantó del sofá y le dio una
palmadita en la frente a Carlos, después abrió la puerta y salió. – Hasta luego mariquita – dijo,
después cerró la puerta de golpe y se fue.

Roy era uno de los mejores amigos de Carlos, pero no quiso preocuparle con sus pensamientos negativos, así que decidió no contarle nada de momento.
Carlos ya no pudo dormirse de nuevo, su mente empezó otra vez a pensar. Estiró el brazo y cogió el mando de la tele, la puso, y allí se quedó toda la mañana, sin hacer otra cosa que evitar pensar en lo peor.
Miraba la tele y pensaba en su situación, tan desesperante como inesperada.

La Inexistencia del Hado - Novela - Capitulo 1

LA INEXISTENCIA DEL HADO

CAPITULO 1

Esperó a que el agua saliera caliente, así es como le gustaba ducharse, con el agua casi hirviendo. Mientras se jabonaba el pelo, le vinieron a la cabeza las imágenes del momento. El, acariciaba el pecho de una mujer, la besaba con pasión, la veía a ella encima suyo, practicando sexo. El champú se le cayó encima del pie y Carlos volvió a la realidad, se agachó a recogerlo y se quedó allí, en cuclillas, mientras el agua caliente le caía sobre el cuerpo. Volvió a ver las imágenes. Dentro del coche, el estaba sudando, la mujer imprimía mas fuerza a sus movimientos pélvicos, después, éxtasis, placer. Y cuando sacó su pene vio que el preservativo se habia roto. Le entró panico, en aquel instante sintió miedo.
¡Joder no me digas que esta roto! – le dijo a la prostituta mientras quitaba de su pene el plastico destrozado.
Si, mi amor, lo has roto, ¡madre mía! – la prostituta se seco el sudor de su frente-. Mira yo te voy a decir una cosa, yo trabajo en Internet y allí en la empresa en la que estoy me hacen hacerme pruebas y análisis y todo, y tu no tienes por que tener ningún problema, no tienes de que preocuparte, ¿pero tu?, ¿tu como estas? ¿vienes mucho por aquí?
No, es la primera vez, es la primera vez que hago el amor con una prostituta –dijo Carlos angustiado.
Se vestia con rapidez, como si necesitara sacar cuanto antes a aquella mujer del coche. Necesitaba que se fuera, olvidar todo aquello, y no pensar, acostarse y olvidarlo todo.
La prostituta no tardo en salir del coche. Carlos arrancó el motor, estaba nervioso, y le temblaban las manos.
Salió de la ducha. Habían pasado seis días desde aquel incidente, y la desesperación se había ido apoderando de el.
Los primero días no lo pensaba demasiado, pero una tarde aburrido se conectó a Internet y empezó a leer artículos y consultorios de gente infectada por el sida, el noventa por ciento de los casos eran por haber mantenido relaciones sexuales sin preservativo, con gente promiscua o con prostitutas.
Empezó a pensar en lo peor, ahora mismo el virus podria estar invadiendo mi cuerpo, esta contagiándome, dentro de algunos días me saldran ganglios inflamados por todo el cuerpo, manchas, diarreas, mis defensas bajaran a cero, y entraré en fase terminal.
La mañana era calida, hacia sol pero el calor no era excesivo. Carlos salió a pasear. Hacia dos meses que estaba en el paro, y cada mañana bajaba a comprar el periodico. A cada paso que daba, el pensamiento de haber contraído el sida le atenazaba.
Tengo que dejar de pensar en ello, se decia a si mismo mientras caminaba despacio. No es posible, seria fuertisimo que me pasara algo así; pero en realidad estas cosas suceden así, nadie quiere contraer el sida, estas cosas pasan así, uno tiene la mala suerte y pasan estas cosas, pensó. Empezó a llorar, en medio de la calle, se quedo parado, de pie, la gente que pasaba por su lado se quedaba mirándole como un bicho raro, nadie llora en medio de la calle si no es por algo importante, pensaban algunos, otros solo sonreían al verlo. Veía todo con otros ojos, con los ojos del que se va, como si cada una de sus miradas fuera la ultima, tenia miedo, mucho miedo.
Al volver a casa, se puso a navegar de nuevo por Internet. Tengo que saberlo todo de la enfermedad, pensó. Realizó búsquedas sobre el sida, y sobre los riesgos de contagio. Cada consulta que leía de los posibles infectados se veía así mismo, su situación era igual, volvió a derrumbarse, y lloró con amargura. Pensó que había cometido una estupidez. Como he podido desafiar así al destino, pensó. Se empezó a mirar los brazos, las piernas, a ver si notaba algo, alguna mancha, algún bulto, de repente pensó: que estoy haciendo, solo ha pasado una semana.
El tiempo que transcurre desde que te contagias hasta que aparecen los primeros síntomas no es siempre igual, en cada persona es distinto, pueden aparecer los síntomas a los dos días, o a los dos meses. Que angustia sintió Carlos al leer esta respuesta que daba un doctor en uno de los foros que últimamente leia. Le invadieron unos sudores fríos, se pasó la mano por la cara, después, agobiado, apagó el ordenador.
Recordaba todo lo que habia leido, y se descomponia por momentos. No podia dejar de pensar en ello. Sonó el teléfono, pensó en no cogerlo, pues estaba a punto de llorar otra vez, pero tragó saliva y con lentitud fue a cogerlo.
Dígame
Hola Carlos, ¿cómo estas?, soy Roy, oye esta tarde había pensado ir con Claudia al centro comercial que han abierto nuevo, ¿te vienes?
Pues, no se, el caso es que estaba haciendo mi currículo en el ordenador, mmm –Carlos pensó que lo mejor seria salir un rato y olvidarse de todo-. Vale voy con vosotros
Bien, pues a las ocho te pasamos a buscar
vale, oye Roy, estoy muy preocupado por lo que paso la otra noche
venga tío, no te preocupes, que no pasa nada
he estado leyendo cosas por Internet, y tengo casi todos los síntomas
¿pero que dices? Anda no digas tonterias, deja de leer estupideces, si algo te preocupa ves al medico y que te haga un chequeo, o algo así
no se, estoy pensando hacerme la prueba del sida
tu estas tonto tio o que te pasa, anda relajate, luego te veo, aunque estará Claudia, asi que mejor no hablamos nada de esto con ella, no quiero que se entere que mi mejor amigo se ha ido de putas – dijo Roy riendose.
Carlos colgó el telefono molesto. Parece que Roy no me toma muy en serio, pensó. Acaso me estaré obsesionando con este asunto, se pregunto. Pero tengo razones para preocuparme, he practicado sexo con una prostituta y se me ha roto el preservativo, es normal que me preocupe. Carlos empezó de nuevo a sentirse mal, se golpeo con suavidad la cabeza e intento pensar en otra cosa.
Mientras se abrochaba la camisa, la imagen de cuando se quitó el preservativo roto de su pene, volvia una y otra vez a su cabeza.
Salió de casa, y a mitad de las escaleras se detuvo. Y si la prostituta no estuviese infectada, es mas, aunque estuviera infectada, que probabilidades de contagio habria, seguro que no del cien por cien, pensó. Había leído que para contagiarse tiene que haber alguna microfisura en el pene. Siguió bajando las escaleras, y cuando fue a abrir el portal, se detuvo, suspiró y dandose la vuelta volvió a subir las escaleras. Abrió la puerta de su casa y fue al baño, se bajó los pantalones y se miró el pene con detalle, buscaba alguna llaga, alguna fisura, alguna puerta abierta en el glande por donde hubiese podido pasar el virus. Miró su pene con dedicación. Vio un pequeño corte en la parte inferior del glande, y acto seguido se llevo las manos a la cabeza, apretando con fuerza sus sienes. Se descompuso, los sudores volvieron, la angustia no le dejaba respirar. Se miró en el espejo, y despues de respirar hondo un par de veces se tranquilizó. Puede ser que ella no estuviese infectada, pensó con resignación.

El bollo del recreo - Relato 27

EL BOLLO DEL RECREO

Son las once y media de la mañana, frente a mi tengo dos informes a medio terminar, llevo toda la semana con ellos, pero no hay manera de terminarlos. Una llamada de telefono interrumpe mi letargo y me trae de nuevo a la realidad, despues de despachar a mi interlocutor decido irme a dar un paseo, necesito respirar aire fresco.
Es invierno, hace aire, siento el frio abrigandome, pero hace sol, y la sensación es incluso placentera, prefiero pasar frio, que se me congele la nariz y los dedos de las manos, toda sensación es mejor que la que uno siente en el puesto de trabajo en pesadas mañanas como la de hoy.
Paso por delante de una panadería, decido entrar a comprarme algo, una chica de raza oriental está en el mostrador, es dificil encontrar en estos tiempos una panaderia que no este regentada por orientales. Camino por su delgado pasillo, hay de todo, incluso al final de la tienda hay un apartado con cables, paños de cocina y articulos de limpieza. Me apetecen unos donuts, ahora vienen en pack de dos, envueltos en plastico.
Salgo de la tienda, me siento en un banco cercano, hace un poco de aire pero el sol hace que la sensación de frio sea menor. Me siento, abro el paquete de donuts, saco uno y le doy un bocado, y es al segundo mordisco cuando me remonto a mi infancia, el sabor de aquel donuts me ha transportado a mi tiempo de pupitre, y pienso en lo feos que eran los pupitres de la escuela, era un verde raro, los podían haber hecho blancos, pero no, eran de un color digamos incomodo, me viene a la mente las frias mañanas camino del colegio, mi madre me arrastraba, tiraba de mi todo el camino agarrando con fuerza, ya no mi mano, sino mi muñeca, el frio nos golpeaba, y parecia que con cada golpe, mi madre decidiera andar más rapido, con todo lo que eso conllevaba.
Había un ambiente raro en las mañanas de camino al colegio, no recuerdo sol, solo el día gris, alboroto, coches atascados echando humo, gente paseando a perros, y sobre todo madres arrastrando a niños y niñas de mi edad jorobados por inmensas mochilas de llamativos colores. De camino yo pensaba en las calentitas sabanas que había dejado atrás, las echaba de menos. Mi madre minutos antes de que tocara la sirena, me arrastraba hasta una panaderia cercana a mi colegio, la panaderia estaba llena de madres e hijos que llegaban tarde por el mismo motivo, el bollo del recreo. Yo siempre me pedía un donuts de chocolate, me lo daban envuelto en un papel de color marrón, y lo precintaban con celo, mi madre lo cogía con rapidez y lo metia en mi cartera, yo odiaba eso, y estaba deseando llegar a clase, sentarme y sacar el donuts, con un poco de suerte no se había espachurrado, parece mentira que mi madre se preocupase de comprarme un tentempie para el recreo y no tuviera en cuenta que si lo guardaba en mi cartera, llena de libros, cuadernos, y lapices sueltos, el bollo a la hora del recreo sería una fina oblea machacada.
En el recreo lo primero que hacía era abrr el donuts, la sensación era muy buena, igual que la que estoy sintiendo ahora en este banco al lado de mi trabajo, ahora no tengo a mi mejor amigo David a mi lado, ahora estoy solo, antes el murmullo de los demás niños apenas te dejaba escuchar nada, mi amigo me contaba batallas sobre un guerrero samurai que había visto en una revista, yo le daba la mitad de mi donuts ya que su madre era de las que pensaba que no era bueno el bollito del recreo, y así, comiendo y hablando de cosas extrañas pasaba la medía hora de descanso, en esos recreos tambien hacía frio, y se te helaban las ideas, aunque claro, por aquel entonces las ideas eran limpias, y volaban sobre el frio como haciendo snowboard. El mágico momento del donuts del recreco solo se rompia cuando la señora de la tienda te había vendido el donuts de ayer, el sabor era distinto, estaba un poco duro, no mucho, solo un poco, de manera que solo te dabas cuenta que el donuts era de el día anterior al darle el primer bocado. Esto te pasaba cuando llegabas pronto a la panaderia, el repartidor todavía no había pasado por la tienda y claro la señora daba los que le habían sobrado del día anterior, y de verdad que muchos días me recreaba un poco más en el desayuno, para dar tiempo al repartidor de donuts de que entregara su mercancia en la tienda de al lado de mi colegio.
Hay ver lo que sufrimos los niños cuando somos pequeños, la de absurdas estrategías y metodos sin confirmar que ideabamos, pienso mientras termino de comerme el segundo donuts.
Me levanto del banco, tiro el envoltorio de plastico a una papelera y camino despacio de vuelta al trabajo, a lo lejos veo la oficina, cuando llego a la puerta, espero un rato, y dedico un poco más de tiempo para mí, creo que todavía, no ha tocado la sirena.

 
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